lunes, 5 de febrero de 2018

Próxima reunión 6 de Febrero de 2018 a las 6 en punto

La conjura de los necios
John Kennedy Toole
     
   El protagonista de esta novela es uno de los personajes más memorables de la literatura norteamericana: Ignatus Reilly -una mezcla de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y santo Tomás de Aquino, perverso, reunidos en una persona-, que a los treinta años aún vive con su estrafalaria madre, ocupado en escribir una extensa y demoledora denuncia contra nuestro siglo, tan carente de teología y geometría como de decencia y buen gusto, un alegado desquiciado contra una sociedad desquiciada. 
   Por una inesperada necesidad de dinero, se ve 'catapultado en la fiebre de la existencia contemporánea', embarcándose en empleos y empresas de lo más disparatado.

Fuente: Anagrama

jueves, 1 de febrero de 2018

La conjura de los necios

Ignatius J. Reilly


   1976. Walker Percy abre con desgana el manuscrito. Él es un prestigioso filósofo y escritor, y leer la obra de un don nadie fallecido no le apetece. Pero Thelma Toole, la enlutada madre del autor, le ha acorralado con su insistencia. Percy, con cierta desidia, comienza a pasar las páginas. Y se enamora.
   Así que no le quedó más remedio que convencer a la Universidad Estatal de Luisiana de que debía publicarla, cosa que sucedió en 1980. Un año más tarde, la obra recibía el Pulitzer.
   Resulta imposible resumir la trama picaresca y siempre sorprendente de La conjura de los necios, ambientada en Nueva Orleans y sus bajos fondos. Su figura central es uno de los personajes más memorables de la literatura norteamericana: Ignatius J. Reilly, un ser inadaptado que vive a los 30 años con su madre viuda y que sueña con que el modo de vida medieval, así como su moral, reinen de nuevo en la sociedad. Para ello, y con la intención de ser escuchado en un mundo en el que es, en realidad, un incomprendido, rellena de su puño y letra cientos de cuadernos en los que plasma su particular visión y así crear su ambiciosa obra maestra. Lo que comienza con un personaje absurdo, ridículo en todos los aspectos, en su vestimenta, su aspecto físico, sus pensamientos, sus relaciones, su edad, su trayectoria, su familia, todo un gran y ridículo esperpento, va cogiendo forma página a página. 
    A partir de un accidente de coche causado por la conducción de su madre ebria, la extraña pareja asume una deuda monetaria que la ridícula pensión de la viuda no puede soportar y obliga a Ignatius a salir al mundo real a buscar trabajo creando situaciones disparatadas.
   Darlene, la stripteaseuse de la cacatúa; Burma Jones, el quisquilloso portero negro del cabaret Noche de Alegría, regentado por la rapaz Lana Lee, quien completa sus ingresos como modelo de fotos porno; el patrullero Mancuso, el policía más incompetente de la ciudad; Myrna Minkoff, la estudiante contestataria, amiga de Ignatius; Dorian Greene, un líder de la comunidad gay; la desternillante octogenaria Miss Trixie, siempre enfurecida porque no le dan la jubilación; personajes que se revelan en la novela como un hallazgo asombroso y que en ningún momento intuyen uno solo de los disparates que van a ocurrir.

   1980. Scott Kramer abre con desgana el libro. Él es un joven ejecutivo en la 20th Century Fox, y leer la obra de un don nadie muerto no le apetece. Pero la editorial de la Universidad de Louisiana, un ente sin presencia en Hollywood, le ha enviado la novela porque él es su único contacto en la meca del cine. Con cierta desidia, comenzó a pasar las páginas. Y se enamoró.
   Desde entonces, Kramer ha vivido una odisea tratando de llevar La conjura de los necios a la gran pantalla. Muchos ejecutivos opinan que se trata de una obra difícil de adaptar.
En estas tres décadas, el proyecto ha estado lastrado por la incomprensión. Y por la desgracia. Todos los intentos serios de crear un filme han tropezado con funestos acontecimientos. John Belushi fue el primer actor elegido para encarnar a Ignatius. Falleció por sobredosis un día antes de su reunión con directivos de la productora.
   Otros intérpretes que se barajaron para el papel fueron John Candy y Chris Farley. Muertos. El último nombre en saltar a la palestra fue el de Will Ferrell, que encabezaría un reparto en el que figurarían además Drew Barrymore, Mos Def y Olympia Dukakis. Kramer y Steven Soderbergh habían escrito un guión meticulosamente fiel a la novela. Incluso se rodaría el filme en Nueva Orleans. Y entonces llegó el Katrina. La empresa continúa actualmente en punto muerto. "Es la película que todo el mundo en Hollywood desea rodar pero nadie quiere financiar", comentó Ferrell en 2007.

miércoles, 31 de enero de 2018

John Kennedy Toole

Ken




   Esta es la historia de un hombre que, después de muerto, alcanzó fama internacional. Esta es la historia de un hombre que en 1969 aparcó su vehículo en un lugar solitario, a las afueras de la localidad de Biloxi, en Misisipi, dejó una nota a la vista "para sus padres" y esperó a que el monóxido de carbono le adormeciera y acabara con su vida. Esta es la historia de un hombre que solo tenía treinta y un años y se llamaba John Kennedy Toole.
   Ken, como todos lo conocían, fue el único hijo de un matrimonio mayor que ya se resignaba a no tener descendencia. Su nacimiento en 1937 fue una inspiración para la sobreprotectora Thelma. Se volcó con su hijo y le proporcionó una excelente educación, pero su energía también acabaría anulándole la personalidad. Toole poseía una gran inteligencia, destacaba en creatividad y se mostró como un alumno aventajado: cursó dos años de una vez en la escuela elemental, más tarde obtuvo una beca para la Universidad Tulane, donde se graduó con honores en 1958, y se inscribió en la neoyorkina Universidad de Columbia para estudiar Literatura Inglesa. Emprendió su carrera como docente en 1959 para trabajar de profesor asistente de Inglés en la Universidad del Suroeste de Luisiana, ubicada en Lafayette siendo el profesor más joven de la historia del Hunter College de Nueva York, con veintidós años, mientras trataba de cursar un doctorado en la Columbia.
   Sin embargo, fue llamado a las filas del ejército en 1961, y se pasó un par de años formando en Inglés a los soldados puertorriqueños, una tarea que combinó con la redacción de los primeros borradores de La conjura de los necios.
   



   Finalizada su instrucción militar, Toole regresó a su Nueva Orleans natal. Pero ya no era el mismo. Bebedor, excéntrico al vestir, ya no había ni rastro de aquel maestro extrovertido que encandilaba a los alumnos. Siempre se ha sospechado de su frustración por no conseguir publicar su obra, no obstante, algunos biógrafos de Toole insinúan que su probable homosexualidad, reprimida a la sombra de su autoritaria madre, fue el factor clave en su mutación y trágico desenlace. 
   Lo cierto es que tras la muerte de su marido y padre de Ken en 1
974, Thelma tras acorralar al editor y escritor Walter Percy junto con la intervención del escritor Walker Evans lograron que su novela de culto, La conjura de los necios se publicara en 1980 con el sello de la Universidad de Louisiana. Luego llegó el Pulitzer póstumo y la consagración de su protagonista: el moralista, vanidoso y también incomprendido Ignatius J. Reilly.
   N
o cabe duda de que, pese a los errores que Thelma pudiera cometer en su relación con su hijo, se redimió tras su lucha para que el mundo gozara de su obra maestra.
   La conjura de los necios, liderada por el patético Ignatius J. Reilly, es una novela hilarante y mordaz. Toole trazó un mapa caricaturesco de esa Nueva Orleans donde confluyen las culturas francesa, española y criolla. Por sus párrafos desfilan personajes esperpénticos, marginados que sobreviven hábilmente.
   No obstante, el empeño de Thelma no acabó ahí porque, tras el triunfo de La conjura de los necios, dio con otra novela escrita a máquina e hizo todo lo posible por que su familia política no sacara partido de su publicación, cometido que desempeñó en vano porque Thelma Toole murió en 1984.   
   Así que, tras varios años de litigios, La Biblia de neón vio la luz en 1989, y los lectores de todo el planeta pudieron confirmar que John Kennedy Toole era de verdad un genio que había redactado con sólo dieciséis años algo tan maduro como esta novela sobre la infancia y primera juventud en un intolerante pueblo sureño.
   Toole escogió como epígrafe de La conjura de los necios una frase de Jonathan Swift con toda la intención: "Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él".  
El resto forma parte de la historia de la literatura

lunes, 8 de enero de 2018

El imperio de Yegorov

Estoy absolutamente convencido de que los grandes eventos tienen su origen en una cosa muy pequeña”



  A Manuel Moyano (Córdoba, 1963) le fascina la narrativa fantástica, así como su interés por asuntos antropológicos. Bajo estas líneas nace un experimento arriesgado que le ha salido bien, El imperio de Yegorov (Anagrama, 2014).   Finalista del premio Herralde de Novela, El imperio de Yegorov es una obra de estructura totalmente original, que permite al lector adentrarse en ella sin ningún problema aún funcionando en varios planos. En la misma marmita se mezcla aventura, tintes policíacos, política, sátira social y ciencia ficción. Una novela teñida de ironía que es también una reflexión sobre la fugacidad de la existencia humana y la búsqueda de la inmortalidad.
  1967. Partiendo del diario de Shigeru Igataki, miembro de un grupo japonés que investiga a unos aborígenes en Papúa-Nueva Guinea, sabemos que a esta expedición pertenece Izumi Fukada, una atractiva joven estudiante de antropología que contrae una extraña enfermedad que es el detonante de un increíble hallazgo: el descubrimiento de una extraña larva que habita en los peces, el Yashirum y también de su inhibidor, el eletu, procedente de unas flores amarillas. Pero más aún: la arriesgada apuesta por la eterna juventud y las fuentes de la inmortalidad a manos de la industria farmacéutica y química.
   Este episodio trivial es el primer eslabón de una imprevisible cadena de acontecimientos que prosigue en Japón, salta a los Estados Unidos y termina alumbrando, setenta y cinco años después, una pesadilla distópica a escala planetaria.
   El imperio de Yegorov sorprende al lector por su audacia técnica, por la originalidad de su trama y por su ritmo imparable. Un experimento lleno de personajes como el médico Yasutaka Mashimura, el misionero Ernest Cuballó, el poeta Geoff LeShan, la actriz Lillian Sinclair, el policía Walter 'Capullo' Tyndall o el abogado Alexandr Shabashkin junto a un elemento muy importante y clave en la narración: la elatrina.
   Manuel Moyano comenta que lo escribió en quince días de rabiosa inspiración, ya que ese momento, según él, no es algo que se sostiene por mucho tiempo «di de repente con el argumento, el tono y el medio... y eso se da pocas veces en la literatura». El libro posee un ritmo intenso porque está escrito bajo el mismo estado.
   Es una historia contada desde una documentación muy diversa y original, como diarios, cartas, correos, prospectos farmacéuticos, un sms, un testamento, informes de detectives, noticias y transcripciones de grabaciones, obituarios o comentarios de blog, entre otros. "Gracias a esa técnica he conseguido crear una tensión narrativa y que el lector quiera continuar para saber qué va a pasar; también creo que la novela destaca por su tono humorístico, ya que lo satírico domina toda la obra"
  Pero no serán ni Nueva Guinea ni Osaka los escenarios de la perdición humana, sino un gigantesco y blindado laboratorio, la Pine Chemical, en Pasadena, Estados Unidos, capaz de gestionar por igual la vanidad inmensa de las estrellas de Hollywood, de los congresistas americanos, de los deportistas o de los cantantes de rock. Un rentable mundo de dependientes de su dosis diaria y de gangsters y mafiosos sin escrúpulos. Setenta y cinco años de intriga novelada, con gran riqueza inventiva y verbal.
   A partir de ahora la forma de mirar a los ojos de la gente nos va a ser diferente.

Anexo: Imágenes cedidas por 

Yashirum fasciola
Eletu

Elatrina

El doctor Nintai

Posibles inoculados

Más información: Plataforma ciudadana contra Yegorov