miércoles, 1 de junio de 2016

Naguib Mahfuz

   El mejor retratista de El Cairo
   Este novelista y periodista, fue el primer escritor árabe galardonado con el premio Nobel de Literatura, en 1988. Licenciado en filosofía, militante del Wafd, el gran partido nacionalista antibritánico, se desempeñó como funcionario en diversos organismos de la administración de su país, fue director del departamento técnico del Instituto de Artes y presidente del Instituto Nacional de Cine.
    Naguib Mahfuz (El Cairo, 1911-2006) fue el primer cultivador de la novela moderna en Egipto, considerado uno de los escritores árabes más innovadores. Su obra orbitaba en torno al hombre y su impotencia para luchar contra el destino y las convenciones sociales.Verdadero arquitecto de la novelística árabe contemporánea, a lo largo de su obra ha presentado a la ciudad de El Cairo como si fuera un mundo.
   


   Dedicado desde su temprana juventud a las letras, se dejó inspirar en el colegio por la Filosofía y comenzó a escribir artículos en revistas de entonces. Interesado en lenguas extranjeras, sobre todo el inglés, Naguib se propuso la tarea de traducir obras literarias al árabe.
    Compusó obras de ficción y publicó algo más de 80 relatos una vez hubo terminado sus estudios medios. Heredero del oficio de su padre, estuvo trabajando en el Ministerio de Asuntos Religiosos entre 1939 y 1954. Desde allí su nivel productivo literario no menguaría, sino por el contrario, alcanzaría su esplendor con grandes proyectos. De aquel tiempo quedaron inconclusos obras como La maldición de Ra (1939), Radophis la cortesana (1943) y La batalla de Tebas (1944).
    Tras sus primeros escarceos con la novela histórica, que no tuvieron mayor trascendencia, con títulos como Caprichos del destino (1939) o Lucha de Tebas (1943), dio un salto al realismo, entrando en una etapa de mayor entidad argumental y técnica. Los mejores ejemplos de esa época son Jan al-Jalilí (1946) y El callejón de los milagros (1947), minuciosas descripciones de los ambientes populares, burgueses e intelectuales de su ciudad natal. Esta novela se convirtió en uno de sus más famosos escritos. Fue llevada al cine por el director mexicano Jorge Fons, que la ambientó en el México actual y con la que ganó el Premio Goya a la mejor Película Extranjera de Habla Hispana en 1996.
    Con El espejismo (1948) y Principio y fin (1949), su obra dio un paso más, al incursionar en la novela psicológica. Dicho tránsito anunciaba uno de los períodos más significativos de su carrera literaria. Fue entonces cuando escribió su afamada trilogía compuesta por Entre dos palacios (1956), Palacio del deseo (1957) y La azucarera (1957) en donde narra los avatares de una familia desde principios del siglo XX hasta los años cuarenta.
    Defensor de la libertad de expresión, los valores universales y la convivencia entre las culturas musulmana y cristiana, Mahfuz fue también un escritor comprometido. Por su apoyo incondicional al tratado de paz entre Egipto e Israel en 1979 y sus ideas laicistas, fue incluido en las listas negras de varios países árabes y víctima de varios atentados.  

   A finales de los ochenta, el líder islamista radical Omar Abdel Rahman, hoy en prisión por el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York en 1993, le condenó a muerte por una de sus novelas más famosas, Hijos de nuestro barrio (1959), levantando la ira de las autoridades religiosas, que prohibieron el libro durante varios lustros. En la actualidad dicha obra está vetada en su país.
    A partir de los años sesenta, sus novelas abordaron cuestiones políticas y sociales de una forma mucho más elíptica, como es el caso de El ladrón y los perros (1961), una crítica del régimen naserista, y Miramar (1967), o en la recopilación de cuentos Historias de nuestro barrio (1975).
   Hombre sencillo y burlón, espíritu liberal en el que fe y razón se abrazan sin mayor problema, permaneció fiel a su condición de escritor insobornable. Su salud comenzó a deteriorarse en 1994, cuando las puñaladas de un integrista le causaron graves daños en la visión y la audición, así como la parálisis del brazo derecho, lo que le impidió seguir escribiendo con normalidad. A pesar de ello, tras someterse a un largo proceso de fisioterapia, Mahfuz consiguió escribir una serie de relatos muy breves, al estilo de los haikus japoneses, algunos de los cuales han sido publicados en la revista egipcia Misfildunia (La mitad del mundo) bajo el título de Sueños de convalecencia.
    Los achaques y las amenazas de los fundamentalistas le mantuvieron desde entonces prácticamente recluido en su hogar, con salidas esporádicas y controladas por la policía. No obstante, Mahfuz mantuvo, dentro de sus posibilidades, una vida literaria activa, participando en reuniones en centros literarios de El Cairo y publicando cada jueves una columna en forma de entrevista en el semanario Al-Ahram Weekly en la que solía abordar asuntos de actualidad política y social. En 2006 falleció en el Hospital de la Policía de Al Aguza quedando enlutado así el mundo de la literatura mundial, de igual manera que su tierra natal, El Cairo.

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