lunes, 6 de mayo de 2019

Próxima reunión martes 7 de mayo de 2019 a las 6 en punto

Salambó de Gustave Flaubert


 Novela situada en Cartago, Salambó narra, en un escenario que recrea los esplendores y miserias de la Antigüedad con asombroso detalle, las peripecias de su heroína, hija del caudillo Amílcar, así como su historia de amor con el apuesto Matho. 
   El fasto y la crueldad de ese mundo remoto, el fragor de las luchas, la angustia de los asedios, las tornas que se vuelven, el vigor de sus personajes, hacen sin duda de esta novela una de las diez mejores nunca escritas dentro del género histórico. 
   Gustave Flaubert (1821-1880) no fue sólo un magistral adelantado de la modernidad, sino también un gran contador de historias, prodigioso creador de ambientes y extraordinario creador de caracteres.

Fuente: Lecturalia

Salambó

El divertimento de Flaubert


   El escritor francés Gustave Flaubert es mundialmente conocido gracias a Madame Bovary. La historia fue publicada en formato de folletín en la Revue de París, y pronto logró la atención de las autoridades que la denunciaron por inmoral. Los tribunales dieron la razón al escritor, y tiempo después pudo imprimirse en formato libro. Con el dinero que ganó, Gustave Flaubert viajó a Cartago para empaparse de la cultura y poder escribir su siguiente gran éxito, Salambó (1862)
   La maestría indiscutible del autor francés como prosista alcanza en Salambó una grandiosidad incomparable. Ahora bien, el lector puede llegar a agobiarse por la gran cantidad de detalles, de sensualidad apabullante y de descripciones que hacen que pueda distraerse de la propia narración.
   Salambó se cimenta en las crónicas de autores latinos y griegos, usando una gran cantidad de información histórica y proporcionando al lector un contexto social de una minuciosidad extrema. Las referencias a costumbres, vestiduras, armas, alimentos o vegetación son tan abundantes como precisas, consiguiendo así que la obra no parezca una novela contemporánea. 
   La obra cuenta la revuelta conocida como Guerra de los Mercenarios, acaecida en Cartago en el siglo III a.C. Tras la Primera Guerra Púnica, los soldados mercenarios que los cartagineses habían contratado para luchar por ellos se rebelaron al no recibir los pagos prometidos; esto condujo a una sangrienta guerra civil que duró más de cuatro años y provocó miles de muertos en ambos bandos.
   Flaubert toma como punto de partida este suceso para narrar el papel que Salambó, hija "ficticia" del general cartaginés Amílcar Barca, juega en el desarrollo y fin de la guerra. Ella es el objeto de la lujuria obsesiva de Mâtho, el líder de los mercenarios, que cae rendido ante ella cuando la conoce en el festín de los mercenarios celebrado en Megara. Mâtho, con la ayuda del esclavo liberto, Spendius, roba el velo sagrado de Cartago, el Zaïmph, provocando a Salambó para que entre en el campamento de los mercenarios e intente recuperar el velo. Las luchas posteriores y las desventuras de los principales personajes pondrán de manifiesto la crueldad del conflicto y el funesto destino al que todos ellos, sin excepción, se verán abocados.
   Aunque la trama sea una excusa para que el autor luzca su talento literario mediante la recreación de escenarios y personajes, lo cierto es que es una obra sobre la crudeza y la violencia de la guerra, aunque el amor y el deseo asomen en forma de voluptuosas sensaciones.
    Amores, traiciones y actos heroicos con la siempre presencia del dolor de la lucha, las pérdidas de todo tipo y el vacío que inevitablemente se deja tras de sí. 
       El autor pretende mostrar la debilidad que todo hombre esconde dentro de sí. En el caso de Mâtho pronto queda claro que es el amor, pero entre los demás personajes observaremos puntos flacos que, a la menor oportunidad, son explotados por sus semejantes o adversarios: la codicia, el orgullo, la cobardía o el honor serán talones de Aquiles de muchos participantes en la guerra, revelando de esta forma la incapacidad de los seres humanos de permanecer estables frente a la adversidad.  
   Salambó, por su parte, encarna el castigo por la desobediencia y el desafío a la autoridad. Si bien el robo del manto sagrado de la diosa, el Zaïmph, parece condenarla a un destino funesto, lo cierto es que su futuro se ve marcado por su relación con Mâtho, al que aborrece como enemigo de su pueblo, pero al que no puede evitar admirar como hombre libre, valiente y obstinado.
 
Cartel de la película francesa de 1960 dirigida por
Sergio Grieco
    La novela es un divertimento del gran Flaubert, que se dio el capricho de dedicar cinco años a aplicar las técnicas de la novela moderna a un tema ambientado en la antigua Cartago. En ese tiempo viajó al norte de África, se documentó exhaustivamente, leyó más de cien libros sobre los cartagineses, hizo un montón de borradores y versiones, y le dio mil vueltas al asunto.
   Finalmente, cuando la acabó, la novela fue un éxito inmediato y se convirtió en un superventas. Cartago se puso de moda, la gente se disfrazaba de esa época en carnavales, se hicieron óperas, obras de teatro sobre los cartagineses y las casas se decoraban con lo que se suponía que era estilo cartaginés. Curiosamente, hallazgos arqueológicos posteriores confirmaron que Flaubert había acertado en bastantes cosas.

 La principal fuente de Flaubert fue el Libro I de las Historias de Polibio. Este no era un periodo de la historia bien documentado, por lo que requirió mucho trabajo por parte del autor.   
   El elenco de personajes no tiene desperdicio: Salambó es una virgen sacerdotisa, hija de una gran general cartaginés; Amílcar Barca, su padre, es el fenomenal estratega que ha vencido en mil batallas; Mâtho, el apuesto líder de la rebelión de los mercenarios que exigen a Cartago el pago de sus salarios; Spendius, un inteligente esclavo griego, recién liberado, que se convertirá en el mentor y guía de Mâtho; Narr'Havas, el prestigioso caudillo númida que traiciona a los bárbaros...   Más que una novela, parece un largo poema en prosa, un poema épico que recuerda a los clásicos más antiguos. El lenguaje está muy cuidado, pulido y corregido obsesivamente, como solía hacer el maestro francés.

   La novela es un prodigio de belleza y literatura en la que Flaubert consiguió reconvertir una historia plagada de datos sin resonancia artística, en una obra vital, emocionante, violenta, hermosa y, sobre todo, humana.


 
Enlace a la película Salambó (1960)

jueves, 2 de mayo de 2019

Gustave Flaubert

Le mot juste

"Lo que me parece lo más alto en el Arte (y lo más difícil) no es ni hacer reír ni hacer llorar, ni excitarnos ni ponernos furiosos, sino actuar a la manera de la naturaleza, es decir, hacer soñar".
   

   El escritor normando Gustave Flaubert (Ruán 1821-1880) era hijo de un cirujano, Achille-Cléophas y fue su madre, Anne, la que más influyó en su vida.
Flaubert comenzó a estudiar Derecho, pero lo dejó debido a su epilepsia y otros desequilibrios nerviosos que minaron su conducta social. “Mi vida activa acabó a los 22 años, escribió. Tengo mis nervios que no me dan reposo”. Esto también influyó en su carácter tímido y neurótico. Así que su existencia quiso ser siempre muy hogareña. Vivió en Croisset, lugar donde los Flaubert tenían una casa de campo. Fue allí donde escribió sus obras más conocidas.
      
   Conoció a Víctor Hugo y a la poetisa Louise Colet, quien posteriormente sería su musa y amante. Louise tenía 11 años más que él. Entre 1846 y 1855 le escribió centenares de cartas. Cuando su musa falleció, en 1876, se sumió en una desesperación que empeoró su estado de salud.


   Sin embargo, también viajó por varios países como Egipto, Turquía o Italia, visitas que le dejaron huella e inspiración para sus obras. De 1849 a 1851 se dedicó a viajar por Grecia y Oriente Próximo junto a su amigo Maxime du Camp. La mayor aportación del viaje la plasmará en su novela histórica Salambó (1862) También, y pese a no mantener mucho contacto con la gente, sí que tuvo por amigos a importantes nombres literarios de su época como Emile Zola o la escritora George Sand.

   
   A Flaubert se le encuadra dentro de la literatura realista y naturalista. En 1857, el Romanticismo lanzaba sus últimos suspiros y los artistas, tan bohemios, tan descarados, desafiaban los excesos de la moralidad imperante. En ese año Flaubert publica Madame Bovary (subtítulada Costumbres provincianas) donde narra las vicisitudes de una mujer burguesa adúltera. Por retar a la moral a través de este libro, Flaubert fue perseguido y juzgado por atentar contra la moral pública, pero al final quedó absuelto.

   La tentación de San Antonio (1874) es otro título importante que logró un fabuloso éxito por parte de la crítica, quienes llegaron a compararla, por su importancia, con el Fausto de Goethe. Como en casi todas las obras de Flaubert combina elementos tanto románticos como naturalistas.
   En sus cartas, publicadas póstumamente, Correspondance (4 volúmenes, 1887-1893), calificó su trabajo de "agonías del arte". Es de destacar la gran precisión en los detalles y en el lenguaje de Flaubert.
   Entre otras obras del autor francés cabe destacar la novela La educación sentimental (1869), basada en sus amores adolescentes con Elisa Schlesinger, tres narraciones cortas publicadas con el título de Tres cuentos (1877), y dos trabajos editados tras su muerte, la inacabada novela Bouvard y Pécuchet (1881) y Diccionario de lugares comunes (1913).

   Flaubert no es un “realista” en el sentido tradicional del término. La realidad no le importa, ni le importa su explicación científica o psicológica. Lo que apuraba realmente al escritor era lograr un discurso poético que integrara todos los demás discursos. Una palabra que, siendo nueva, no anulara a las demás. Y la búsqueda de un estilo perfecto ocupó sus vigilias y desvelos: quería escribir una prosa que rimara como el mejor de los versos, evitar las metáforas ilógicas, los clichés y las repeticiones vanas. 

   Flaubert hubiera contestado como contestó a sus enemigos, diciendo que toda obra auténtica encierra en sí misma un precepto y que si el lector no saca de un libro la enseñanza moral que debe hallarse en él, es que el lector es un imbécil o el libro muy malo. Y es que Flaubert sabía, mejor que nadie, que la moral mal entendida, puede cometer la inmoralidad de siempre: tener miedo y nunca buenos oídos para oír. Hay muchas maneras de leer, solía decir, y hace falta mucho talento para leer bien.

lunes, 1 de abril de 2019

Próxima reunión martes 2 de abril de 2019 a las 6 en punto

Reconstrucción de Antonio Orejudo
   
   En 1535, en el corazón de una Europa convulsa tras el cisma de Lutero, se suceden las rebeliones contra la Iglesia católica y el Papa. 
   En la ciudad alemana de Münster un orador particularmente preparado, Bernd Rothmann, se convierte en el guía espiritual que encabeza la revuelta contra la corrupta jerarquía católica. Dentro de la ciudad se declara la libertad religiosa, acuden centenares de peregrinos y, con ellos, profetas y predicadores de toda laya. Extramuros, sin embargo, los ejércitos católicos se aprestan para el escarmiento más despiadado. 
   Dieciocho años después, cuando la sublevación de Münster es sólo un recuerdo y la Inquisición persigue cualquier indicio de herejía, el inquisidor general de Lyon tiene que identificar con urgencia al autor de un manuscrito anónimo, especialmente venenoso, e impedir su difusión.

Fuente: Lecturalia