miércoles, 25 de septiembre de 2024

Abdulrazak Gurnah

Lo cotidiano


Antes, pocos lo conocían, pero el autor tanzano Abdulrazak Gurnah (Zanzíbar, 1948) se convirtió de repente en un escritor de referencia al recibir el Premio Nobel de Literatura en 2021. Gurnah ya había sembrado una vasta obra narrativa centrada en los efectos del colonialismo y la esclavitud en África oriental. Sus novelas se mueven a través de personajes cotidianos que plasman el choque cultural, el sentimiento de extrañeza y la soledad de los africanos obligados a huir a Europa para sobrevivir.

Durante los primeros veinte años de su vida no se le ocurrió que podría ser escritor. “Primero de todo soy lector, y durante mi infancia y juventud hice crecer esta relación dentro de su complejidad”

El alzamiento violento y la revolución de Zanzíbar en 1964, poco después de que el país hubiera logrado la independencia como monarquía constitucional, marcaron el destino del entonces todavía futuro escritor. Junto a su hermano, Gurnah se vio obligado a huir al Reino Unido para sobrevivir, y esa decisión le cambió radicalmente la vida. Fue una época de añoranza y desubicación, y, para afrontarla, empezó a volcar en sus diarios todo lo que le iba por dentro. Esos textos se convirtieron en la semilla de su novela de debut, Memoria de una partida, que publicó en 1987. Centrada en su experiencia como migrante, refleja sobre todo el sentimiento de extrañeza y el choque cultural de un chico a miles de kilómetros de su hogar.

El tema de la perturbación del refugiado recorre todo su trabajo desde que comenzara a escribir a los 21 años en el exilio inglés, y aunque el suajili era su primer idioma, el inglés se convirtió en su herramienta literaria. En todo su trabajo, Gurnah se ha esforzado por evitar la omnipresente nostalgia por una África precolonial.

En The Last Gift (2011) y en A orillas del mar (2001) (Salamandra, 2022), plasma con precisión y profundidad los obstáculos con los que se encuentra un refugiado tanzano en Londres y cómo queda sometido al limbo de la Administración sin que nadie le ofrezca la ayuda básica para vivir en condiciones.

Abdulrazak Gurnah rompe con las convenciones, cambiando la perspectiva colonial para resaltar la de las poblaciones indígenas. Lo hace, por ejemplo en El desertor (2005) (Salamandra, 2023), donde cuenta una historia de amor llena de contradicciones, que él mismo ha denominado “el romance imperial”. Su universo literario está lleno de recuerdos, nombres e identidades.

Su prosa rechaza las descripciones estereotipadas, que tanto han marcado la historia de Inglaterra y África, y abre una nueva mirada al continente, mucho más diversa y desconocida en otras partes del mundo.

Al leer a Gurnah por primera vez, al lector le asalta la sorpresa de conocer cuán cosmopolita ha sido la costa oriental del continente africano. Comerciantes persas e indios conviven con tanzanos y sultanes omaníes, revelando la nutrida red de intercambio cultural, social y material que existió entre África, Oriente Próximo y Asia antes de la irrupción del colonialismo europeo.


La literatura de Gurnah es la antítesis del heroísmo colonialista que a menudo ha mostrado el prisma occidental: los personajes, sean nativos o colonos, se presentan en las novelas con todas sus fortalezas y debilidades, es decir, con toda su humanidad. “Estoy convencido de que en muchos lugares del mundo la gente siente la obligación de ayudar a los demás cuando se encuentran en una situación vulnerable o de peligro”, dice el escritor.

Sus novelas transcurren durante el período colonial alemán, país que dominó Tanzania, Ruanda y Burundi desde 1880 hasta el final de la Primera Guerra Mundial. En Paraíso (1994) (Salamandra, 2021), uno de sus títulos más conocidos y celebrados, Gurnah describe la llegada de los alemanes y cómo su irrupción rompe con el sistema establecido hasta entonces. La novela refleja con crudeza la brutalidad y la dureza que cae sobre la población local, un tema que retomará también en su última obra, La vida, después (2020) (Salamandra, 2022). El autor habla de un niño robado a sus padres por las tropas coloniales alemanas y que regresa a su aldea después de años luchando en una guerra contra su propia gente.

En la actualidad, Abdulrazak Gurnah es profesor y director de los estudios de grado en el departamento de inglés de la Universidad de Kent. Sus investigaciones se centran en el postcolonialismo, así como el colonialismo especialmente relacionado con África, el Caribe e India.

Diez novelas y numerosos cuentos y ensayos a lo largo de los cuales ha explorado, entre otras cuestiones, el exilio del lugar de origen, pero también dentro de uno mismo, siempre desde la mirada de quienes abandonan el país natal para buscar una vida mejor.

jueves, 22 de agosto de 2024

El último barco

Investigar junto a Leo Caldas
“La ciudad de Vigo, la ría, el clima, esa doble manera de ser ciudad rural y urbana a la vez, ser territorio de frontera... Todo ello hace una implosión en mi manera de escribir”

Otoño. La costa gallega se recupera de los estragos de un temporal. El inspector Leo Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios.

Es la hija del doctor Andrade, Mónica, que vive en una casa pintada de azul. Un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo.

Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.


En El último barco (Siruela, 2019), tercera novela de Domingo Villar y de la serie de Leo Caldas, el ritmo evoca la palabra Paciencia. La meticulosidad de este investigador, que está de vuelta de la vida, hace que todos abracemos su calma, que investiguemos con él, y el autor lo logra. Que veamos lo que él ve, nos emocionemos con ello, que nos hagamos preguntas y lleguemos a conclusiones escuchando las respuestas de los testigos, temiendo las salidas de su ayudante, dando palos de ciego, buscando nuevos caminos cuando llega a un callejón sin salida y cometiendo errores.

El escritor trabaja muy bien las piezas, las ensambla y funcionan. Autor de pocas páginas por capítulo, al que precede una palabra junto su definición relacionada con la trama del mismo, todo lo equilibra con el lenguaje desde la oralidad, una literatura que sale de la voz humana, y la musicalidad.
“Yo para estar convencido que mi texto vale se lo tengo que leer en voz alta a una persona cercana; primero durante mucho tiempo a mi padre, luego a mi mujer, luego a mis hijos. Y luego, cuando yo siento que suena, en castellano y gallego”
Nos movemos entre Vigo y una parroquia de Moaña (en la península del Morrazo). De ahí que el mar y la costa se conviertan en protagonistas. Sentiremos la brisa salina y notaremos las salpicaduras. En la playa de Videira podemos hacerles fotos a los pájaros como Walter Cope pero, sobre todo, conoceremos al gremio pesquero, los oficios artesanos y el arte, esos edificios emblemáticos que desaparecieron de un día para otro por intereses inconfesables y la descripción pormenorizada de la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo con un elemento adicional a su entorno: el vagabundo Napoleón, que suele frecuentar la Escuela y que regala a Leo Caldas citas célebres y diálogos entretenidos.

Y como bien afirma Villar, en Galicia “todo se celebra en la mesa”. Leo Caldas come, suspira y bebe vino blanco. Un personaje que escucha la conversación de los catedráticos en la existente Taberna Eligio, ubicada en en la travesía Aurora, en el número 4, y regentada por Carlos Álvarez, el yerno de Eligio. Por ella pasaron artistas como Lugrís, Laxeiro, Celso Emilio Ferreiro o Cunqueiro.

Los personajes de Domingo Villar los terminas queriendo a todos. Y lo justifica. Lo malo que hacen lo mezcla con el ambiente, siempre gallego, que le va como permitiendo lo que hace, o haciendo entender. El personaje y el ambiente se dibujan de una manera clásica en la literatura gallega desde siempre. Y para dibujos, los de Camilo. El inspector Caldas tampoco es una excepción, ya que sus historias familiares y amorosas estarán bien presentes y tendrán su influencia en el transcurrir de los acontecimientos. Por otra parte, y aunque los personajes no sean excesivamente elaborados, es capaz de sacar una sonrisa con la construcción de los mismos como el padre del inspector Caldas o su propio compañero, Estévez.

El último barco trata del lugar que nos acoge, de la naturaleza, de la vocación artesana, de la amistad, de la generosidad, de la aceptación del diferente, de la crueldad de un asesino y otra serie de valores que el texto simplemente transpira sin que nadie se empeñe en convencernos de nada. Todo ello narrado con la crudeza necesaria, sin ningún morbo añadido, sin concesiones a ningún sentimentalismo.

Colección de poetas: Luis García Montero


Luis García Montero (Granada, 4 de diciembre de 1958).

Poeta, narrador, ensayista, profesor de Literatura Española. y, desde julio de 2018, director del Instituto Cervantes.

Licenciado en Filosofía y Letras, es catedrático de la Universidad de Granada, en la que desempeñó diversos cargos como la dirección del Secretariado de Extensión Universitaria.

Representante de la tendencia lírica denominada "nueva sentimentalidad", que surge en Andalucía a finales de los años setenta, se inicia en el mundo de la poesía en 1980 con Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn.

En 1982 publica Tristia realizada en colaboración con Álvaro Salvador. En 1983 edita El jardín extranjero, Premio Adonais de Poesía en 1982, y el libro-disco Rimado de ciudad, un conjunto de poesías de musicalizadas por grupos de rock granadinos. Un año después publica Égloga de los dos rascacielos. Y en 1987, Diario cómplice y Mil novecientos diecisiete versos para los socialdemócratas. En 1991 publica el poemario Las flores del frío, al que siguieron Luna en el sur, además de Confesiones poéticas y Habitaciones separadas. Con este último obtiene el VI Premio Internacional de Poesía de la Fundación Loewe, en 1993, y el Premio Nacional de Poesía, en 1994.

Sigue publicando obra poética de forma continuada hasta la actualidad, y también ensayos sobre literatura española como El sexto día. Historia íntima de la poesía española (2000), Un lector llamado Federico García Lorca (2016) y con motivo del centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós, publica La realidad de una esperanza. Galdós, la memoria y la poesía (2020)

Además ha escrito varias novelas como Impares, fila 13 (1996), escrita junto a Felipe Benítez Reyes, Mañana no será lo que Dios quiera (2009), biografía del poeta Ángel González, que recibió el Premio del Gremio de Libreros al mejor libro del año, o Una forma de resistencia (2012).

El año en que fallece su mujer, la escritora Almudena Grandes, aparece el libro de poemas No puedes ser así. Breve historia del mundo de poemas (2021)

En 2022, publica Prometeo, una propuesta de diálogo intergeneracional entre dos Prometeos: el joven, que duda del acierto de su rebelión dado el castigo que trajo consigo, y el anciano, que desde su experiencia le muestra el triunfo que conlleva siempre buscar el bien común. Ese mismo año, llega Un año y tres meses. que reúne los poemas escritos por Luis García Montero a raíz de la pérdida de su mujer. Son poemas que evocan con delicadeza y emoción contenida a veces, desatada otras, la enfermedad y la convalecencia de ella, la vivencia y la emoción de lo vivido. Ya con Almudena (2024) pone el capítulo final a una bella y larga historia de amor.

La característica más destacable de Luis García Montero es el narrativismo histórico-biográfico de sus poemas, de una estructura casi teatral o novelística con un personaje o protagonista que cuenta o vive su historia a través de la memoria, del recuerdo o del deseo.

Domingo Villar

El hombre tranquilo


Escritor y periodista español, Domingo Villar destacó por su trabajo como guionista de cine y televisión, además de por su labor realizando crítica gastronómica en radio y colaborando con varias publicaciones.

Con su primera novela, Ojos de agua (2006), logró un gran éxito, tanto nacional como internacional, siendo ganador de premios como el Sintagma, el Premio Brigada 21 o el Premio Frei Martín Sarmiento.

Traducido a más de 9 idiomas, Villar continuó con las aventuras de su personaje principal, el inspector Leo Caldas, en su segunda novela, La playa de los ahogados (2009), que supuso su consagración en el panorama internacional de la novela negra. La obra saltó al cine de la mano de Gerardo Herrero y el papel del inspector de policía fue asumido por Carmelo Gómez. Tuvieron que pasar varios años para que el escritor publicase la tercera entrega, El último barco (2019).

En sus novelas pone el acento en emocionar al lector. Colocaba de forma prioritaria la naturaleza humana para llegar a esa emoción y conectar con todos con un lenguaje elegante, pulcro, limpio, nítido.
  
Su serie de libros ha sido traducida a más de 15 idiomas y ha cosechado un gran número de premios como el Antón Losada Diéguez, Libro del Año de la Federación de Libreros de Galicia, Crime Thriller Awards y Dagger International en el Reino Unido, Premio Le Point du Polar Européen en Francia y Martin Beck de la Academia Sueca de Novela Negra, entre otros.

El 19 de mayo de 2022, Domingo Villar fallece a los 51 años a causa de un ictus. El escritor había terminado una obra de teatro y estaba escribiendo la cuarta entrega de Leo Caldas. Asimismo, se preparaba, bajo su supervisión, una serie de televisión protagonizada por su personaje y dirigida por los hermanos Coira.

En 2023 se publica Síbarís, la obra teatral póstuma de Domingo Villar sobre el éxito y la creación, que es representada por la Compañía teatral gallaga Condetrespés.

Ese mismo año, fue reconocido en su ciudad natal con el título de Vigués Distinguido, por toda su trayectoria literaria en la que Vigo siempre ha tenido un lugar protagonista. Destacaba en la construcción y descripción de atmósferas de la Ría de Vigo. Decía que escribía y creaba esas tramas porque tenía la necesidad de hacer un canto de amor a su tierra, y todo estaba orientado a eso.