II Encuentro Clubes de Lectura

II Encuentro de Clubes de Lectura. Mazarrón 2017

"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro" Emily Dickinson

viernes, 30 de diciembre de 2016

Más Pedro Páramo



Los extras de Matías

Ensayo del que nos habló Matías “La mujer en Pedro Páramo: Los personajes, su esencia, y su simbolismo”, cuyo autor es Shelley Findley.
 SPAN 566

Prof. Elia Hatfield

Ensayo 1

10/24/2013



La novela Pedro Páramo, publicada en México en el año 1955 y escrita por el mexicano Juan Rulfo, es una obra que se considera un clásico de la lengua española.  A través de una narración compleja y variada, y junto con elementos destacados del realismo mágico, Pedro Páramo pinta la historia trágica de un hombre, su pueblo, y el hijo quien lo busca.  Llamada “una de las mejores novelas del siglo pasado” (Jorge Volpi), Pedro Páramo trata de la delgada línea entre la vida y la muerte, la vida mexicana durante y después de la época de la revolución, la distancia entre el amor y el odio, y el abuso del poder y la sumisión ante ello.  Uno de los temas más importantes de la obra es el de la mujer, ya que son varias en el libro y todas juegan un papel importante no solamente en el desarrollo del argumento sino también en representar a los personajes masculinos.  También sirven para narrar la historia y ayudarles a los lectores a entender lo que pasó en el pueblo Comala.  Sin duda, la mujer en Pedro Páramo juega un papel esencial y central en la obra, guiando e influyendo a los personajes principales para determinar su destino.  Para entender la importancia de la mujer en Pedro Páramo, es necesario primero analizar la perspectiva del autor, Juan Rulfo, en cuanto al papel de las mujeres en su literatura y dentro de la sociedad, segundo, identificar a los personajes femeninos, sus características y su simbolismo y evaluar cómo sirven para desarrollar el argumento de la novela; y tercero, comparar el tratamiento de las mujeres de Pedro Páramo con el tratamiento de las mujeres de otras obras de la misma época.
                Nacido en mayo 1917, Juan Rulfo creció entre la casa de sus abuelos y un internado en Guadalajara después de la muerte de sus padres.  Aunque no asistió a la universidad como estudiante oficialmente registrado, pudo tomar clases de literatura mientras trabajaba en la Universidad Autónoma de México, donde fue influido por su amigo Efraín Hernández.  Rulfo se casó en 1948 y tuvo cuatro hijos.  Rulfo es conocido por sus obras El Llano en llamas del año 1953 y Pedro Páramo.  El Llano en llamas es una colección de cuentos cortos cuyos temas varían.  Aunque no se podría llamar feminista a la literatura de Juan Rulfo, en algunas de sus obras la mujer juega un papel importante, y sus obras escritas representan, de una forma muy clara y directa, la posición de la mujer dentro de la sociedad de aquella época.
                En su análisis del arquetipo femenino en las obras de Rulfo, Francisco Antolín llama atención a la opinión de algunos críticos, quienes dicen que “la obra de Rulfo está recorrido por un machismo urgente que va desde Pedro Páramo hasta Euremio padre, pasando por Anacleto Morones, el narrador de Talpa y Miguel, hijo de Pedro Páramo” (399).  Mientras que es verdad que Rulfo no siempre presenta a las mujeres de sus obras de una forma muy elogiosa, no es cierto que no tengan importancia, ni siquiera que su literatura sea machista.  De hecho, en su biografía de Juan Rulfo, Roffee nos comparte esta cita del autor acerca del personaje femenina de Susana San Juan: “Susana San Juan fue siempre el personaje central.  Susana San Juan era una cosa ideal, una mujer idealizada…” (citado en Marchiselli).  Hay muchos instantes dentro del argumento de sus obras en los cuales las mujeres se destacan por su fuerza, sexualidad e independencia.  También se puede notar la repetición de temas dentro de las obras distintas de Juan Rulfo, y lo que hace Rulfo en su representación de la mujer no es condenarla (aunque las mujeres en sus obras no siempre demuestren características buenas) ni indicar que debe ocupar un cierto puesto dentro de la sociedad, sino que representa la realidad actual de la época y destaca a mujeres que no cumplen siempre con las expectativas de la sociedad.  Algunos creen que las mujeres de las obras de Rulfo son, cuando aparecen en las novelas, siempre las víctimas, o que “son pasivas, dejan que el mundo en torno a ellas decaiga” (Antolín 399).  Sin embargo, por lo general no parece ser que el autor se ocupe de la victimización de las mujeres dentro de sus novelas; de hecho, hay que reconocer que muchas veces es el hombre quien es “el sujeto de la angustia o la violencia del acontecer” (Antolín 399), y que dentro de la literatura de Juan Rulfo se puede encontrar muchos ejemplos de mujeres que salen adelante a pesar de su victimización.
                Muchas de las mujeres de El llano en llamas son fuertes: proveen consuelo para su familia, guían a sus maridos y sus hijos, y hasta en algunos casos, abandonan a sus familias en busca de una vida mejor.  Por ejemplo, en “Luvina,” Agripina, la mujer del hombre principal del cuento, e “imagen de la maternidad” (Ramírez 49), le ayuda a su marido cuando se siente perdido.  “Es ella quien explora el mundo, es ella quien puede ayudar e interpretar la realidad e, independientemente de que ella encuentre o no una respuesta, es ella quien ve una alternativa en el acercamiento personal a la transcendencia, posibilidad que suele negar el personaje masculino” (Ramírez 49).  En “Talpa,” Natalia ofrece consuelo para los demás y provee para su familia después de la muerte de su marido.  “En ‘Luvina’ y ‘Talpa’… el lector queda con la sensación de que son los hombres quienes quisieran ser consolados como niños, consolar y no quedarse simplemente como espectadores” (Ramírez 50).  En “El llano en llamas” y “La cuesta de las comadres,” no son los hombres quienes se ocupan de sus familias, sino las mujeres quienes toman esta responsabilidad.  De hecho, un tema frecuente en la literatura de Rulfo es la distancia entre los hombres y sus hijos, algo que se puede notar en “Dile que no me maten,” “Paso del norte,” “Nos han dado la tierra,” y “No oyes ladrar los perros;” también es evidente en Pedro Páramo, ya que el joven Juan inicia su viaje en busca del padre que nunca conoció.  El tratamiento del personaje femenino en “Acuérdate” es interesante, porque entre los personajes de Berenjena y “la Arremangada,” encontramos a mujeres que no cumplen con las expectativas de la sociedad en cuanto al comportamiento “aceptable” de la mujer.  Berenjena no se puede considerar la madre ideal y “la Arremangada” es una figura muy sexual debido a su experiencia “jugando a marido y mujer detrás de  los lavaderos” (citado en Ramírez 53).  Para los lectores, la falta de carácter demostrada por parte de estas mujeres no las hace menos importantes a pesar de sus “fallos.”  Según Ramírez, “Ellas son tanto más interesantes, cuanto más desbordan el esquema al que tradicionalmente se les asocia, el esquema de abnegación materna o de cándida virginidad” (53).  En lugar de ser siempre las víctimas, y de existir solamente para apoyar a su marido y ayudar a sus hijos, las mujeres de las obras de Juan Rulfo son muchas veces más dinámicas y complicadas, y rozan los límites establecidas por la sociedad mexicana de su época.  Como explica Ramírez,
Un aspecto que une la mayor parte de los personajes femeninos [de Juan Rulfo] es que ellos suelen ser presentados como mujeres que toman la iniciativa, aunque ésta quede enmascarada en el abandono o la sumisión.  Sea Agripina o la anónima mujer del Pichón, sea porque abandonan a su marido o porque están insertas en núcleos familiares relativamente sólidos, el asunto radica en que se trata de personajes emprendedores que no se resignan a una situación… (52)    
                Mientras que El llano en llamas no se trata tanto del tema de las mujeres, a pesar de que haya algunas destacadas, Pedro Páramo es una obra distinta.  “La novela multiplica el ámbito femenino.  Las principales figuras femeninas se caracterizan por: a) su vida está más desarrollada, b) son portadoras de valores simbólicos, c) algunas son narradoras principales y d) coinciden con mujeres de El llano en llamas en su cultura rural, en su papel familiar, en las creencias religiosas y en su comportamiento sexual” (Galindo 212).  Hay varios personajes femeninos importantes en Pedro Páramo; algunos de los más destacados son Dolores Preciado, Susana San Juan, Dorotea, y Eduviges Dyada.  Son personajes importantes en la obra no solamente porque narran la mayoría del texto sino también por la forma en que Rulfo las representa.  Según Barrera, “Estos personajes retratan mujeres que transgreden de diversas formas aquel modelo femenino, si bien sus conductas disruptoras son siempre parciales y/o pasivas.  En algunas situaciones, porque reniegan momentáneamente del sometimiento o se resisten a él… en otras porque no asumen como propios ciertos roles, actitudes o parámetros morales atribuidos al “ser mujer” (266).  Filer reitera la distinción que hace Rulfo entre las mujeres de Pedro Páramo y la mujer típica de la época: “Los personajes femeninos se constituyen, en contraste con los masculinos, el discurso más radicalmente subversivo de la novela.  Estas figuras, por las que el texto remite a las condiciones históricas de sometimiento sexual y económico de la mujer, son al mismo tiempo las voces más rebeldes y transgresoras que crea la novela” (Filer).
                Para empezar el texto, es la madre de Juan Preciado, Dolores, quien le motiva a empezar su viaje, ya que en el lecho de muerte pide a su hijo que vaya a Comala en busca de su padre, y que “le exige” lo suyo, “lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio” (5).  Evidentemente, Dolores debería haber sabido que pedía mucho de su hijo, y que dejaba que el deseo de vengarse del padre de Juan le empujó a ponerle en peligro a su único hijo.  Antolín la llama “la mujer vengada y cruel,” y “un rencor vivo, lo mismo que Pedro Páramo” (401).  “Es cierto que Dolores sufrió mucho al lado de un marido que exclusivamente se casó con ella para despojarle de sus tierras.  Dolores será la mujer engañada como tantas otras en Comala, pero no la madre de los dolores, ni siquiera la madre buena.  No se muestra muy maternal al encomendar a su hijo una misión peligrosa” (Antolín 401).  Es interesante notar que no es que Rulfo no represente personajes femeninos quienes valoran el puesto de “madre,” como por ejemplo el personaje de Dorotea, sino que en el discurso de Dolores, “no se exalta la condición de madre…Con Juan Preciado no es tampoco tierna, dulce o suave; aunque se encarga de criarlo, se deduce que su embarazo es sólo consecuencia del matrimonio con Pedro Paramo.  Dolores es madre porque toda mujer casada ha de serlo” (Barrera 245).  Aparte de jugar el papel de madre aunque no sea una mujer materna, Dolores también demuestra su rebeldía.  Descubrimos a través de la narración que Dolores deja para siempre a su marido, Pedro Páramo, y se va a vivir con su hermana, dejando a su marido y buscando una vida mejor para sí misma. 
                Como ya se ha mencionado, el personaje de Susana San Juan es, para el autor, uno de los personajes más importantes de la obra.  La primera vez que los lectores conocen a Susana San Juan es a través de un recuerdo de Pedro Páramo, y se nota inmediatamente que es una mujer importante para él; de hecho, las únicas veces que tenemos conocimiento de la humanidad de Pedro Páramo son cuando habla de Susana San Juan.  Su amor para Susana San Juan es lo que lo motiva durante toda su vida, y también la razón por qué decide “cruzarse de brazos” (124) y dejar que Comala se muera de hambre, porque los ciudadanos montan una fiesta a pesar de que ella está recién muerta.  El deseo de poseerla también le frustra a Pedro Páramo, ya que no llega a dominarla.  De este modo, Juan Rulfo hace que Susana San Juan sea más fuerte y poderosa que Pedro, porque aunque Pedro convence a su padre para llevarla a Comala y llega a casarse con ella, nunca llega a controlarla ni recibir su amor.  Según Galindo, “Susana es el único personaje que no es eco de Pedro sino que él, como enamorado es eco de Susana” (214).  En cuanto al poder de Susana San Juan, Loisel escribe, “Si Pedro Páramo es paradigmático del abuso patriarcal, Susana San Juan es modelo de una subversividad femenina que rescata lo más profundo de la mujer: su propio deseo y voluntad.  Lo que es más, Susana logra neutralizar el poder de Pedro al no darle lo que más anhela: conocer su mundo, su alma, deseo y voluntad” (160).  Aunque está físicamente presente, Susana San Juan ya no experimenta las injusticias a mano de los hombres cuando vuelve a Comala y está loca, pensando solamente en su marido muerto.  Como explica Loisel:  
La locura, pues, es una estrategia de auto-defensa del yo o del ser de Susana.  Es un refugio de la vida…Es un amparo de las injusticias que ejercen los hombres, Pedro Páramo, Bartolomé San Juan y el padre Rentería, tanto como de ‘otros’…quienes murmuran sobre su estado emocional/mental… Lo que logra el mente de Susana San Juan es hacerla agente de su destino y no un pobre ser condenado al uso y abuso de los demás. (160)
                Susana San Juan es tratada como un objeto de deseo de Pedro Páramo, y este deseo es lo que le motiva a Pedro.  Pero Susana San Juan se destaca entre todas las mujeres representadas por Juan Rulfo, porque su fuerza de ser es insuperable, y porque ha sido “el único personaje que ha conseguido dominar al cacique en lo más íntimo” (Marchiselli).  Según Peralta, “Es la única que lleva su rebeldía hasta el fin… no acepta las imposiciones de la sociedad pueblerina, rechaza la mecánica del culto y las imágenes aterradoras del padre Rentería…y afirma la estimación de su cuerpo, amado y acariciado en otro tiempo” (citado en Antolín 403).   
                Dorotea y Eduviges Dyada son otros personajes femeninos importantes; Medrano les presenta como “el binomio fértil-infértil, en un proceso de conjunción-disyunción propio del pensamiento simbólico” (69).  Dorotea representa la mujer siempre infértil, y Eduviges es “inminentemente fértil” (Medrano 70).  Como María Dyada le explica al padre Rentería, “Ella sirvió siempre a sus semejantes.  Les dio todo lo que tuvo.  Hasta les dio un hijo, a todos.  Y se los puso enfrente para que alguien lo reconociera como suyo, pero nadie lo quiso hacer” (Rulfo 33).  La vida no trata bien a Dorotea, se caracteriza por una sexualidad inmoral y la ayuda que le ofrece a Miguel Páramo cuando éste busca mujeres.  Nunca consigue su último deseo de tener un hijo, aunque durante un rato cree que tiene uno: “Y mientras viví, nunca dejé de creer que fuera cierto; porque lo sentí entre mis brazos” (Rulfo 64).  Sin embargo recibe su reivindicación cuando se encuentra al lado de un hijo sustito, Juan.  De hecho, se podría decir que ocupa el papel de madre protectora de Juan mejor que su propia madre.  Aunque no pudo guiar a nadie durante su vida, Dorotea es la que le ayuda a Juan a entender todo lo que pasó en Comala.  Así ella también se rebela contra alguna fuerza, en este caso, contra la crueldad de la vida, que le niega un hijo durante su vida.  Como le dice a Juan, “El cielo para mí, Juan Preciado, está donde estoy ahora” (Rulfo 70).  Eduviges es la primera mujer a quien Juan conoce después de llegar a Comala.  Eduviges es también conocida por su promiscuidad; según Barrera, “Eduviges Dyada pertenece al rubro de los personajes femeninos de Pedro Páramo que no ejercen como tales los dos roles de la sexualidad femenina permitida… Elle presenta una transgresión de los valores sexuales dominantes que refleja, al mismo tiempo, una cierta negación de la represión sexual femenina y un sometimiento absoluto a la dominación masculina” (251).  Le explica a Juan Preciado que accedió a tener relaciones sexuales con Pedro Páramo en la noche de su boda con Dolores.  A través de la novela descubrimos más sobre la promiscuidad y sexualidad de Eduviges, dos características que no se consideran “comunes” para la mujer mexicana de la época. 
                Aunque no juegan papeles tan importantes como las mujeres ya mencionadas, hay otras mujeres que viven en Comala y quienes sufren de la mano de los hombres.  Como lectores, podemos imaginar que la representación de los maltratos contra las mujeres viene del deseo de Rulfo de sacar a la luz las verdades de la sociedad mexicana, junto con sus abusos.  Ana, la sobrina del padre Rentería, por ejemplo, sufre el abuso sexual de Miguel Páramo; Galindo la llama “el símbolo y compendio de las mujeres violadas de Comala…es utilizado por Rulfo para insistir en la imposibilidad humana de conocimiento” (216).  También la hermana de Donis, quien no tiene nombre en la novela, sufre a la mano de un hermano abusivo quien le obliga a participar en pecados sexuales, y llega a creer que es permanentemente manchada: “¿No me ve el pecado? Por dentro estoy  hecha una mar de lodo” (Rulfo 55).  La narración de Pedro Páramo está llena de muerte y de sufrimiento; no son experiencias reservadas exclusivamente para las mujeres de la obra. Sin embargo, dentro de la novela se puede notar muchas instancias de la superación de los obstáculos por parte de las mujeres.  Como explica Loisel, “Cierto es que cada personaje en esta novela es víctima de un juego de poder: hasta el responsable eclesiástico del pueblo, el padre Rentería, actúa desde una posición de vulnerabilidad…Las mujeres de la novela hacen uso de distintas estrategias para obtener para sí algún retazo de poder o control” (154).
                El tema del papel de la mujer dentro de la sociedad mexicana se puede ver entre las obras de varios autores de la época de Juan Rulfo.  Por lo general, podemos notar un tratamiento común de la mujer, y esto se debe al machismo de la sociedad.  “En sociedades machistas- la mexicana lo es- y especialmente en la sociedad rural, que es la que retrata Juan Rulfo, el hombre es el eje sobre el que gira la vida y la mujer no es sino un elemento subsidiario” (200).  Como escribió más tarde Octavio Paz, “la mujer vive presa en la imagen que la sociedad masculina le impone… su feminidad jamás se expresa, porque se manifiesta a través de formas invitadas por el hombre… Nunca es dueña de sí…porque simplemente no tiene voluntad” (citado en Antolín 399).  Lo que vemos en la literatura mexicana de esta época es la mujer jugando uno o dos papeles: cuidando a su marido como esposa, o criando a sus hijos como madre, y las expectativas de la sociedad son obvias en cuanto al comportamiento de la mujer: “La sumisión, la abnegación, la obediencia, el pudor, la suavidad, la humildad, la ternura, la dulzura, la quietud.  Todas simbolizan la debilidad de las mujeres, eje central de los conceptos discursivos que definen la belleza del carácter femenino” (Barrera 236). 
                Hay algunas novelas latinoamericanas, publicadas alrededor de la época de Juan Rulfo, que también representan la situación de las mujeres.  En algunas las mujeres se destacan por su fuerza y rebeldía, como las mujeres de Pedro Páramo.  Una de las obras más importantes de la literatura latinoamericana, escrita por una mujer, es Aves sin nido.  Escrita por Clorinda Matto de Turner en el año 1889, Aves sin nido trata del maltrato y opresión de los indios y también las injusticias sufridas a mano de un gobierno corrupto.  Sin embargo, la mujer juega un papel importante en esta obra.  Según Guardia:
Los personajes femeninos constituyen las figuras protagónicas del relato.  Son ellas las que se erigen en defensoras de la justicia transgrediendo el discurso patriarcal hegemónico de fines del siglo XIX donde las mujeres aparecen indefensas, como personas que requieren de apoyo y conducción para desenvolverse en la esfera pública.  Son ellas las que designan a sus aliados, las que condenan a los opresores, y la clave de la relación entre mujeres y hombres, entre indios y blancos. (Guardia) 
En 1893 se publicó en Bolivia otra novela importante, también escrita por una mujer.  Cuidado con los celos por Lindaura Anzoátegui se pareció mucho a Aves sin nido en que trataba del maltrato de la gente indígena de la región, pero también “cuestionó la situación de la mujer” (Guardia).  Como explica Guardia, “En su novela las mujeres y los marginados adquieren identidad, y llegan a ser ellos mismos cuando se sacrifican” (Guardia).  En su obra teatral ¡Esos hombres!, publicada en 1927, Catalina D’Erzell también se esforzó en representar la condición de la mujer mexicana de la época.
                Aún más cerca de la época de Juan Rulfo, María Luisa Bombal publicó dos novelas en las cuales se puede encontrar el tema de la mujer.  En 1935 se publicó en Chile La última niebla, en la cual el protagonista es “el mundo de la mujer” (Marchiselli).  Marchiselli compara a la protagonista de Bombal con
Susana San Juan de Pedro Páramo ya que “las dos mujeres sufren grandes frustraciones y se refugian en el consuelo del sueño” (Marchiselli), como se ve en las palabras de la protagonista de Bombal: “Todo a mi alrededor estaba saturado de mi sentimiento, todo me hacía tropezar contra un recuerdo” (citado en Marchiselli).  La protagonista de Bombal es una mujer cuyo marido ya no le hace caso, solo la compara con su primera esposa.  En lugar de aceptar una vida sin amor y deseo, ella piensa en la posibilidad de tener una aventura con otro.  Sin embargo, al final no hace nada para seguir con la aventura.  A pesar de eso, lo importante en este caso es que Bombal nos esté presentando a una mujer que considera, aunque sea por poco tiempo, la posibilidad de romper las expectativas de la sociedad y el control de su marido, en busca de la satisfacción sexual y su propia felicidad.  En otra obra por Bombal, La amortajada, vemos algunos temas parecidos, aunque el estilo de escribir es muy distinto.  Como explica Marchiselli, “Ana María (la protagonista de La amortajada), al igual que la protagonista de La última niebla, es una mujer frustrada en el amor… Lo que sobresale de las protagonistas de Bombal es la búsqueda de la libertad sexual negada mediante la contemplación del cuerpo y la realización del deseo femenino…. Es el mismo amor carnal que retuerce a Susana San Juan en su cama” (Marchiselli).  Por lo general, las protagonistas de estas tres novelas sufren de matrimonios y vidas infelices, algo que deben soportar en silencio, ya que los derechos y la felicidad de la mujer no se consideraban una prioridad en aquella época.  Para todas estas mujeres, “la infidelidad femenina, real o imaginaria, parece ser la única solución para escaparse de un matrimonio desgraciado” (Marchiselli).  Marchiselli concluye su análisis de las mujeres en las novelas de Bombal y Rulfo con escribir:
En las novelas…las protagonistas aparecen como seres frustrados y sin posibilidad de experimentar la felicidad.  Desatan anhelos autodestructivos como consecuencia de una vida rutinaria y carente de amor.  Sería fácil concluir que las mujeres vuelven otra vez a ser representadas como víctimas de un esquema social patriarcal que no ofrece salidas.  En realidad, empiezan a mostrar sus exigencias y sus deseos intentando cumplirlos a pesar del fracaso final. (Marchiselli)             
                         
Pedro Páramo es una experiencia literaria inolvidable.  Su estilo original, sus temas reales, y su mágica hacen que sea una de las obras más importantes de la literatura latinoamericana de los últimos siglos.  Jorge Volpi, en su introducción a la novela, escribe:
Pedro Páramo es una respuesta evidente y aún más: una liquidación y una puerta abierta- a la novela de la Revolución mexicana, de Azuela a Guzmán, y a la novela cristera, pero también representa un diálogo igualmente fructífero con Kafka, Hamsun o Faulkner. Y, por encima de ello, la propia novela no se plantea esta cuestión: todo aquel que se atreve a leerla, como todo aquel que decide adentrarse en Comala, no sale indemne de la experiencia. Tras haberla leído, tras haberla escuchado, ahora nosotros también estamos contaminados con la muerte y ello, acaso, nos otorga una nueva vida. (Volpi)
                Entre la representación de un pueblo devastado tras la revolución mexicana, la búsqueda de un padre ausente por parte del hijo joven, y el abuso de poder de un “cacique,” encontramos el tema subyacente de la mujer.  Muchas de las obras de Juan Rulfo representan a la mujer mexicana, tanto como obras escritas por otros autores durante la misma época.  Sin embargo, en Pedro Páramo vemos a la mujer, por primera vez, como personaje principal, como narradora, como madre e hija, como sujeto y objeto, como víctima y heroína.  Las mujeres de Pedro Páramo se destacan entre otras mujeres ficcionales de la época porque son bien descritas y formadas y porque, por lo general, no se limitan a seguir las normas femeninas mandadas por la sociedad.  Si Volpi tiene razón en su análisis de la novela, y los lectores de Pedro Páramo salen contaminados y cambiados tras haber leído el cuento de Juan Preciado y su viaje a Comala, entonces deben también quedarse con una nueva imagen de la mujer mexicana.             

Bibliografía
Antolín, Francisco.  “Arquetipos Femeninos en la obra de Rulfo.” Centro Virtual Cervantes. 1992): 399-407. Web. 3 Oct. 2013.
Barrera, Dulce Isabel Aguirre. “Esposas y madres: La sexualidad femenina en Pedro páramo.” La Ventana. 3.28 (2008): 233-269. Web. 3 Oct. 2013.
Filer, Malva E. “Sumisión y rebeldía en los personajes de Pedro páramo.” Revista de literatura hispánica. 13.9 (1981). Web. 3 Oct. 2013.
Galindo, Luis Ortega. “El femenino en la obra de Juan Rulfo.” Mar Oceana. 1 (1994): 197-217. Web. 2 Oct. 2013.
Guardia, Sara Beatriz.  “Literatura y escritura femenina en América Latina.” Seminario Mulher. (2007). Web. 22 Oct. 2013.
Loisel, Clary. “Pedro páramo desde una perspectiva feminista psicológica.” Escritos, Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje. 31 (2005): 153-162. Web. 4 Oct. 2013.
Marchiselli, Antonella. “Un análisis comparativo: Los personajes femeninos de La última niebla y La amortajada de María Luisa Bombal y Susana San Juan de Juan Rulfo.” Espéculo, Revista de estudios de Universidad Complutense de Madrid. (2008). Web. 2 Oct. 2013.
Medrano, Jorge Murillo. “La Homogeneidad simbólica del universo femenino en la novela Pedro páramo, de Juan Rulfo.” Revista de Filología y Lingüística. 28.2 (2002): 63-73. Web. 8 Oct. 2013.
Ramírez, Hugo Hernán. “El personaje femenino en los cuentos de Juan Rulfo.” Iberoamericana. 8.30 (2008): 47-63. Web. 15 Oct. 2013.
Rulfo, Juan. Pedro páramo. Mexico: Editorial RM & Fundación Juan Rulfo, 1955.  Print. 
Volpi, Jorge. Pedro páramo: Prólogo de Jorge Volpi. Barcelona: El Mundo, 2001.  Web. 18 Oct. 2013.

martes, 13 de diciembre de 2016

Próxima reunión 13 de diciembre a las 6 en punto

Pedro Páramo de Juan Rulfo
   

   Desde su aparición en 1955, esta extraordinaria novela del mexicano Juan Rulfo se ha traducido a más de treinta lenguas y ha dado lugar a múltiples y permanentes reediciones en los países de lengua hispana. 
   Pedro es un personaje que se fue convirtiendo en un cacique violento, codicioso, que llega a poseerlo todo empleando para ello cualquier método, pero sin embargo siente un amor sin límites por Susana San Juan. Pedro Páramo no puede conseguir el amor de su adorada Susana y su desesperación supone su ruina.


Fuente: Lecturalia

La otra Comala

video

   El cineasta de Pinoso (Alicante),  Fran Ruvira, es el director del cortometraje Comala, Comala, un proyecto documental que se adentra en las ruinas de Comala, una pedanía de Molina de Segura (Murcia), y en la búsqueda de un Pedro Páramo imaginario mediante los testimonios de las gentes de la zona con los que compone un retrato etnográfico y visual.
   
   En 2015, aprovechando el 60 aniversario de la publicación de la novela 'Pedro Páramo', del mexicano Juan Rulfo, y buscando sus propios orígenes en Comala, ya que la familia paterna del cineasta vivía en la zona, Ruvira realizó un metraje que se situaría entre el documental, la ficción y el ensayo cinematográfico para, mediante la combinación separada de imágenes del abandonado municipio y las grabaciones sonoras de las entrevistas proponer un viaje a la tierra abandonada y a la manera de afrontar un recuerdo borroso situado en ella. La cinta propone un retrato etnográfico de la abandonada localidad murciana

   


«No buscaba protagonistas ni una respuesta concreta. Introduje un elemento ficticio, un supuesto Pedro Páramo que vivió en la zona, y pregunté a los vecinos de los municipios de alrededor. En sus respuestas, se aprecian los recuerdos, las maneras de afrontar un recuerdo que no está claro y su particular punto de vista sobre la muerte, sobre los que podrían ser familiares de la persona por la que pregunté», explica Ruvira.

    Con el testimonio de los entrevistados, sin ponerles rostro, y con la voz en off del propio director se llenan más de doce minutos de cuidadas imágenes de la zona y sus paisajes, donde «el protagonista, como sucede en la novela de Rulfo, acaba por ser el pueblo y no Pedro Páramo», comenta Fran Ruvira.




Pedro Páramo

¿Hay alguién ahí?

"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo."

   Pedro Páramo (1955) es una de las obras maestras de la literatura hispanoamericana y del realismo mágico. La novela cuenta cómo el protagonista, Juan Preciado, va en busca de su padre, Pedro Páramo, hasta el pueblo mexicano de Comala, un lugar vacio, misterioso, sin vida, un pueblo "fantasma" que, en lugar de buscar la destrucción o el caos, busca su descanso. Allí, el joven descubrirá que toda la gente del pueblo se llama Páramo, que muchos de ellos son sus propios hermanos, y que Pedro Páramo está muerto.
   Es un relato rural en el que hablan los muertos en una “aparente paradoja de su realismo e irrealismo a la vez”. La breve obra, unas 100 o 150 páginas según la edición, es un pozo conceptual y una mina abierta de belleza. Una novela misteriosa y fantástica cuya atmósfera envuelve al lector y los transporta a un territorio mágico de sorprendentes ramificaciones.

“Aquella (Comala) está sobre las brasas de la Tierra. La mera boca del infierno. Con decirte que muchos de los que ahí se mueren, al llegar al Infierno regresan por su cobija.”   

   Pedro Páramo es el cacique de Comala. Un poblado de gente tan pobre e insignificante que se encuentran fuera de la historia. Viendo que su tierra se vuelve árida y desolada, Pedro Páramo abandona al pueblo a su suerte por venganza.
   La gente llega a creer que se pueden escuchar las voces de los fallecidos. Voces sueltas se llegan a escuchar por doquier. Voces de gente que ya ha fallecido, como el mismo Juan Preciado.
   Juan Rulfo fue testigo de experiencias desagradables y tristes durante su infancia como la muerte de su padre y abuelo en la guerra Cristera.
   El abandono, el desdén, la sequía y la desolación son temas recurrentes en sus escritos. Pedro Páramo es una novela que manipula el tiempo y la secuencia de los acontecimientos, para hacer parecer que las cosas se repiten. Comala se encuentra atrapada en una especie de bucle, de donde sus fallecidos no pueden, o se niegan el salir.
   En 1974, en una entrevista en Caracas ante un auditorio lleno de estudiantes, Juan Rulfo dijo: “A Pedro Páramo yo le quité muchas páginas, como unas 100 páginas, pero después ni yo mismo lo entendí”.


   Tras seis décadas de la publicación de su obra maestra y el enigma sobre el que bromeaba el genio mexicano, fallecido en 1986, sigue vigente.
   Se ha ligado la complejidad de Rulfo a su infancia (huérfano a los diez, enviado por sus abuelos a un internado) o directamente “a un don”, “a un puro milagro”. Pero él dejó dicho, según cita uno de los estudiosos, que lo decisivo en su formación fue tener acceso a la biblioteca del cura de su pueblo, Ireneo Monroy, quien se llevaba libros de las casas con la excusa de ver si estaban permitidos, “pero lo que hacía en realidad era quedarse con ellos”. “Las novelas de Alejandro Dumas, las de Víctor Hugo, Dick Turpin, Buffalo Bill, Sitting Bull”.

Nunca conoceremos a Rulfo, pero tampoco dejaremos de intentarlo.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Juan Rulfo

El fotógrafo de las palabras
 

   Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1917. Vivió en la pequeña población de San Gabriel, allí entró en contacto con la biblioteca de un cura (básicamente literaria), depositada en la casa familiar, y recordará siempre estas lecturas, esenciales en su formación literaria. Algunos acostumbran destacar su temprana orfandad como determinante en su vocación artística, olvidando que su conocimiento temprano de los libros mencionados tendría un peso mayor en este terreno.
   Una huelga de la Universidad de Guadalajara le impide inscribirse en ella y decide trasladarse a la ciudad de México. La imposibilidad de revalidar los estudios hechos en Jalisco tampoco le permite ingresar a la Universidad Nacional, pero asiste como oyente a los cursos de historia del arte de la Facultad de Filosofía y Letras. Se convierte así en un conocedor muy serio de la bibliografía histórica, antropológica y geográfica de México, temas que un estudio minucioso de su obra literaria y fotográfica permite rastrear en las mismas, además de los textos y la labor editorial que les dedicó.
   Durante buena parte de las décadas de 1930 y 1940 viaja extensamente por el país, trabaja en Guadalajara o en la ciudad de México y a partir de 1945 comienza a publicar sus cuentos en dos revistas: América, de la capital, y Pan, de Guadalajara. La primera de ellas significa su confirmación como escritor, gracias al apoyo de su gran amigo Efrén Hernández. Publica sus imágenes por primera vez, también en América, en 1949. Pero fue a finales de la década de 1930 cuando se iniciaba como escritor y fotógrafo, aunque pocos sabían de esto.
   A mediados de los cuarenta da comienzo también su relación amorosa con Clara Aparicio, de la que queda el testimonio epistolar (publicado en 2000 en Aire de las colinas. Cartas a Clara). Se casa con ella en 1948 y los hijos aumentarán la familia poco a poco. Abandona su trabajo en una empresa fabricante de neumáticos a principios de los cincuenta y obtiene en 1952 la primera de dos becas consecutivas (1952-1953 y 1953-1954) que le otorga el Centro Mexicano de Escritores, fundado por la estadounidense Margaret Shedd, quien fue sin duda la persona determinante para que Rulfo publicase en 1953 El Llano en llamas (donde reúne siete cuentos ya publicados en América e incorpora otros ocho, nuevos) y, en 1955, Pedro Páramo.. En 1958 termina de escribir su segunda novela (muy breve), El gallo de oro, que no se publicará hasta 1980. En 2010 aparece la edición definitiva de esta última obra, después de una revisión cuidadosa del original que permitió eliminar errores e inconsistencias de la versión previamente conocida.
   A partir de la publicación de los dos primeros títulos el prestigio literario de Rulfo habrá de incrementarse de manera constante, hasta convertirse en el escritor mexicano más reconocido en México y el extranjero.
   En 2005, con motivo del 50 aniversario de la aparición de Pedro Páramo, se publica La recepción inicial de Pedro Páramo, de Jorge Zepeda, quien se consagró con este título como uno de los estudiosos más competentes de la obra de Juan Rulfo.
   Las dos últimas décadas de su vida las dedicó Rulfo a su trabajo en el Instituto Nacional Indigenista de México, donde se encargó de la edición de una de las colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México. Rulfo, que había sido un atento lector de la historia, la geografía y la antropología de México a lo largo de toda su vida, colmaría con este trabajo una de sus vocaciones más duraderas.

El Rulfo fotógrafo


   Rulfo publicó fotografías suyas por primera vez en 1949, en la revista América y en 1960 expuso en Guadalajara una pequeña colección de sus fotos, pero fue la exposición de 1980 en el Palacio de Bellas Artes la que abrió al público más amplio el conocimiento de esta parte de su creación; desde entonces el interés por el fotógrafo Juan Rulfo no ha cesado de incrementarse y con él las exposiciones y los libros dedicados a sus imágenes. En 2001 apareció México: Juan Rulfo fotógrafo, libro-catálogo de la exposición del mismo nombre. A partir de entonces se han ido publicando La última publicación de gran formato sobre las fotografías de Rulfo ha aparecido en octubre de 2010 y lleva el título de 100 fotografías de Juan Rulfo. La selección de las imágenes fue hecha por Andrew Dempsey y Daniele De Luigi.
En octubre de 2010 se ha lanzado un nuevo libro de gran formato sobre el trabajo fotográfico de Juan Rulfo: 100 fotografías de Juan Rulfo. Se trata de un título de larga gestación, iniciado diez años atrás por el inglés Andrew Dempsey, quien consultó la totalidad del archivo fotográfico de Juan Rulfo. En 2006 se sumó a su trabajo el historiador italiano de la fotografía Daniele De Luigi, quien colaboró en el establecimiento de la selección de las 100 imágenes que integran de manera muy concienzuda esta publicación, que se habrá de convertir en exposición en el futuro cercano.

   Juan Rulfo falleció en la ciudad de México el 7 de enero de 1986. 30 años de ausencia en donde las nuevas generaciones de escritores y lectores se aproximan con renovado asombro a las páginas de los libros de Rulfo y su curiosidad por la vida y la obra del autor jalisciense no disminuye.