miércoles, 20 de marzo de 2019

IV Encuentro Regional de Clubes de Lectura. Yecla, 4 de Mayo de 2019

¡Hola a todos!

Desde la Biblioteca Pública Municipal de Yecla queremos invitaros al "IV ENCUENTRO REGIONAL DE CLUBES DE LECTURA" que tendrá lugar el sábado 4 de mayo en nuestra localidad. Adjuntamos el programa con la hoja de 
preinscripción esperando que sea de vuestro interés.

Os esperamos con mucha ilusión.

Fdo. Ana I. Azorín Zornoza
(Biblioteca Pública Mucipipal de Yecla)








martes, 5 de marzo de 2019

Te vendo un perro

Vivir en una novela

   En Te vendo un perro (Anagrama, 2014), el narrador es Teo, un taquero jubilado y pintor frustrado que vive en un cochambroso edificio en México D.F. donde tiene lugar una parte importante de la acción, ya que algunos de los problemas del protagonista vienen de su relación con sus vecinos, vecinos que creen que está escribiendo una novela.   
   Excéntrico y alcohólico, sus principales preocupaciones son la bebida y mantener a salvo su ejemplar de la Teoría Estética de Adorno. Usa el libro para casi cualquier cosa y con el objetivo de dejar callado a todo aquel con el que se cruza. En ese ir y venir de copas y citas de la escuela de Frankfurt, nuestro protagonista, y narrador de la historia, se irá metiendo en distintos problemas con Francesca, la vecina con la que mantiene una relación tirante, conocerá al mormón Willem y de paso lo incluirá en un inverosímil triángulo amoroso junto a Dorotea y Mao y disfrutara de la amistad con la verdulera Juliette.
    Todas estas cosas afectarán a la vida de la apacible comunidad de vecinos y le añadirán un poco de interés a la monótona vida del taquero, que se opone a la tertulia literaria de sus vecinos jubilados en el zaguán del desastrado edificio donde vive, que no es la única molestia que tiene que soportar pues también se dan ahí clases de yoga, informática y macramé, y se proyectan visitas a museos y a lugares de interés histórico.



Te vendo un perro fue finalista del Premio Mandarache 2017

   También h
ay peripecias y personajes reales, como el pintor Manuel González Serrano, conocido como El Hechicero, que murió indigente en el centro de México.    
   Te vendo un perro también tiene una narración que hace viajes de ida y vuelta al pasado. El protagonista cuenta su historia personal marcada por la sucesión de perros de su madre, el abandono del padre, la relación con su hermana, su amor por Marilyn (modelo de Diego Rivera), el terremoto de 1985 y Don Bigotes, su puesto de tacos. Todo esto da sentido a lo que sucede en el presente.
   Concebida bajo el dictado de Adorno, que afirma que "el arte avanzado escribe la comedia de lo trágico", esta novela recorre el arte y la política del México de los últimos ochenta años en un intento por reivindicar a los olvidados, los malditos, los marginales, los desaparecidos y los perros callejeros. 
  Con su tercera novela, Juan Pablo Villalobos, se confirmó como un narrador imprescindible, con una voz personal y un sentido del humor muy singulares.
Autorretrato del Manuel González Serrano

miércoles, 27 de febrero de 2019

Juan Pablo Villalobos

"Me interesa un tipo de literatura que sorprenda, que de alguna manera desconcierte al lector, que de alguna manera no sepa exactamente hacia dónde va la novela"
   


   Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, México, 1973) ha investigado temas tan dispares como la ergonomía de los retretes, los efectos secundarios de los fármacos contra la disfunción eréctil o la excentricidad en la literatura latinoamericana de la primera mitad del siglo XX. Así que se dio cuenta de que quería ser escritor a los 14 años. “Pero se me olvidó. Me acordé a los 25 y conseguí publicar a los 37”

   Fiesta en la madriguera (2010), un ataque deliberado y salvaje a las convenciones de la literatura ; Si viviéramos en un lugar normal (2012), corta, brutal y divertida ; Te vendo un perro (2014), con un profundo sentido del humor, a veces grotesco, otras sutil, surrealista… siempre ingenioso ; No voy a pedirle a nadie que me crea, galardonada con el Premio Herralde de Novela en 2016, en donde lo cotidiano se transforma en un absurdo con situaciones tan disparatadas que ponen en evidencia el sinsentido de una realidad, y Yo tuve un sueño (2018), relatos reales sobre los niños centroamericanos que emprenden el largo y peligroso viaje a Estados Unidos,
 sorteando todas las amenazas que pueden acabar con sus vidas o, con suerte, quebrarlos para siempre.


   Todos estos libros son su carta de presentación literaria.

   Quizás habiendo podido ser un jugador de futbol profesional, Villalobos prefirió graduarse en Lengua y Literatura Hispánicas y también en Administración y Marketing, carrera que decide abandonar para dedicarse totalmente a las letras. Se mudó a España para continuar con sus estudios de posgrado, posteriormente se marchó una temporada a Brasil y de nuevo regresó a Barcelona, donde hoy vive con su familia. Es traductor de literatura brasileña e imparte cursos de escritura de novela y de humor en la literatura.

   El escritor mexicano crea los recursos para construir una ficción, donde los aspectos más caóticos y miserables del mundo dan lugar a un acontecimiento literario. El humor es una pieza clave en su trabajo. Con un preciso sentido de la oportunidad a veces usa el chiste, otras la ironía, cuando no lo cómico. Pero siempre es un humor valioso. Para él, el lector ideal es el que cree que a través del humor, la frivolidad y el entretenimiento también es posible llegar a lo profundo o trascendental. Es un lector que prefiere lo fácil de leer y difícil de entender al esnobismo de lo difícil de leer y fácil de entender.

“…el que a mí me gusta como lector y el que yo intento como escritor. Puede ser ambiguo, puede ser políticamente incorrecto, puede llevar a hablar de temas muy delicados como en el caso de México la desigualdad, la injusticia, la violencia, la pobreza, los desaparecidos…”.
   En cada novela de Villalobos hay una búsqueda de una voz narrativa que va a relatar. Cada una de esas voces que participan son muy distintas unas de otras. Tanto desde Fiesta en la madriguera, donde el narrador es un niño con una voz muy rabiosa, enfadada, en Te vendo un perro, la voz de un anciano muy cínico, o en No voy a pedirle a nadie que me crea, en la que hay cuatro voces muy distintas.

   El escritor considera que hay un problema con el humor actualmente, que nos lleva a tanto escándalo y tanta censura, que es que vivimos en una época de la literalidad. El humor funciona con la ambigüedad, con el doble sentido, y para él, eso se está perdiendo. La ironía lo hace participativo, vivimos la época de los pasivos. Si se exige demasiado, si hay que participar, pensar o actuar, la cosa ya se complica.

Próxima reunión en el MUDEM martes 5 de marzo a las 6 en punto

Te vendo un perro de Juan Pablo Villalobos

   

   En un ruinoso edificio de la ciudad de México, un grupo de ancianos pasa los días entre rencillas vecinales y tertulias literarias.
  Teo, el narrador y protagonista de esta historia, tiene setenta y ocho años y un apego enfermizo a la Teoría estética de Adorno, con la que resuelve todo tipo de problemas domésticos. Taquero jubilado, pintor frustrado con pedigrí –hijo de otro pintor frustrado–, sus mayores preocupaciones son llevar la cuenta de las copas que toma al día para extender al máximo sus menguantes ahorros, escribir en un cuaderno algo que no es una novela y calcular las posibilidades que tiene de llevarse a la cama a Francesca –presidenta de la asamblea de vecinos– o a Juliette –verdulera revolucionaria–, con las que constituye un triángulo sexual de la tercera edad que «le habría erizado la barba al mismísimo Freud». 
   La vida rutinaria del edificio se rompe con la irrupción de la juventud, encarnada en Willem –mormón de Utah–, Mao –maoísta clandestino– y Dorotea –la dulce heroína cervantina, nieta de Juliette–, en un crescendo de absurdos que arriba a un clímax para mojarse los pantalones.

   Te vendo un perro fue finalista del Premio Mandarache de Cartagena para jóvenes lectores 2017

Fuente: Lecturalia