II Encuentro Clubes de Lectura

II Encuentro de Clubes de Lectura. Mazarrón 2017

"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro" Emily Dickinson

lunes, 25 de noviembre de 2013

Truman Capote

Un personaje de novela

   Al terminar el baile que Truman Capote dio en el hotel Plaza de Nueva York para celebrar el éxito de A sangre fría, el escritor norteamericano se dirigió a su apartamento y no volvió a escribir. Era la madrugada del 29 de noviembre de 1966 y el autor había prometido a sus editores un libro que no entregó ese año ni el siguiente y que sólo se sentó a escribir seis años después. Capote se dedicó a ingerir enormes cantidades de alcohol y fármacos y a alternar con sus nuevas amistades, las personas más famosas de su época, para las que se convirtió en una pequeña y maliciosa mascota.   
Claro que no era una mascota sino un escritor y Capote decidió contar todo lo que había visto. El resultado fue Plegarias atendidas, que le granjeó el odio y el rechazo de aquellos que alguna vez lo habían celebrado.
   Truman Capote nació en Nueva Orleans en 1924. Definido por sus biógrafos como el típico hijo de un hogar de padres separados, Truman Streckfus Persons –ése era su verdadero nombre- adoptó el apellido de un segundo marido de su madre. 
   Según confesión propia, comenzó a escribir para paliar el aislamiento en el que transcurrió su infancia. Hecha virtud la necesidad, el joven Truman se emplea como redactor del New Yorker con tan sólo 18 años. A los 21 abandona la redacción y publica un relato, Miriam en la revista Mademoiselle que es distinguido con el Premio O’Henry. La crítica le aplaude sin reservas.
   Su primera novela, Otras voces, otros ámbitos, de tintes claramente autobiográficos cuenta en sus páginas la experiencia de un niño –Joel- que busca a su padre en el profundo Sur para acabar adoptando como tal a un travestido. Fue un éxito literario de alcance internacional cuando se publicó por primera vez en 1948, situando al autor en un lugar destacado entre los escritores, artistas, y la élite de la Jet Set neoyorquina perteneciente a aquella generación de posguerra norteamericana.
   Tras pasar el resto de los años 40 viajando por los países ribereños del Mediterráneo, en la década de los 50 Capote reanuda su actividad periodística como entrevistador de la revista Playboy.
Se mantuvo en aquel lugar de privilegio con obras como A Tree of Night, The Grass Harp, The Muses are Heard, cuando comenzó a decirse que hacía de la charla un arte y del chismorreo literatura.

   Desayuno en Tiffany’s aparece en 1958. El relato gira en torno a Holly Golightly, una joven sofisticada a quien el supuesto autor del relato (está escrito en primera persona) tuvo por vecina antes de convertirse en escritor famoso. Llevada al cine por Blake Edwards en 1961, el éxito de la cinta, pese a que al autor no le gustó la adaptación es un título clásico, no consigue que el escritor vuelva a Hollywood, que había abandonado algunos años antes indignado, tras haber escrito los diálogos de Estación Termini (Vittorio De Sica, 1952) y el guión de La burla del diablo (John Huston, 1953).
   El cine, pese a que casi todas sus novelas inspiraron grandes películas, no era su medio. Éste, a decir verdad, era el periodismo.


Junto a la escritora Harper Lee
   Un encargo del New Yorker dió lugar a su obra maestra, A sangre fría, creadora del género de la non-fiction novel, que relata el caso real del asesinato de la familia Clutters, basándose en documentos policiales y el testimonio de los implicados. Por esta novela, junto a Norman Mailer y Tom Wolfe, Capote es considerado uno de los padres del nuevo periodismo. La escritura de esta novela le llevó siete largos años y la crítica no tardó en saludarla como la novela más dura y significativa de la década de los sesenta.
   En 1975, Capote da una última colección de relatos, Música para camaleones, en los que corren paralelos el horror y la belleza.
   Capote logró en dos ocasiones el Premio de narración corta Henry Memorial, y fue miembro del National Institute of Arts and Letters.
   Murió en agosto de 1984
en Los Angeles. Sus últimas palabras fueron "Soy yo, soy Buddy... tengo frío". Buddy era como llamaban al autor de A sangre fría en su niñez.

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