II Encuentro Clubes de Lectura

II Encuentro de Clubes de Lectura. Mazarrón 2017

"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro" Emily Dickinson

jueves, 30 de abril de 2015

Banana Yoshimoto

La bella flor
   Seudónimo de la escritora japonesa Mahoko Yoshimoto, nacida en 1964 en Tokio. Se le conoce como Banana debido a su gusto por las flores rojas del banano "por su belleza andrógina". Es hija de Takaaki Yoshimoto, uno de los críticos y filósofos japoneses más influyentes de la década de los 60, y de la poetisa Kazuko Yoshimoto, así como hermana de la dibujante Haruno Yoiko.
    Asistió a la Universidad Nihon, donde se especializó en Literatura. Por ese entonces, esta amante de la naturaleza se ganaba la vida como camarera en un restaurante instalado en un club de golf, escribió su primera novela, Kitchen (1988), y fue un éxito inmediato. U
na sorprendente novela con tecnologías, crisis personales y cocina como telón de fondo, con la que ganó el Premio Umitsubame de Primera Novela, el Newcomer Writers Prize y el Izumi Kyoka y originó dos películas.
    Sus historias son curiosas y cercanas al lector y se desarrollan alrededor de personajes jóvenes, urbanos y extraños, mostrando un gran interés por el detalle y lo cotidiano, tratando temas como la muerte, el adulterio y la sexualidad de manera informal y asequible. Se le ha comparado con escritoras como Marguerite Duras o Isabel Allende; su lenguaje sencillo e ingenuo describe situaciones poco habituales de la cultura japonesa, con una libertad de expresión poco común en las escritoras de su generación, probablemente debido a su educación liberal.
Sus principales fuentes de inspiración fueron las historias de no terror de Stephen King, pero como su estilo de escritura evolucionó, sus preferencias se trasladaron a Truman Capote e Isaac Bashevis Singer.
"Un viaje, no importa lo desastroso que resulte, en la memoria se transforma en algo maravilloso". Así comienza la última obra de la autora nipona Banana Yoshimoto, quien cree que este principio "también se aplica a la vida". En Un viaje llamado vida, cuyo primer volumen acaba de editar en castellano Satori, Yoshimoto comparte con el lector sus experiencias durante visitas a diversos países, así como vivencias personales y su mirada sobre la identidad nipona o momentos de la historia reciente del país, como el terremoto y el "tsunami" de 2011. Es una de sus obras "más autobiográficas", según reconoce en una entrevista la propia escritora, cuyo verdadero nombre es Mahoko Yoshimoto (Tokio, 1964) y que logró el reconocimiento internacional con su novela Kitchen (1988). Con un estilo ligero a caballo entre la narrativa y el ensayo, Yoshimoto relata sus impresiones durante visitas a Egipto, Francia o Brasil, además de recuerdos que van desde su primer amor adolescente o la maternidad hasta su gusto por la cocina y otros "pequeños placeres de la vida". Tras un largo y frío viaje en coche a través de la Toscana italiana, durante el cual cayó enferma, Yoshimoto se dio cuenta de que hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos", gracias a la magia "terrible y fantástica" de la memoria. "En la vida pasa igual. Porque hasta la peor vivencia se puede convertir un buen recuerdo, esa es la razón de decir que la vida es como un viaje", subrayó la autora de títulos como N.P. (1992), Sueño profundo (1994) o El Lago (2011). Hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos" La pérdida y la muerte, temas habituales en su bibliografía, acaparan el protagonismo en el segundo volumen de Un viaje llamado vida, ya a la venta en Japón y que se publicará próximamente en castellano. "A los japoneses no nos gusta mucho enfrentarnos al tema de la muerte y la despedida a la hora de leer", señaló Yoshimoto, quien no obstante decidió "afrontarlo de forma directa" a ello tras el reciente fallecimiento de sus dos padres, el poeta y crítico literario Takaaki Yoshimoto y la poetisa Kazuko Yoshimoto. "Mis novelas y mis ensayos tratan sobre preocupaciones que la gente prefiere evitar o no pensar demasiado. Creo que yo recojo aquel sentimiento abandonado que alguna persona ha evitado afrontar porque le resulta muy duro", explicó. A su juicio, esta es la razón por la que sus obras logran conectar con un público universal, a pesar de estar "muy arraigadas" en la cultura y la sociedad niponas. En el caso de los lectores españoles, Yoshimoto cree haber encontrado una "conexión especial", ya que considera que en éste país "existe una consciencia muy alta" sobre la muerte. "No es que haya preocupación por morirse, sino que la gente afronta bien la muerte", precisa la escritora nipona. Amante de cultura española "Tuve esa impresión al leer novelas o ver películas españolas", afirmó Yoshimoto, quien admira a cineastas españoles como Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar o Juan Antonio Bayona, así como al literato colombiano Gabriel García Márquez. La escritora también se declara una ferviente amante de la cocina española, y en particular de las tapas. "Creo que (japoneses y españoles) tenemos un sentimiento común a la hora de buscar la armonía perfecta en lo pequeño", señala Yoshimoto, quien dedica capítulos enteros del libro a platos de la gastronomía nipona como las algas "mozuku" o el "okonomiyaki", una especie de tortilla rellena a la plancha.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2275801/0/banana-yoshimoto/peor-vivencia-puede-convertirse/buen-recuerdo/#xtor=AD-15&xts=467263
"Un viaje, no importa lo desastroso que resulte, en la memoria se transforma en algo maravilloso". Así comienza la última obra de la autora nipona Banana Yoshimoto, quien cree que este principio "también se aplica a la vida". En Un viaje llamado vida, cuyo primer volumen acaba de editar en castellano Satori, Yoshimoto comparte con el lector sus experiencias durante visitas a diversos países, así como vivencias personales y su mirada sobre la identidad nipona o momentos de la historia reciente del país, como el terremoto y el "tsunami" de 2011. Es una de sus obras "más autobiográficas", según reconoce en una entrevista la propia escritora, cuyo verdadero nombre es Mahoko Yoshimoto (Tokio, 1964) y que logró el reconocimiento internacional con su novela Kitchen (1988). Con un estilo ligero a caballo entre la narrativa y el ensayo, Yoshimoto relata sus impresiones durante visitas a Egipto, Francia o Brasil, además de recuerdos que van desde su primer amor adolescente o la maternidad hasta su gusto por la cocina y otros "pequeños placeres de la vida". Tras un largo y frío viaje en coche a través de la Toscana italiana, durante el cual cayó enferma, Yoshimoto se dio cuenta de que hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos", gracias a la magia "terrible y fantástica" de la memoria. "En la vida pasa igual. Porque hasta la peor vivencia se puede convertir un buen recuerdo, esa es la razón de decir que la vida es como un viaje", subrayó la autora de títulos como N.P. (1992), Sueño profundo (1994) o El Lago (2011). Hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos" La pérdida y la muerte, temas habituales en su bibliografía, acaparan el protagonismo en el segundo volumen de Un viaje llamado vida, ya a la venta en Japón y que se publicará próximamente en castellano. "A los japoneses no nos gusta mucho enfrentarnos al tema de la muerte y la despedida a la hora de leer", señaló Yoshimoto, quien no obstante decidió "afrontarlo de forma directa" a ello tras el reciente fallecimiento de sus dos padres, el poeta y crítico literario Takaaki Yoshimoto y la poetisa Kazuko Yoshimoto. "Mis novelas y mis ensayos tratan sobre preocupaciones que la gente prefiere evitar o no pensar demasiado. Creo que yo recojo aquel sentimiento abandonado que alguna persona ha evitado afrontar porque le resulta muy duro", explicó. A su juicio, esta es la razón por la que sus obras logran conectar con un público universal, a pesar de estar "muy arraigadas" en la cultura y la sociedad niponas. En el caso de los lectores españoles, Yoshimoto cree haber encontrado una "conexión especial", ya que considera que en éste país "existe una consciencia muy alta" sobre la muerte. "No es que haya preocupación por morirse, sino que la gente afronta bien la muerte", precisa la escritora nipona. Amante de cultura española "Tuve esa impresión al leer novelas o ver películas españolas", afirmó Yoshimoto, quien admira a cineastas españoles como Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar o Juan Antonio Bayona, así como al literato colombiano Gabriel García Márquez. La escritora también se declara una ferviente amante de la cocina española, y en particular de las tapas. "Creo que (japoneses y españoles) tenemos un sentimiento común a la hora de buscar la armonía perfecta en lo pequeño", señala Yoshimoto, quien dedica capítulos enteros del libro a platos de la gastronomía nipona como las algas "mozuku" o el "okonomiyaki", una especie de tortilla rellena a la plancha.

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"Un viaje, no importa lo desastroso que resulte, en la memoria se transforma en algo maravilloso". Así comienza la última obra de la autora nipona Banana Yoshimoto, quien cree que este principio "también se aplica a la vida". En Un viaje llamado vida, cuyo primer volumen acaba de editar en castellano Satori, Yoshimoto comparte con el lector sus experiencias durante visitas a diversos países, así como vivencias personales y su mirada sobre la identidad nipona o momentos de la historia reciente del país, como el terremoto y el "tsunami" de 2011. Es una de sus obras "más autobiográficas", según reconoce en una entrevista la propia escritora, cuyo verdadero nombre es Mahoko Yoshimoto (Tokio, 1964) y que logró el reconocimiento internacional con su novela Kitchen (1988). Con un estilo ligero a caballo entre la narrativa y el ensayo, Yoshimoto relata sus impresiones durante visitas a Egipto, Francia o Brasil, además de recuerdos que van desde su primer amor adolescente o la maternidad hasta su gusto por la cocina y otros "pequeños placeres de la vida". Tras un largo y frío viaje en coche a través de la Toscana italiana, durante el cual cayó enferma, Yoshimoto se dio cuenta de que hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos", gracias a la magia "terrible y fantástica" de la memoria. "En la vida pasa igual. Porque hasta la peor vivencia se puede convertir un buen recuerdo, esa es la razón de decir que la vida es como un viaje", subrayó la autora de títulos como N.P. (1992), Sueño profundo (1994) o El Lago (2011). Hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos" La pérdida y la muerte, temas habituales en su bibliografía, acaparan el protagonismo en el segundo volumen de Un viaje llamado vida, ya a la venta en Japón y que se publicará próximamente en castellano. "A los japoneses no nos gusta mucho enfrentarnos al tema de la muerte y la despedida a la hora de leer", señaló Yoshimoto, quien no obstante decidió "afrontarlo de forma directa" a ello tras el reciente fallecimiento de sus dos padres, el poeta y crítico literario Takaaki Yoshimoto y la poetisa Kazuko Yoshimoto. "Mis novelas y mis ensayos tratan sobre preocupaciones que la gente prefiere evitar o no pensar demasiado. Creo que yo recojo aquel sentimiento abandonado que alguna persona ha evitado afrontar porque le resulta muy duro", explicó. A su juicio, esta es la razón por la que sus obras logran conectar con un público universal, a pesar de estar "muy arraigadas" en la cultura y la sociedad niponas. En el caso de los lectores españoles, Yoshimoto cree haber encontrado una "conexión especial", ya que considera que en éste país "existe una consciencia muy alta" sobre la muerte. "No es que haya preocupación por morirse, sino que la gente afronta bien la muerte", precisa la escritora nipona. Amante de cultura española "Tuve esa impresión al leer novelas o ver películas españolas", afirmó Yoshimoto, quien admira a cineastas españoles como Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar o Juan Antonio Bayona, así como al literato colombiano Gabriel García Márquez. La escritora también se declara una ferviente amante de la cocina española, y en particular de las tapas. "Creo que (japoneses y españoles) tenemos un sentimiento común a la hora de buscar la armonía perfecta en lo pequeño", señala Yoshimoto, quien dedica capítulos enteros del libro a platos de la gastronomía nipona como las algas "mozuku" o el "okonomiyaki", una especie de tortilla rellena a la plancha.

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   Con el tiempo, la producción literaria de esta destacada representante de las letras japonesas incluiría títulos como N.P. (1992), Sueño profundo (1994), Tsugumi (1994), Amrita (1997), Recuerdos de un callejón sin salida (2011), El lago (2011), entre muchos otros.
   Su última novela, Un viaje llamado vida (2014), es una colección de ensayos donde el movimiento hacia otros países o entre la rutina cotidiana es el eje de cada texto. "Un viaje, no importa lo desastroso que resulte, en la memoria se transforma en algo maravilloso". Así comienza este libro autobiográfico de Banana Yoshimoto, quien cree que este principio "también se aplica a la vida".  Incluye vivencias personales y su mirada sobre la identidad nipona o momentos de la historia reciente del país, como el terremoto y el Tsunami de 2011.
   La escritora opina que “hoy en día el arte y el romanticismo han desaparecido del corazón de los japoneses”, y por eso, está trabajando “en una novela centrada en esa idea”.

   A la pregunta de si conoce España, Banana Yoshimoto contesta que "Sí, una vez y por un corto período de tiempo, pero es un país que me encanta. Me gustó mucho el ambiente de principios de verano y cómo la ciudad comenzaba a animarse al atardecer. El Museo del Prado me impresionó tanto que quise permanecer allí horas y horas. Y, naturalmente, ¡me encantan las tapas! ¡Podría alimentarme a base de tapas todos los días!"

   "Mis novelas y mis ensayos tratan sobre preocupaciones que la gente prefiere evitar o no pensar demasiado. Creo que yo recojo aquel sentimiento abandonado que alguna persona ha evitado afrontar porque le resulta muy duro", explicó. A su juicio, esta es la razón por la que sus obras logran conectar con un público universal, a pesar de estar "muy arraigadas" en la cultura y la sociedad niponas.
"Un viaje, no importa lo desastroso que resulte, en la memoria se transforma en algo maravilloso". Así comienza la última obra de la autora nipona Banana Yoshimoto, quien cree que este principio "también se aplica a la vida". En Un viaje llamado vida, cuyo primer volumen acaba de editar en castellano Satori, Yoshimoto comparte con el lector sus experiencias durante visitas a diversos países, así como vivencias personales y su mirada sobre la identidad nipona o momentos de la historia reciente del país, como el terremoto y el "tsunami" de 2011. Es una de sus obras "más autobiográficas", según reconoce en una entrevista la propia escritora, cuyo verdadero nombre es Mahoko Yoshimoto (Tokio, 1964) y que logró el reconocimiento internacional con su novela Kitchen (1988). Con un estilo ligero a caballo entre la narrativa y el ensayo, Yoshimoto relata sus impresiones durante visitas a Egipto, Francia o Brasil, además de recuerdos que van desde su primer amor adolescente o la maternidad hasta su gusto por la cocina y otros "pequeños placeres de la vida". Tras un largo y frío viaje en coche a través de la Toscana italiana, durante el cual cayó enferma, Yoshimoto se dio cuenta de que hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos", gracias a la magia "terrible y fantástica" de la memoria. "En la vida pasa igual. Porque hasta la peor vivencia se puede convertir un buen recuerdo, esa es la razón de decir que la vida es como un viaje", subrayó la autora de títulos como N.P. (1992), Sueño profundo (1994) o El Lago (2011). Hay ciertas experiencias negativas que con el tiempo terminan por convertirse en "recuerdos maravillosos" La pérdida y la muerte, temas habituales en su bibliografía, acaparan el protagonismo en el segundo volumen de Un viaje llamado vida, ya a la venta en Japón y que se publicará próximamente en castellano. "A los japoneses no nos gusta mucho enfrentarnos al tema de la muerte y la despedida a la hora de leer", señaló Yoshimoto, quien no obstante decidió "afrontarlo de forma directa" a ello tras el reciente fallecimiento de sus dos padres, el poeta y crítico literario Takaaki Yoshimoto y la poetisa Kazuko Yoshimoto. "Mis novelas y mis ensayos tratan sobre preocupaciones que la gente prefiere evitar o no pensar demasiado. Creo que yo recojo aquel sentimiento abandonado que alguna persona ha evitado afrontar porque le resulta muy duro", explicó. A su juicio, esta es la razón por la que sus obras logran conectar con un público universal, a pesar de estar "muy arraigadas" en la cultura y la sociedad niponas. En el caso de los lectores españoles, Yoshimoto cree haber encontrado una "conexión especial", ya que considera que en éste país "existe una consciencia muy alta" sobre la muerte. "No es que haya preocupación por morirse, sino que la gente afronta bien la muerte", precisa la escritora nipona. Amante de cultura española "Tuve esa impresión al leer novelas o ver películas españolas", afirmó Yoshimoto, quien admira a cineastas españoles como Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar o Juan Antonio Bayona, así como al literato colombiano Gabriel García Márquez. La escritora también se declara una ferviente amante de la cocina española, y en particular de las tapas. "Creo que (japoneses y españoles) tenemos un sentimiento común a la hora de buscar la armonía perfecta en lo pequeño", señala Yoshimoto, quien dedica capítulos enteros del libro a platos de la gastronomía nipona como las algas "mozuku" o el "okonomiyaki", una especie de tortilla rellena a la plancha.

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martes, 14 de abril de 2015

Venganza

El gozo del mal ajeno

   La ciencia ha descubierto que la venganza activa en el cerebro los mismos mecanismos que el apetito. Cuando una persona se comporta de forma injusta, nace en el resto de los individuos el deseo de hacérselo pagar. Cada vez se conocen mejor las regiones cerebrales involucradas en este fenómeno. Los experimentos demuestran que, sin venganza, una convivencia social duradera sería imposible.
    Desde que Aquiles estalló en un legendario ataque de cólera por la muerte de su mejor amigo, Patroclo, y se desquitó matando y mutilando a su verdugo, Héctor, ante los muros de Troya, hasta el enigmático protagonista de V de vendetta, la venganza es un impulso que ha fascinado al ser humano.
  Sea como sea, la historia, la literatura y el arte demuestran que el ser humano está sediento o hambriento de venganza.
    La doctora Tania Singer, neurobióloga del University College de Londres, realizó un interesante experimento. Los voluntarios fueron divididos en dos grupos, uno activo, que participaba en un juego conocido como “El dilema del prisionero”, y otro pasivo, en el que sus miembros se limitaban a ejercer de espectadores. En el juego, los participantes se dividían por parejas y simulaban ser delincuentes interrogados (por separado) por la policía. Si ninguno de ellos confesaba el delito, eran condenados a dos años de cárcel, pero si uno de ellos delataba a su compañero, al chivato le caería un año y a su colega cuatro. La tercera opción consistía en que ambos se delatasen uno a otro, caso en el que serían condenados a tres años.
Los investigadores ya habían acordado con algunos de los participantes que delataran a sus compañeros y ejercieran, así, el papel de traidores. Además, se escanearon con resonancias magnéticas los cerebros de los espectadores mientras presenciaban el juego. Cuando veían actuar a los traidores, se producía una actividad mayor en un área del cerebro seguida de la secreción de una hormona llamada grelina, que es también la responsable del apetito. A continuación, los investigadores fueron castigando a cada uno de los traidores dándoles pequeñas descargas eléctricas en las manos. Esto produjo otra reacción en el cerebro del público: afectaba a los mecanismos del placer, y liberaba serotonina y otros neurotransmisores relacionados, asimismo, con la sensación de saciar el apetito. ¿Qué se puede concluir de este experimento? En palabras de su directora, Tania Singer: “Que nuestro cerebro tal vez esté diseñado para encontrar placer con el castigo a los culpables”.
Puede que éste sea un mecanismo evolutivo que se generó hace miles de años. Cuando aún no existían organizaciones encargadas de impartir justicia, la venganza era un arma necesaria para la supervivencia. Pero incluso con la aparición de un código legal no se logró desterrar la idea de la venganza de la mente y el corazón humanos.
    Según la psicóloga Isabel S. Isaburru: “Es una idea que resulta tan fascinante por la sencilla razón de que todos nos hemos sentido ofendidos en alguna ocasión. La rabia es un sentimiento humano y, para bien y para mal, hemos aprendido a reprimirla, incluso muchas veces cuando nos hacen daño. Por eso nos identificamos tanto con las historias protagonizadas por alguien que repara su honor vengándose de quienes le humillaron”.

   Para Isaburru, hablar de la venganza en términos morales es un error. “Es un impulso humano más”, afirma. “Estamos acostumbrados a los grandes y sangrientos ajustes de cuentas de las novelas y las películas; pero si miráramos a nuestro alrededor, nos daríamos cuenta de que la vida cotidiana está repleta de pequeños y sutiles actos de venganza”.

    Y razón no le debe faltar a la experta, ya que entre los libros más vendidos de la historia, en el puesto número doce encontramos Diez negritos, el clásico de Agatha Christie, que en el fondo es la historia de una retorcida venganza.      

   Pero por muy espantosas que puedan parecer estas acciones, la cultura popular ha entronizado la figura del justiciero convertido en verdugo y ejecutor. En 2009, una encuesta realizada en Reino Unido y Francia por la editorial Random House, dio como resultado que Edmond Dantès, el protagonista de El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, era uno de los diez personajes literarios preferidos de los lectores de ambos países. Y Dantès es el vengador por excelencia de la historia de la ficción. Su venganza es despiadada, y se ceba también con las familias de sus enemigos. Edmond no perdona a nadie, y no tiene reparo en dejar cadáveres inocentes en el camino para recuperar lo que era suyo y
gracias a sus ansias de venganza, progresa en la vida. ¿La venganza, por tanto, es buena? Lo dejaremos en que es algo muy humano. Porque, según dijo Walter Scott respecto de errar: “Vengarse es humano, pero perdonar es divino”.
Fuente: Quo. La ciencia de la venganza, 2011

Primavera del libro 2015







lunes, 13 de abril de 2015

Próxima reunión 14 de abril a las 6 en punto

El relámpago inmóvil de
Pedro García Montalvo
  
   Una historia conmovedora sobra la pérdida y la fuerza del amor. Una gran novela sobre el Madrid de hoy, que enfrenta a dos familias ilustradas y poderosas.
   Madrid, 2003. El feliz matrimonio de Adrián e Inma pierde en un accidente a sus dos hijas de seis y diez años. Toda la familia del senador Mateo Salazar queda conmocionada por la tragedia. Pero hay una persona que acoge con placer tanto dolor: Cecilio Toval, un empresario que se vio perjudicado gravemente en una ocasión por el senador, y de resultas, su familia rota. Toval siente que el dolor de los Salazar no le basta, que debe insistir sobre esa herida abierta por el azar y asestarles el golpe de gracia.


Fuente: Lecturalia

El relámpago inmóvil

Un canto a la vida
 


   «En los cuentos y novelas de García Montalvo hay suspense, misterio, premonición de tragedias...; en su literatura encontramos el reflejo de un mundo personal, a mitad de camino entre lo estético, lo metafísico y también el realismo, porque García Montalvo escribe sobre la vida y es experto en la creación de personajes fascinantes como Luisa Estrada (Una historia madrileña), que casi siempre son personajes enfrentados a un destino terrible». Son palabras del poeta y narrador murciano Pascual García (Moratalla, 1962).
 «García Montalvo es el mejor narrador murciano después de Miguel Espinosa», sostiene Pascual García, quien comparte admiración por la obra del autor de Las luces del día con otro escritor de gran prestigio, Andrés Trapiello, para quien El relámpago inmóvil (Destino 2009) es un regalo para los lectores y un luminoso ejemplo de literatura con mayúsculas.
   Madrid 2003. Adrián e Inma, que han perdido a sus hijas en un accidente en la nieve, viven en un presente que intenta fluir con un inmóvil dolor.  
"Esperando que cese el fulgor de ese relámpago inmóvil que los atenaza, un relámpago quieto que los ciega para otra cosa que no sea su terrible luz, y en cuyo interior su vida parece detenida, pasmada"
   Pero las tragedias pueden no haber llegado a un desenlace, y deben cumplirse hasta el final. En El relámpago inmóvil el lector se encontrará con un financiero, Cecilio Toval, «que odia a la familia del senador Mateo, el abuelo de las niñas, y que ve en esta terrible tragedia un punto débil en el que puede incidir para cumplir una vieja necesidad de venganza». «Estamos a la vez ante un devenir trágico y un canto a la vida», dice García Montalvo, para quien «es obvio que en la vida no puede darse una pasión calificable de sensata».
 

   Con estos ingredientes la novela se desarrolla como una historia de amor y odio, entre el bien y el mal, dando cabida a los sentimientos que alientan las ganas de vivir y a las pasiones más oscuras, que se ciegan en la inutilidad del rencor, que representa Cecilio Toval, el hombre decidido a causar la ruina de la familia Salazar, a llevar a cabo un ajuste de cuentas por la actuación del padre de Adrián, el senador Mateo Salazar en un tiempo anterior, que ocasiona de un modo indirecto la muerte de su mujer y la locura de su hijo.
    Pedro García Montalvo, concibe una estructura narrativa que se acomoda a la idea de la fábula, comienza la misma con una escena que nos sitúa en un día del verano anterior en el que el matrimonio y las hijas disfrutan de una mañana de lluvia mientras pasean por la Plaza Mayor de Madrid. Estas pocas páginas felices, sólo pueden augurar un signo desdichado. El lamento continuado de unos padres que afrontan la ausencia de Cheli y de María, cuyo vacío estará "presente" a lo largo de toda la novela.
   Cecilio Toval, en efecto, no se conforma con la desgracia de las niñas y persiste en su búsqueda por hallar motivos nuevos que acaben con la felicidad del matrimonio pero
resulta que el complot que se ha cernido sobre el matrimonio Salazar resulta inútil contra la poderosa energía de un amor verdadero.    

    Toda la ficción está presidida por una serie continua de signos climatológicos y paisajísticos que preludian en cada momento un desenlace infausto o vaticinan alguna suerte de asechanza.
   
Las últimas páginas resultan trepidantes. García Montalvo nos pone al límite, pues el suspense de sus tramas coloca al lector en situaciones tensas y emocionantes.
   "Una ruidosa moto se detuvo ante la casa: ya le llegaba su propio mensajero. Cada cual tiene que atender a su propia tragedia"


Fuente: García, Pascual. El relámpago inmóvil de Pedro García Montalvo o el triunfo del amor sobre todas las cosas.

Pedro García Montalvo

El aire libre
  
   El periodista Antonio Arco considera que García Montalvo es un escritor desvinculado de la tiranía del comercio y de la prisa, y alejado del exabrupto y la verborrea, García Montalvo huye por igual de la demagogia que del afán de originalidad. Tanto en la realidad como en la ficción, siempre ha buscado el disfrute y la compañía del aire libre, que «no es simplemente físico», sino un aire que, «al mismo tiempo, es interior, un alma, y que también es y está fuera como el aire fresco de una meseta».
   Nacido en Murcia en 1951, en cuya Universidad realiza estudios de Filosofía y Letras. Se doctora en esta misma universidad con una tesis titulada "La obra literaria de George Santayana". Durante el año 1975 obtiene una Beca de la Fundación Juan March para efectuar una investigación sobre temas literarios en la Universidad de Illinois (Urbana-Champaign, Estados Unidos), donde permanece adscrito al Spanish, Italian and Portuguese Department. Ha realizado traducciones, como la selección de escritos del poeta y novelista inglés Malcolm Lowry agrupada bajo el título "Ghostkeeper y los relatos de Juventud", para la Editorial Pre-Textos, de Valencia (1978). Ha ejercido como profesor del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura, en la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia hasta 2013, año de su jubilación.
   Es autor de las novelas El intermediario (Seix Barral, 1983), Retrato de dos hermanas (Destino, 2004), y El relámpago inmóvil (Destino, 2009), entre otros trabajos. En 1988 publica Una historia madrileña que fue llevada al cine por el director José Luis Cuerda, con el título de "La viuda del Capitán Estrada". Dicho film fue seleccionado para el Festival de Montreal.
   En 1997 aparece Las luces del día, novela que obtuvo el “Premio al Mejor Libro del Año” de la Asociación de Lectores de Murcia. También ha publicado algunos cuentos como, La primavera en viaje hacia el invierno y Los amores y las vidas, y el ensayo El aire libre de 2002.

    Con motivo de su jubilación en sus tareas docentes, el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura acordó dedicarle un merecido homenaje. El resultado fue el libro titulado Las cuatro estaciones, en el que se recogen colaboraciones de veintisiete compañeros y amigos, agrupadas en tres secciones: Creación literaria, El mundo de Pedro García Montalvo y Otros ámbitos didáctico-literarios.
    García Montalvo indica que «No sé si he encontrado un lugar en la literatura, algo que me interesa bastante menos, pero en el mundo sí», añade convencido de que «vivir merece mucho la pena, sin duda» y de que «la literatura no es algo separado de la vida, sino vida misma». El autor sigue sin sentir excesiva prisa por publicar -«no la he experimentado nunca»-, aunque lleva un tiempo escribiendo con la sensación de tener más cosas que contar que tiempo para poder hacerlo.