II Encuentro Clubes de Lectura

II Encuentro de Clubes de Lectura. Mazarrón 2017

"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro" Emily Dickinson

viernes, 30 de octubre de 2015

Demonios familiares

Los terribles silencios


   La muerte interrumpió el 25 de junio de 2014 la escritura de Demonios familiares. Sin embargo, la solidez de la novela póstuma de Ana María Matute hace que no se lea como una obra incompleta. Es la concesión de la gran literatura.
    La última novela de Ana María Matute sólo puede considerarse inacabada, al igual que le ocurre a la famosa sinfonía de Schubert, pero no incompleta.
    El poeta y crítico literario Pere Gimferrer acierta a explicar en el prólogo de la novela, que la narración de Ana María Matute no ve dañada su sentido artístico comparándola con otras
obras literarias que también no han visto cumplido su final. Incluso podríamos decir que queda inconclusa, pero que, dada la calidad del modo como resuelve la tesitura vital de su protagonista, la adolescente Eva, no necesita ir más allá para decir lo que ha dicho.
   
El estallido de la Guerra Civil Española y, concretamente, el incendio del convento en el que Eva, la protagonista, estaba internada como novicia, ocasionan su regreso a casa, en un pequeño pueblo del interior del país. Es hija de el Coronel, viejo militar que ha hecho la guerra de África, descendiente a su vez de una rígida familia de derechas dominada con mano férrea por la Madre de aquel. Tanto el Coronel, que ahora sobrevive enfermo en una silla de ruedas, como su Madre no reciben otro nombre, queriendo significar Matute con ello su función de absoluta jerarquía y poder.
   Eva ha nacido y se ha educado en el seno de esa familia sin amor, sin ternura, sin roce afectivo. Quiénes conocen la obra de Ana María Matute saben que ese tema de la precariedad afectiva de una niña es una constante en su obra. Sin ir más lejos, ocupa el centro de Paraíso inhabitado (2010), su título anterior, del que Demonios familiares iba a ser en principio continuación.
    La falta de cariño que rodea a Eva no nace únicamente de la peculiar fisonomía adusta de su padre, el viejo militar que la tuvo ya maduro; ni siquiera se debe únicamente a haber muerto su madre en el parto y haberse criado con un ama. Ambas son circunstancias concurrentes, pero Matute no insiste tanto en ellas como en otro fenómeno muy de su estilo: los silencios, los secretos. La vida de las niñas en 1936, educadas con severa observación de la frontera que marcaban los mayores, quienes las expulsan de su mundo, estaba poblada medias palabras, de secretos inaccesibles y de antiguas heridas no cicatrizadas. Eva las sufre sin llegar a entender casi nada.
   También el mundo de los hechos ocurridos en julio de 1936 es mirado de una manera muy singular. Podría decirse que Ana María Matute había querido que su última novela tratara la Guerra Civil, tema presente en la primera de las que publicó, Los Abel (1948), de igual modo que es asunto central en las que considero su dos mejores obras: Los hijos muertos (1958) y Primera memoria (1959). Demonios familiares, por tanto, vendría a cerrar el ciclo de esos dos títulos, puesto que los sucesos externos narran las consecuencias del alzamiento militar de Franco en un pueblo castellano, pero también los recuerdos que de ello guarda Eva, quien tiene la edad de la narradora y protagonista de Primera memoria.
   También ha dejado la autora en esta última novela suya una lección de profunda humanidad.. El amor que Eva comienza a sentir por el paracaidista del ejército rojo al que Yago y ella esconden en el desván tiene mucho de inocente, porque Matute ha querido que fuera primario, hermoso, elemental aunque el libro no lo desarrolla, al haber quedado interrumpido.

Dibujo realizado por Albert Asensi
   Su autora, que se basa mucho en los silencios, las sugerencias y los valores simbólicos de la Naturaleza, representada por el bosque, y que sirven a Matute, como hiciera en sus obras de corte fantástico, para vincular las dos esferas, las del afecto y la naturaleza, como si Eva tratase de seguir un instinto primordial.
Por encima de ideologías, saltándose incluso la conveniencia, Eva y Yago apuestan por el cuidado solidario del herido, como si ellos también fueran supervivientes de las historias de desafecto que han vivido.

   Dividida en dos partes, en la primera La ventana de los halcones queda asentado el pequeño mundo de Eva, reducido al marco familiar aunque a la vez inserto en el reducido círculo social del Coronel y resuelto el primer nudo narrativo: la etapa del asombro y de la sumisión, la obediencia y la determinación de dar un paso hacia la vida. En la segunda parte, Vértigo, ya desvelado el secreto, el foco narrativo se desplaza y el primer plano lo ocupan los jóvenes, apuntándose la aparición en paralelo de otra historia próxima, la amistad entre Yago y Berni, y el conflicto ético de Eva, agudizado por el drama de su amiga Jovita.
   Lo que de la novela nos ha llegado está excelentemente narrado,
resulta cohesionado, trabajado. No se trata de tanteos, como comenta en el epílogo de su ayudante Mari Paz Ortuño, Ana María Matute había corregido varias veces lo escrito, y eso se nota. Si no supiéramos que quedó inacabada, habríamos celebrado el instinto de su final abierto a varias posibilidades que el lector tiene el desafío de completar con su imaginación.
   Sus novelas no eran autobiográficas… pero ella estaba en todas ellas. Cuando la escritora hablaba de sí misma, lo hacía en tercera persona, como si apelara a esa niña traviesa que siempre fue: "¡Cosas de la Matute!", exclamaba. Hija de familia burguesa, el 26 de julio del 36, Matute cumplía 11 años: mientras ardían las iglesias, los anarquistas colectivizaban la fábrica de paraguas del padre, y la familia escondía un fraile y una monja muy cerca de casa... "Intuíamos aquella guerra, pero no podíamos denominarla. Éramos la Generación de los Niños Asombrados".
    Matute escribió su primera novela aquel verano del 36 en Barcelona y la tituló Juanito. Por las noches iba con una linterna a la habitación de mis hermanos para leerles un capítulo, que acababa con un Continuará… 

"A veces pienso: ‘¿Para qué escribir? ¡Que escriban otros! ¡A mí lo que me gusta es leer!" pero "resulta que no puedes vivir sin escribir..."

Fuentes:
Babelia (El País). Artículo El tirón de la sangre
Estandarte 2014
ABC. Ana María Matute cierra el ciclo

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