lunes, 1 de octubre de 2018

Próxima reunión 2 de Octubre de 2018 a las 6 en punto

El extranjero de Albert Camus 

Se dice que tras leer a Albert Camus (1913-1960), un hombre "solitario y solidario", ya no se puede vivir igual.“Ante el absurdo de toda situación injusta, la respuesta siempre es la lucha”.
   El escritor francés no sólo fue uno de los escritores más prestigiosos de la generación que llegó a la madurez entre las ruinas, la frustración y la desesperanza de la Europa demolida por las dos Guerras Mundiales, sino que el paso del tiempo agiganta cada vez más su figura excepcional y el valor de su obra.
   El extranjero, novela con cuya publicación saltó a la fama en 1942, tiene como referencia omnipresente a Meursault, su protagonista, a quien una serie de circunstancias conduce a cometer un crimen aparentemente inmotivado. 
   El desenlace de su proceso judicial no tendrá más sentido que su vida, corroída por la cotidianidad y gobernada por fuerzas anónimas que, al despojar a los hombres de la condición de sujetos autónomos, los eximen también de responsabilidad y de culpa.

Fuente: Lecturalia

El extranjero de Camus

El sol que rompió la ley natural

   Meursault es un tipo desapegado. Su comportamiento se relaciona con el resto de su entorno apenas de forma superflua. Lo mismo le da formar parte de un grupo de amigos o de conocidos. Es un sujeto apático de lo que en él sucede, al menos en primera instancia.

"Entonces comprendí que había roto el equilibrio del día, el silencio de una playa en la que fui feliz"

   Meursault se siente deslumbrado por el sol de un verano y dispara cuatro veces más contra el cuerpo del árabe. Acaba de entrar en la puerta de la desgracia.
   Al igual que otros textos, la novela "El extranjero" de Albert Camus, publicada en 1942 por Gallimard, es una reflexión acerca del momento histórico en el que fue escrita. Meursault es la representación de lo absurdo. Nada le es significativo ni lo alienta a formar parte de un todo en el que la amistad, el matrimonio o la muerte funcionan como instituciones. Construida a partir de un laberinto moral y psicológico, es la historia de un personaje que observa la vida desde una parsimonia disimulada.
   Europa y el mundo se acercaban peligrosamente a la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces Camus estaba a punto de entrar en el periódico de izquierdas L’Alger Republicain, en el que destaca ya que brilla en las crónicas judiciales que luego le ayudarán a completar con precisión un importante trecho de la segunda parte del libro. Quizás sea Camus quién observa a Meursault desde la sala del juzgado.
   Para Camus, la sociedad cumple una serie de ritos. Hay que enterrar a los seres queridos, las mujeres son hermosas, el trabajo sirve para sobrevivir y en la cotidianidad real de la primera mitad del siglo XX lo políticamente correcto aún no existe, por eso Meursault ayuda a su vecino Raymond cuando este maltrata a una de sus chicas y por lo mismo no duda en decirle a Marie que si ella quiere casarse lo hará aunque le de lo mismo porque todo continuará igual hasta que un día, la irrupción del astro rey desbarata ese ordenamiento.

   Hasta ese momento todo ha transcurrido a unas leyes no escritas. En la segunda parte la justicia conduce la trama hacia la convención que destruye el libre albedrío al existir una serie de valores a cumplir impresos en el código penal. Sin embargo lo que se castiga no es tanto el asesinato violento del árabe sino el comportamiento existencial de Meursault, insensible por dormirse y aceptar un café con leche mientras vela, entre la duermevela, el cadáver de su madre, a quien encima no llora.
   Aun sentado en el banquillo de los acusados, Mersault se muestra despreocupado. Indiferente ante una situación que lo condena y lo señala. ¿Cuántas veces no nos contemplamos a nosotros mismos en una situación adversa, y de frente a los hechos ya inevitables, simplemente nos dejamos conducir por el momento, resignados?

    La condena a muerte y ese final con la idea de los aplausos ante el cadalso dio a la novela, publicada hace 75 años por Gaston Gallimard, esa definición de existencialista que su autor refutó 
    Tras su publicación en 1942 llegaron las críticas, entre las favorables, un extenso ensayo de Sartre y una sorprendente acogida entre los lectores que se acrecentó con la aparición de "El mito de Sísifo".

"...Me levanté en seguida porque tenía hambre, pero ella me dijo que no la había besado desde la mañana. Era cierto y, sin embargo, habría querido hacerlo. "Ven al agua", me dijo. Corrimos para lanzarnos sobre las primeras olas. Dimos algunas brazadas y ella se pegó contra mí. Sentí sus piernas enroscadas y la deseé." 


martes, 25 de septiembre de 2018

Albert Camus

Nunca es tarde para empezar o volver a disfrutar de su pluma.


Brillante y sin dinero, logró convertirse en un autor ineludible del siglo XX. Nació en Mondovi (Argelia francesa) en 1913 como Albert Camus Sintes, dentro de una familia de colonos franceses, los llamados pieds-noirs, término despectivo creado por la Francia colonial.
   Al estallar la Primera Guerra Mundial, su padre es reclutado y tras ser herido en la batalla del Marne, muere.
   Albert crece en uno de los barrios más pobres de Argel, sin libros ni revistas. Recién llegan a sus manos los primeros libros a través de una beca para hijos de fallecidos en guerra.
   Con gran esfuerzo cursa la primaria y el bachillerato. Pero en ese período, alentado por sus profesores, sobre todo por Louis Germain, empieza a leer a los filósofos.
Finalmente se gradúa en Filosofía y Letras con la tesis: "Relación del pensamiento clásico griego y el cristianismo a partir de los escritos de Plotino y San Agustín".
   Camus tuvo grandes influencias de Schopenhauer  y del existencialismo alemán. No hay escritor sin influencias. En Camus, dos fueron clave: Nietszche y André Gide, de quien dijo: "Leyéndolo entendí qué era la literatura".
   Pero es imposible hablar de Camus sin hablar de Sartre. Su batalla intelectual no tuvo final ya que se enfrentaron por el rígido dogmatismo político de Sartre y el desprecio de este a Camus que solía calificarlo como "ese pequeño golfo con cultura de segunda mano", además de no disimular su resentimiento ante el éxito de Camus con las mujeres.

   
Camus y la actriz Maria Casares

   En 1934 se casa con Simone Hié pero con rápida separación por mutuas infidelidades. Hié es la primera de la lista de las mujeres en la vida de Camus. Entre ellas, la gran actriz María Casares. Con Francine, segunda de la lista, tiene a sus hijos Catherine y Jean.
   Su auge literario sucede en 1942, cuando publica la primera de sus cinco novelas: El extranjero (Gallimard), el mundo intelectual y hasta el lector común se ponen de pie.
   Están ante uno de los más trascendentes relatos del siglo XX. Y Meursault, su protagonista, en un estremecedor arquetipo.
   Su segunda novela, La peste (1947) es una inquietante advertencia, una metáfora del Mal, encubierta por la historia de una epidemia mortal en Orán, y también de la fraternidad humana. 
 
Camus en la redacción de Combat (1944)

   Acaso más influido por el anarquismo, y juzgado muchas veces como nihilista, Camus jamás dejó de defender la libertad y la justicia, y declaró en una entrevista de Le Monde algo sorprendente: "No creo en Dios, es cierto. Sin embargo, no soy ateo (como sí lo fue Sartre). Incluso me siento inclinado, con Benjamin Constant (filósofo, escritor y político suizo), a ver en la irreligión algo vulgar y deteriorado". Sin embargo, defendió sin dudas ni vacilaciones la lucha por la libertad, hasta el punto de intentar alistarse contra el nazismo en 1939, siendo rechazado por su incurable tuberculosis.
   Pero no se conformó y el escritor formó parte de la Resistencia francesa durante la ocupación alemana, y se relacionó durante mucho tiempo con los movimientos libertarios de la posguerra
Albert Camus, premio Nobel de Literatura 1957, dejó, más que una obra, un colosal legado en cantidad y contenido. Cantidad casi imposible para una vida arrancada demasiado pronto: el 4 de enero de 1960, a sus 46 años, Camus se dejaba la vida en un coche, cuando su amigo y editor Michel Gallimard conducía a gran velocidad su Facel Vega en una recta sin obstáculos y el neumático reventó. El famoso escritor iba a la derecha del conductor y murió en el acto.
   Pero quedaron, para iluminar el mundo, además de sus novelas y cuentos, cinco piezas teatrales (Calígula y El malentendido), veintiocho ensayos (El mito de Sísifo), dieciocho prólogos (entre ellos, a obras de William Faulkner, Oscar Wilde, Herman Melville), e infinitos artículos periodísticos.




"Lo que más sé sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol".

   Lo había escrito mucho tiempo atrás en uno de sus relatos.
   Para entender mejor la profundidad de esas palabras es necesario recurrir al párrafo que las completó: "Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida; sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre derecha".
   Camus fue centrodelantero y arquero del equipo juvenil Racing Universitaire d´Alger. Cambió de puesto debido a la tuberculosis: en la valla se agitaba menos. Otra versión dice que para no gastar tanto sus zapatos, ya que era realmente muy pobre.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Alrededor de "El color del silencio"

Artículos recomendados por Matías en relación con algunos temas tocados en nuestra reunión del 6 de septiembre junto a Elia Barceló. Para Matías, a la luz del artículo "El arquetipo de la sombra" de la psicóloga Valeria Sabater publicado en la página web Una mente maravillosa, pudo entender mejor el personaje de Helena Guerrero. El otro artículo, que se publicó recientemente en El País es sobre la escritora María Lejárraga, viene a colación del tema de la invisibilidad de la mujer que se trató en la reunión.

El arquetipo de la sombra: el lado oculto de nuestra psique
Valeria Sabater 28 octubre, 2017


El arquetipo de la sombra representa, según la psicología analítica de Carl Jung, el “lado oscuro” de nuestra personalidad. Se trata de un submundo convulso de nuestra psique donde se contiene lo más primitivo, los egoísmos más afilados, los instintos más reprimidos y ese “yo desautorizado” que la mente consciente rechaza y que sumergimos en los abismos más profundos de nuestro ser.

Todos hemos oído alguna vez hablar de ese concepto, de ese arquetipo de la sombra que de algún modo, sigue utilizándose en psicología para hablarnos de esa confrontación. De esa sensación de disputa que a veces llevamos con nosotros mismos cuando trabajamos nuestras frustraciones, nuestros miedos, inseguridades o rencores.



“Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”

-Carl Jung-




Sin embargo, no podemos olvidar que esa idea que Carl Jung nos trajo a través de su trabajo sobre los arquetipos ya estaba presente en nuestra sociedad histórica y culturalmente. El concepto de sombra o reverso oscuro conforma esa dualidad tan común, que incluso le sirvió a Robert Louis Stevenson como inspiración para crear su ya clásico “Dr Jeckyll y Hyde”, mucho antes de que el propio Jung desarrollara su teoría sobre el arquetipo de la sombra.

Todo aquello que en un momento dado consideramos como “malo” debido a nuestra educación y a las normas morales de nuestra sociedad, se convierte en nuestra sombra. Sin embargo, no es recomendable ver todas esas dinámicas internas como experiencias reprobables o peligrosas, hasta el punto de pensar que todos nosotros llevamos un Hyde dentro clamando por salir.

El propio Jung explicó que existen diferentes tipos de sombras y que un modo de alcanzar el bienestar, la sanación y la libertad personal es haciéndolas conscientes, enfrentándonos a ellas.

El arquetipo de la sombra: el lado oscuro del ser humano

El arquetipo de la sombra se relaciona mucho con el concepto de inconsciente formulado por Freud. No obstante contiene matices únicos que lo diferencian de un modo considerable y que lo enriquecen. No podemos olvidar que lo que empezó siendo un idilio intelectual entre Freud y Jung terminó enfriándose, hasta el punto de que este último llegó a decir del padre del psicoanálisis que era “una figura trágica, un gran hombre, pero alguien con cuyo método terapéutico no comulgaba”.

Jung desarrolló su propio método, la psicología analítica. Dejó a un lado el diván y esa relación asimétrica entre terapeuta y paciente para desarrollar una terapia basada en la conversación, ahí donde indagar en la estructura de la psique y en ese inconsciente donde navegan los arquetipos. Entre todos ellos, el que mayor valor terapéutico podía llegar a tener era sin duda el arquetipo de la sombra. Veamos sus características:

La sombra, una presencia conocida pero reprimida

· La “sombra” fue un término que Jung tomó de Friedrich Nietzsche.

· Esta idea representaba la personalidad oculta que tiene toda persona. A simple vista la mayoría de nosotros aparentamos (y nos percibimos) como seres buenos y nobles. Sin embargo, en nuestro interior hay ciertas dimensiones reprimidas, instintos heredados donde a veces se esconde la violencia, la rabia, el odio…

· El arquetipo de sombra no habita únicamente en cada persona. En ocasiones, también está presente en “grupos de personas”, en sectas, en algunos tipos de religiones o incluso en partidos políticos. Son organizaciones que pueden en un momento dado, sacar su sombra a la luz para justificar actos violentos contra la propia humanidad.

· La sombra es más destructiva, insidiosa y peligrosa cuando más la “reprimimos”. Es entonces cuando “se proyecta” apareciendo así, y según Carl Jung, perturbaciones como la neurosis o la psicosis.

· Asimismo, Jung diferenció en su arquetipo de la sombra dos tipologías. La primera es la sombra personal, la que llevamos todos con nuestras pequeñas frustraciones, miedos, egoísmos y dinámicas negativas más comunes. Sin embargo, también estaría la sombra impersonal, esa que contendría la esencia de la maldad más arquetípica, la que acompaña a los genocidas, asesinos despiadados, etc.

Desafortunadamente no puede haber ninguna duda de que el hombre es, en general, menos bueno de lo que se imagina a sí mismo o quiere ser. Todo el mundo tiene una sombra, y cuanto más oculta está de la vida consciente del individuo, más negra y más densa es. En todo caso, es uno de nuestros peores obstáculos, puesto que frustra nuestras intenciones más bien intencionadas”

-Carl Jung-

¿Cómo hacer frente a nuestra propia sombra?

Es muy posible que la teoría del arquetipo de la sombra de Jung nos resulte interesante a nivel teórico, que tenga su encanto, su esencia metafórica y misticismo. Todos vemos en esta figura la representación más clásica del tabú, de la maldad y de esa dimensión tenebrosa de la personalidad humana que siempre suscita un alto interés. Sin embargo ¿podemos sacar de ella alguna aplicabilidad práctica en nuestro día a día?

La respuesta es “sí”. Tal y como el padre de la psicología analítica nos recuerda en libros como “Arquetipos e Inconsciente Colectivo” nuestra tarea en la vida es aceptarnos en plenitud e integrar “nuestra sombra” en la personalidad para hacerla consciente y trabajar con ella, afrontándola cara a cara. Descuidarla, permitir que siga en su universo inconsciente puede robarnos el equilibrio y la oportunidad de ser felices.

No podemos olvidar qué tipo dinámicas conforman ese concepto al que denominamos sombra: ahí están nuestros miedos, ahí esos traumas del pasado, ahí las decepciones que nos envenenan, ahí los sueños no realizados por indecisión y que se convierten en tiburones frustrados navegando en nuestra personalidad. Si los escondemos, esos demonios internos adquieren mayor ferocidad y si los silenciamos nos acabarán controlando, proyectando sobre los demás en muchos casos una imagen de nosotros mismos que no nos gusta.

Por tanto, no podemos olvidar que nuestro crecimiento personal y nuestro bienestar psicológico dependerán siempre de nuestra capacidad para sacar a la luz esas sombras.Tras ese acto de valentía, se iniciará un delicado, pero valioso, trabajo para sanarnos, para hallar la calma y el bienestar.



La gran escritora que borró su nombre

La editorial Renacimiento rescata la obra de María Lejárraga, la mujer que escribió las obras con las que su esposo, Gregorio Martínez Sierra, conoció el éxito. Novelista y dramaturga, murió pobre y exiliada

EVA DÍAZ PÉREZ Sevilla 17 SEP 2018
  



Escribió en silencio, en soledad entre cuatro paredes, lejos de los aplausos por las obras de teatro que salían de su pluma. Su nombre es una ausencia, una sombra, un vacío y una historia dolorosa. María de la O Lejárraga (San Millán de la Cogolla, 1874-Buenos Aires, 1974) atravesó todo un siglo y fue una de esas mujeres brillantes y pioneras de la Edad de Plata. Novelista, dramaturga, ensayista, traductora, feminista y, sin embargo, ausente de las portadas de sus libros. El nombre que leemos es el de su marido: Gregorio Martínez Sierra, quien recibía elogios en los estrenos de Canción de Cuna o El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, mientras la autora y libretista esperaba en casa.

En estos tiempos en los que la historia de la creación parece estar curando olvidos y variando la brújula del canon oficial, la figura de María Lejárraga regresa con sed de justicia poética. La recuperación de su nombre en la portada de su obra supone el reconocimiento a una de las más destacadas autoras de su época.

Ahora la editorial Renacimiento rescata Viajes de una gota de agua, una colección de cuentos infantiles que la autora publicó en Argentina en 1954, cuando ya vivía en el exilio. Juan Aguilera Sastre e Isabel Lizarraga Vizcarra, expertos de la Edad de Plata, son los responsables del estudio introductorio y de otros dos rescates editoriales: Cómo sueñan los hombres a las mujeres y Tragedia de la perra vida y otras diversiones. Teatro del exilio (1939-1974).

El reconocimiento, para el marido

Esta edición tiene un valor especial porque aparece con su nombre auténtico: María Lejárraga, tal como hizo la autora, por primera y única vez en su vida, con su debut, Cuentos breves, publicado en 1899. Precisamente, el enfado que provocó en su familia que su nombre apareciera en esta primera obra fue la razón por la que decidió borrarse.

La hija de la amante de su marido se quedó con los derechos de sus obras

Al casarse con Gregorio Martínez Sierra, ella decidió esconderse tras su nombre. Ambos formaron una de las más fructíferas parejas artísticas de la época. Gregorio era el responsable de la dirección de las obras y quien se llevaba la gloria en los estrenos. María aceptó ese papel de sombra, como tituló oportunamente Antonina Rodrigo su biografía de la autora: María Lejárraja, una mujer en la sombra.

Gregorio llevaba la parte externa de la sociedad, pero ella era quien escribía. A veces, los ensayos se paraban porque María estaba escribiendo el último acto de la obra firmada por Gregorio Martínez Sierra. Todo el mundo sabía que Lejárraga era la negra de su exitoso marido. A tal extremo llegó esta situación que Gregorio daba discursos feministas que escribía su mujer. Ahí está el libro Cartas a las mujeres de España donde ella anima a la libertad e independencia femenina, aunque su nombre no aparece por ninguna parte. A pesar de este silencio, Lejárraga llegó a ser diputada socialista en la Segunda República, experiencia que relató en su libro Una mujer por los caminos de España, escrito en el destierro.

La historia de Lejárraga tiene un momento especialmente doloroso. Gregorio se enamora de la famosa actriz Catalina Bárcena con quien tiene una hija. El matrimonio se rompe, pero Lejárraga sigue colaborando con su marido y escribiendo los libros que él continúa firmando.

El gran desengaño de Lejárraga llegará en 1947 con la muerte de Gregorio Martínez Sierra, cuando la hija de Catalina Bárcena exija los derechos de autor de su padre. María vive con escasos recursos en el exilio y es entonces cuando reacciona y comienza a publicar con su nombre, pero aún refugiada en los apellidos de su marido: María Martínez Sierra. Y decide escribir sus memorias — Gregorio y yo— donde desvela en qué consistió la colaboración. Una obra en la que por fin sale del silencio, aunque de forma muy tibia.

Viajes de una gota de agua es un libro de melancolías, el recuerdo dolorido de la exiliada: "Es un ejercicio de nostalgia alentada por la desazón de sentir que sus libros se prohibían en España y que tampoco hallaba modo de acceder a los escenarios españoles, donde solo de manera ocasional se reponía su producción anterior", explican Juan Aguilera e Isabel Lizarraga.

Con uno de estos cuentos, Lejárraga sufrió otra decepción. La autora, a través de su traductora Collice Portnoff, envía en 1951 a Walt Disney el manuscrito de Merlín y Viviana, donde contaba la historia de un perro que se enamora de una gata coqueta, por si le interesaba para alguna película. Sin embargo, a los dos meses Disney se lo devuelve. En 1955 se estrena La dama y el vagabundo con la que se podrían encontrar ciertas similitudes. En una carta a su traductora habla del supuesto plagio: "La enviamos a Walt Disney, la tuvo un par de meses y la devolvió diciendo que no admitían más que las obras que habían encargado. Después, hizo una película, La dama y el vagabundo, que era la misma historia, sin más cambio que haber convertido la gata en perra elegante. Esta vez no quise protestar, ¿para qué?".

A pesar de que se ha hablado de plagio, "los parecidos son escasos aparte de que el proyecto de Disney comenzó a gestarse mucho antes de que María le enviase su original", según los autores del estudio. Sería así, pero para María Lejárraga fue otro nuevo episodio de apropiación de su obra. Ahora, por fin, aquellas historias escritas en soledad no olvidan quién fue la verdadera autora.

La venganza contra los adúlteros

A pesar de que durante años silenció su nombre, hay una secreta proyección autobiográfica en sus obras. En ocasiones, Lejárraga introducía trasuntos de la relación entre su marido y la actriz. Era una forma de venganza porque esas obras las interpretaba Catalina Bárcena y el marido infiel era quien dirigía. Juan Aguilera e Isabel Lizarraga señalan que en uno de los cuentos se descubre esta intención: Merlín, el perro atontado, es un personaje de buen corazón que podría ser Gregorio, sometido a las veleidades de un amor caprichoso; mientras que Viviana, la gata egoísta, engreída, cínica, cruel, podría representar los rasgos negativos que veía en Catalina".