II Encuentro Clubes de Lectura

II Encuentro de Clubes de Lectura. Mazarrón 2017

"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro" Emily Dickinson

miércoles, 31 de octubre de 2012

Escritores suicidas, la terrible decisión

   Escritores suicidas, la terrible decisión
  
   De Sócrates y Séneca a David Foster Wallace, la lista de escritores que decidieron poner fin a su vida antes de hora  es inmensa.

Ernest Hemingway
    Stefan Zweig, Hemingway, Virginia Wolf, Guy de Maupassant, Jack London, Ambrose Bierce, Paul Celan, Alejandra Pizarnick, Larra, Sandor Marai, Alfonsina Storni, José Asunción Silva, Yukio Mishima, Jacques Rigaut, Horacio Quiroga, Anne Sexton, Vladimir Maiakovski, Cesare Pavese, Sylvia Plath, Malcom Lowry, Dylan Thomas, John Kennedy Toole y Gabriel Ferrater, por citar algunos de los más conocidos, sucumbieron a la tentación de dejar de existir. Unos lo hicieron por desesperación y dolor; otros por convicciones indescifrables; algunos lo intentaron varias veces a lo largo de sus vidas; otros sólo una vez, la definitiva.
   Aunque la práctica se remonta a la noche de los tiempos, el Romanticismo marca un punto candente en el suicidio literario. Este movimiento cultural supuso una ruptura crítica con el pasado racionalista, ruptura que coincide con la crisis de la conciencia europea. Un ejemplo: el poeta y dramaturgo alemán Heinrich von Kleist (1777-1811), autor de El príncipe de Hamburgo, un alma ardiente arrastrada por una irrefrenable pasión por lo absoluto. Según cuentan sus biógrafos, nunca se mostró más alegre que cuando anunció a su prima que iba a matarse.    
Mariano José de Larra
   Del romanticismo alemán al español. Los artículos que Mariano José de Larra (1809-1837) firmaba con el seudónimo Fígaro son una sátira ingeniosa de las costumbres de su época, una joya de la literatura castellana del siglo XIX. Su tumultuosa relación con Dolores Armijo hizo que el anochecer del 13 de febrero de 1837, tras mantener una entrevista con ella, pone fin a su vida disparándose un tiro en la sien. Ella había decidido abandonarle por su marido, al cual le esperaba un alto cargo en Manila.
   El suicidio no sabe de geografías. En Portugal podrían citarse igualmente muchos casos: Antero de Quental, Camilo Castelo Branco o Mario de Sá-Carneiro, el gran amigo de Fernando Pessoa, que tuvo una muerte que reviste los rasgos de una pesadilla. El surrealismo, especialmente en Francia, también es otro momento álgido. En el segundo número de la Revolution surréaliste (1925) se planteó esta encuesta: “¿Es una solución el suicidio?” Sea solución o no lo sea, los nombres de Jacques Vaché (1896-1919), gran amigo de André Bretón, entronizado por éste como uno de los protomártires del surrealismo y que murió de una sobredosis de opio en el Hotel de France de Nantes; Jacques Rigaut (1899-1929) y René Crevel (1900-1935) ocupan un puesto en ese singular final.
Casos más conocidos

   El entierro de Ernest Hemingway fue reservado a la familia y amigos íntimos. Hemingway, segundo de seis hijos de un médico de Oak Park (Chicago), buscó deliberadamente el peligro a lo largo de su vida: como corresponsal de guerra, cazando leones en África o corriendo delante de los toros en Pamplona. A finales de 1961, el corpulento y fanfarrón Hemingway es un anciano de cabellos grises y miembros enflaquecidos. Ingresado en la Clínica Mayo por una depresión que le han producido unos fármacos, es tratado con electroshocks. Pero la depresión se acentúa con manía persecutoria e intentos de suicidio. Finalmente, el domingo 2 de julio de 1962 Hemingway acierta y se quita la vida con un disparo.
    En 1911, agobiado por la pobreza y los problemas familiares, Emilio Salgari se abrió en vientre con un cuchillo de cocina, algo así como un harakiri gastronómico.


Sylvia Plath
     También de aire gastronómico fue el suicidio de Sylvia Plath: tras dejar las tostadas y la leche caliente preparada para sus hijos, selló las rendijas de la puerta de la cocina con trapos, abrió el gas, y metió la cabeza en el horno.
   Virginia Woolf saltó hacia las aguas del río Ouse en la primavera de 1941, con los bolsillos cargados de piedras. Artaud ingirió una sobredosis de láudano en 1948. Cesare Pavese se envenenó en el Hotel Roma de Turín, nada menos que con 16 sobres de somníferos, en agosto de 1950. Stefan Zweig se mató en Brasil junto a su secretaria Carlota Altman, con la que se había casado, huyendo de la persecución nazi. Paul Celan se arrojó al Sena el 30 de abril de 1970.

    Ya que son escritores y se les da bien lo de componer frases, es natural que los escritores suicidas acostumbren a dejar largas cartas de despedida, no en el caso de Plath, que sólo dejó una escueta nota en la que pedía que se avisara al doctor.

Austría-Hungría, la Monarquía Dual

Austría-Hungría, la Monarquía Dual

   El Imperio austrohúngaro (Österreichisch-Ungarische Monarchie en alemán) nacido en 1867, fue el estado europeo que reconocía al Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio Austríaco. Por ese motivo, el estado creado pasó a llamarse Imperio Austrohúngaro. Este comprendía los países europeos actuales de Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia y Bosnia y Herzegovina.

   Es conocido por ser una de las más grandes potencias económicas y culturales del siglo XIX en el marco internacional. Debido a la diversidad lingüística, religiosa y cultural, estaba compuesto por una gran variedad de grupos étnicos. En sus fronteras se hablaban 12 idiomas, había 15 nacionalidades y se practicaban 7 confesiones religiosas.
   Estaba formado por un gran número de poblaciones y nacionalidades sometidas (imperio multinacional), del que salieron 13 estados actuales. Hacia 1914 tenía 676.615 kilómetros cuadrados y su población cercana a los 53 millones de habitantes.
   Las principales ciudades del Imperio eran Viena, Budapest y Praga. Ahí estaba el poder político, industrial y cultural, siendo Viena la más importante, fue su época dorada, durante más de 50 años, la capital del mundo.
    El gobierno de Francisco José (1848-1916) estuvo marcado por los principios de la tradición y autocracia de la Habsburgo, muy cercanos al Antiguo Régimen.

Emperador Francisco José I
   Construyó un gobierno de centralización política basado en:
- Un lenguaje y eficiencia alemana.
- La abolición de la servidumbre.
- Favorecer la construcción de ferrocarriles y elementos de progreso material.
   Aunque sufrió la reacción enojada de las nacionalidades no germánicas, especialmente de los magiares o húngaros.
   El Ausleich o convenio entre los alemanes de Austria-Bohemia y los magiares de Hungría formó la monarquía dual. Fue desventajoso para los eslavos: el convenio significaba que cada pueblo (alemán o húngaro) gobernase a su propio modo a sus nacionalidades y a sus "bárbaros" eslavos.
   Supuso la creación de una Doble Monarquía, sin paralelo en Europa:
- Al oeste del río Leitha estaba el Imperio de Austria.
- Al este, el reino de Hungría.
   Cada reino tenía su propia constitución y su propio parlamento, ante el que, era responsable su respectivo gobierno. El idioma sería distinto en ambos espacios: alemán en Austria, magiar en Hungría.
   La unión no era personal, ya que existía un consejo de parlamentarios representantes de cada estructura, a modo de gobierno común, que se ocupaba de la hacienda, los asuntos exteriores y la guerra.
   El compromiso de 1867 englobaba dos estructuras políticas multinacionales oprimidas:
* el estado-nación alemán de Austria: alemanes, eslovenos, checos, polacos, rutenos e italianos.
* el estado-nación magiar de Hungría: eslovacos, croata, servios, rumanos.
La renovada amistad con Alemania supuso la formación de la Triple Alianza o unión de las potencia centrales. Era una forma de compensar la acentuación del problema de las nacionalidades, agudizado por el incremento de las tensiones sociales y desarrollar la expansión hacia los Balcanes, chocando con Rusia y convirtiéndose en el factorcoyuntural que provoca el estallido de la Primera Guerra Mundial a raíz del asesinato en 1914 del archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía Chotek a manos de un terrorista serbiobosnio. El Imperio Austrohúngaro le declaró la guerra a Serbia.
   El Imperio empezó a desintegrar a causa de la guerra y, sobretodo, a causa de la muerte del Emperador Francisco José I en el campo de batalla, tras ni más ni menos que 68 años de reinado y siendo prácticamente el único emperador de toda la historia del Imperio. El nuevo emperador, Carlos I, intentó negociar y conseguir la paz, pero en 1919 el Imperio se disolvió totalmente.

lunes, 22 de octubre de 2012

"El último encuentro" o la búsqueda de la verdad

"-¿Qué quieres de ese hombre? -preguntó de repente la nodriza.
-La verdad -respondió el general.
-Conoces muy bien la verdad.
-No la conozco -dijo él, en voz alta, sin preocuparse por el servicio, que había interrumpido abajo la colocación de las flores y miraba hacia arriba.Volvieron a bajar la mirada inmediatamente, con un gesto mecánico, y continuaron con sus quehaceres-. La verdad es precisamente lo que no conozco.
- Pero conoces la realidad -observó la nodriza, con un tono agudo, casi agresivo.
- La realidad no es lo mismo que la verdad -respondió el general."
   Conocemos a dos ancianos, Henrik y Konrad. Se reúnen en el mismo sitio en el que se vieron por última vez, hace cuarenta y un años cuando algo, que poco a poco descubriremos, los separó.
   El último encuentro es una novela, que tras permanecer en el olvido durante más de cincuenta años fue rescatada por la prestigiosa editorial italiana Adelphi y se colocó rápidamente en el primer puesto de las listas de libros más vendidos de Italia, que se sitúa en un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde alguna vez se celebraron elegantes veladas y cuyos salones decorados al estilo francés se llenaban de la música de Chopin, y que ha cambiado radicalmente de aspecto.
   El esplendor de antaño ya no existe, todo anuncia el final de una época. Dos hombres mayores se citan a cenar. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. Todo converge en un duelo sin armas cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer.
   El libro Sándor Márai, que dicen que trata de la amistad, respira decadencia. Decandencia por la senectud de los protagonistas, por la época y el entorno y por la sensación de estar asistiendo a una suerte de últimas confesiones para terminar la vida en paz. Somos observadores privilegiados de la conversación mantenida por estos hombres, dominada por el carácter de uno que, casi en forma de monólogo va desgranando aquello que fué con palabras precisas. Estos hombres separados por un secreto inconfesable, se reúnen asfixiándonos con su secreto, que sabemos se acerca como un tren, imparable de la mano de sus recuerdos entre los que desfilan mujeres, guerras, emperatrices y viajes.
   Se necesita saber la verdad aunque esta no sea agradable. Por eso nos vamos angustiando al ver ese lento avance, apretando poco a poco hasta llegar a ella. El hombre no perdona realmente, porque, de hecho no olvida, y eso lo sabe bien Márai, y así nos lo enseña en un libro en el que no busca sorpresas, mucho antes de conocer la "verdad" ya la intuimos claramente. Pero se trata precisamente, de la confirmación de la verdad.
Márai, el burgués que se hizo escritor
  
   El escritor húngaro fue un autor de éxito. Aunque en España sus obras sólo se han conocido desde la publicación de El último encuentro, Sándor Márai (1900-1989) fue un intelectual burgués y humanista, no fue un marginado social desconocido o un mártir político; al contrario, fue un señor consciente de su ascendencia burguesa y dedicado en cuerpo y alma a la tarea que le gustaba y que sabía desempeñar a la perfección: la literaria. En ella volcaba su habilidad y su mucha sabiduría, nacida de la atenta observación de los sentimientos y las relaciones humanas.
Sándor Marai con su esposa,  Lola Matzner
   Desde muy joven, siempre fue mal estudiante por demasiado curioso y avispado, lo sedujeron la lectura y el periodismo. Su padre, un gran abogado de la ciudad húngara de Kaschau (hoy en Eslovaquia con el nombre de Kosice), le permitió salir al extranjero en cuanto tuvo edad de estudiar. Hasta los 23 años, cuando se casó con una mujer judía y de acaudalada familia burguesa, "Lola", a la que amó intensamente y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después.
Con Thomas Mann en 1934
    Márai residió en Budapest y en varias ciudades alemanas (su lengua materna era el húngaro, pero dominó desde pequeño el alemán), Leipzig, Weimar, Múnich y Berlín, que fueron sus escuelas de vida y sabiduría.
   Allí pasó unos años de aprendizaje bohemio, entre escritores y cafés de artistas, ganándose el sustento con la escritura de artículos periodísticos, crónicas, prosas breves y poemas. Unos años en París, durante la dictadura de Horthy, lo hicieron popular en Hungría gracias a las crónicas que enviaba desde el extranjero. En los años treinta se estableció en Budapest y, obsesionado por el trabajo, comenzó a producir novela y teatro, de modo que en los cuarenta gozaba ya de fama extraordinaria, casi comparable a la de Thomas Mann o Stefan Zweig.
Casa de Sándor Márai
   Cuando el nazismo comenzó su escala fue firme opositor y, tras un breve período en que su fama lo protegió terminó por caer en declive y huyó a Italia. No fue fácil y tampoco pudo quedarse ahí, llevándo su viaje a esta pareja a Estados Unidos (San Diego, California), donde se instalarían para pasar sus últimos años. Esta vida le fue pasando factura durante los últimos años cayendo en un estado de aislamiento y depresión. Ni siquiera con el cambio de régimen en su país y su reconocimiento como autor consiguió volver a sentirse bien. Su vida terminaría con su suicidio de un disparo en la cabeza al verse incapaz de valerse por sí mismo apenas unos meses antes de la caída del Muro de Berlín.
   Divorcio en Buda (1935), La herencia de Eszter (1939), La amante de Bolzano (1940), A la luz de los candelabros (1942), El último encuentro (1942), La mujer justa (1949), ¡Tierra, tierra! (1972),  así como su autobiografía Confesiones de un burgués (1934)  cautivan a un publico variado en virtud de algo que las caracteriza: la magia que sólo tiene la "gran literatura". De estructuras similares -extensas conversaciones y largos monólogos-, densas y cuajadas de pensamientos brillantes; teatrales, "psicológicas", de escasa acción y peripecia, y hasta de tono melodramático y sentimental, las novelas de Márai son, con todo ello, absorbentes y difíciles de soltar una vez que nos sumergimos en sus páginas y nos dejamos atrapar por sus meandros.

jueves, 4 de octubre de 2012

Nueva temporada del Club de Lectura

Reunión del día 2 de Octubre

   Hablamos del libro del escritor murciano José Emilio Iniesta, La risa de las mujeres muertas. La reunión la hicimos en la Cafeteria de Francis enfrente de la biblioteca al que agradecemos su trato al recogernos en su apacible terraza. Un rato sin duda muy agradable. Ah, también recibimos la visita de un ser inquietante...

Ser inquietante al fondo...


lunes, 1 de octubre de 2012

Próxima reunión Martes 2 de Octubre (18.00 horas)

"La risa de las mujeres muertas" de José Emilio Iniesta.

Los Reales Alcázares de Sevilla

Puerta del León


     Un alcázar es un castillo español. La palabra viene del árabe القصر al qasr que significa 'fortaleza', y que en latín es castellum (castrum). La particularidad del alcázar es que es un palacio fortificado. Varias ciudades españolas tienen alcázar, siendo entre los más característicos el de Sevilla, el de Córdoba o el de Toledo. El Alcázar de Sevilla ha sido utilizado como lugar de alojamiento para los miembros de la Casa Real y altas personalidades que visitan la ciudad. Se compone de diversos edificios de diferentes épocas. 
Patio de las Doncellas
    La fortificación original se edificó sobre un antiguo asentamiento romano y más tarde visigodo. Posteriormente pasó a ser una basílica paleocristiana (San Vicente Mártir), donde fuera enterrado San Isidoro.
    Los Reales Alcázares empiezan a tomar su aspecto actual tras la toma de la ciudad por los
árabes en el año 713. Éstos utilizaron sus dependencias como residencia de sus gobernantes desde el 720. En 884 la fortaleza contribuyó a evitar la invasión vikinga de la ciudad.

Restos de los Almohades

   En un principio se componía de varios recintos, como la Casa de los Príncipes, viviendas que en el siglo IX iban desde la Plaza del Triunfo hasta el Barrio de Santa Cruz.
   Uno de los palacios que rodea dos patios es de la misma época que la
Alhambra de Granada. Para llevar a cabo la obra, fueron enviados por el rey nazarí Mohamed V importantes artesanos toledanos granadinos, así como locales. Se amplió con la vivienda de los emires en el siglo XI, también en el siglo XII se siguió fortificando y añadiéndole estancias como el Alcázar o Palacio de las Bendiciones, y un siglo después los almohades le añadieron más patios y palacios.
   Tras la
Reconquista de la ciudad, en 1248, los Reales Alcázares fueron alojamiento del rey Fernando III, tomándose por costumbre ser hospedaje de los sucesivos monarcas.    
Salón de Embajadores
    Alfonso X el Sabio hizo las primeras reformas creando tres grandes salones góticos. Posteriormente Pedro I el Cruel, en 1364, decidió construir el que se convirtió en el primer palacio de un rey castellano que no estaba protegido tras los muros y defensas de un castillo, y logrando su definitivo aspecto mudéjar que hoy conserva y que aún asombra por su esplendor. Se levantó la Capilla Gótica, el apeadero, el Patio de la Montería y los Grutescos de los jardines. El Palacio de Pedro I es considerado el más completo ejemplo de la arquitectura mudéjar en España.
    Se conservan todavía restos del antiguo Palacio Islámico como el Patio del Yeso, de época previa a la Reconquista. Las obras iniciadas por Pedro I impulsaron a realizar más transformaciones a otros reyes posteriores como los
Reyes Católicos. Aquí Carlos I (V de Alemania) celebró su boda con Isabel de Portugal el día 11 de marzo de 1526. En una de sus estancias nació en 1848 la infanta Isabel, nieta de Fernando VII. Alfonso XIII, gran enamorado de la ciudad, también realizó diversas reformas.
  Declarados
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1987, también ha sido escenario de varias películas, como Rojos (1981) de Warren Beatty, El Reino de los Cielos (2005) de Ridley Scott, o Alatriste (2006) de Agustín Díaz Yanes.
Para más información: http://www.patronato-alcazarsevilla.es/