De joven, el escritor Jose Luis Sampedro quiso bañarse con su familia en el río Tajo en un embalse cerca de Aranjuez. No pudo porque estaba lleno de troncos. “Daban vueltas sobre sí mismos cuando se andaba, sin embargo, se paseaban unos hombres con unos ganchos. Iban, venían, encaminaban esos troncos y los hacían caer por un canalillo que hay en la presa del embalse y que está hecho precisamente para que puedan continuar su camino"
Los gancheros fueron unos conductores de troncos de madera cortados que aprovechaban el cauce de los ríos. En 1961, José Luis Sampedro escribió la novela El río que nos lleva donde hablaba de este trabajo que realizaban en algunos pueblos de la Serranía de Guadalajara, en el Alto Tajo.
El escritor rinde así homenaje a los gancheros del río Tajo en su labor de transportar la maderada río abajo, desde la Serranía Ibérica, en Guadalajara, hacia los barrancos, hitas y parameras de La Alcarria, desembocando finalmente en la vega de Aranjuez, ya en la provincia de Madrid.
La acción, situada en España en la década de 1940, se inicia cerca del pueblo de Zaorejas. En los caminos que llevan a él se van a encontrar los tres protagonistas de la novela: "Todo estaba dispuesto, aunque nadie lo supiera, porque la vida no avisa..." Con esta sentencia inicia Sampedro la novela.
Recorrido de la maderada trazado por Sampedro en su novela.
El río que nos lleva es una novela de gran contenido simbólico cuyo tema último es la dignidad humana. De lenguaje áspero pero sensual, su ritmo narrativo parece acompasarse al fluir del propio Tajo, que sirve de fondo para la peripecia de esta cuadrilla de gancheros.
Sampedro organiza la novela a partir de tres hexagramas del Libro de las Mutaciones:
KAN es la montaña, la simiente, la puerta que se abre, el ave de negro pico, el árbol recio y nudoso. Es el Noroeste, es el Invierno.
TCHAN es el dragón, el violento, el camino real, el amarillo, el fuerte y el lujurioso, el bambú joven, el tambor. Es el Noroeste, trae la Primavera.
LI es el relámpago, el fuego, el sol ardiente, la lanza, la sequedad, el galope, el puñal, al alacrán. Es el Este, hacia el Verano.
El autor plantea el paralelismo entre el río (fenómeno natural) y la vida de los habitantes. La acción transcurre en el marco de la sociedad rural castellano-manchega, en la que el Tajo constituye un lugar de vida y muerte. Testigo de alegrías y tristezas, del aislamiento y de las duras condiciones de vida. La vida fluye simbólicamente del mismo modo que el río lleva los troncos, y la historia de los personajes avanza por la geografía, al mismo compás que los troncos de madera, descortezados, río abajo, dando nombre a los capítulos los lugares por los que transitan: La Escaleruela, Alpetea, Huertahernando, La Tagüenza, Oterón, Ocentejo, Sotondo, Azañón, Trillo, Viana, La Esperanza, Entrepeñas, Anguix, Zorita de los Canes, Mazuecos, Buenamesón, El Regolfo, Aranjuez. Entre tanto, por sus páginas se ha ido hilando la trama, entre la "naturaleza solidaria" y la herida incurable de "las dos Españas".
Es Roy Shannon quien va narrando esta última aventura de aquellos hombres de honor. Roy es un irlandés de 32 años que tras vivir el desastre la segunda guerra mundial ya no cree mucho en el hombre. Camino de Inglaterra visita España en busca de sus orígenes y se encuentra con Paula "una mujer envuelta en sombra", que lo lleva hasta un campamento donde están los gancheros "pastores de bosques flotantes", unos hombres primitivos, valientes y generosos comandados por un hombre al que todos llaman "El Americano", en un tiempo emigrante en el Nuevo Mundo y eje del triángulo emocional que centra la trama.
Ciertamente la historia no tendría sino la descripción de una labor de hace años, pero introduce una compleja historia sentimental que acaba con un desenlace simple, de tipo novelesco. Enfoca muy bien el tema de los celos, del amor, la atracción, la soberbia y el deseo como capricho que se convierte en un asunto de honor. En la historia rezuma la mentalidad de toda una época, con sus costumbres, miserias, formas de sentir unidas al honor y las desigualdades sociales.
Shannon, el Americano (Royo), Santiago, el Galerilla, el Chepa, Cuatrodedos, el Dámaso, el Correa, Cacholo, el Felipe, Tuerto, el Seco, el Tejedor. Y Paula. El paisaje, la comida, las conversaciones todo participa del viaje a través del cual irán aflorando las emociones, los sentimientos enfrentados.
El asunto sentimental comienza como una neblina en la novela, que irá in crescendo, hasta ser lluvia y acabar en una tormenta. Paula está con ellos. Creará tensiones pero solapadamante, en los pensamientos de cada cual. La desean cada cual a su manera. De uno en uno van hablando con ella, queriendo situarse en ella, con ella. Quieren ayudarla. Ella dice “mi vida es pa arrastrarla yo sola.” Todos tienen su historia y su manera de ser peculiar.
“El problema irá siendo peor cuando bajemos; Irán llevando más tiempo sin mujer y además se echará la primavera, con la tierra caliente. El río va más sereno, los palos bajan casi solos y hay más tiempo para pensar.”
El autor va creando una tensión emocional, hace ver que va a suceder algo. El lector ha de seguir el hilo de la novela, a la espera de acontecimientos.
El río que nos lleva fue adaptada al cine en 1989 y dirigida por Antonio del Real, con guion de Antonio Larreta supervisado por el propio Sampedro y Del Real.
En el reparto principal: Alfredo Landa, como el Americano; Toni Peck, hijo de Gregory Peck, interpretando al irlandés Shannon y Eulalia Ramón como Paula.
La historia tiene un desenlace que retrata a su autor: triunfa la dignidad y la solidaridad, que se defiende a lo largo de toda la novela.
Cuando uno nace en Barcelona, su madre en Argelia, su padre en La Habana, su abuela en Lugano y su abuelo en Manila, con un año se va a vivir a Tánger, en la adolescencia se instala en Aranjuez, y después recorre muchos lugares más a lo largo de todo el mundo; cuando todo esto pasa, uno destila muchas cosas y todas interesantes. la tolerancia, la mezcla de ideas, de costumbres, de experiencias y de inquietudes.
José Luis Sampedro (1917-2013) fue funcionario de aduanas en Santander primero y después estudió Ciencias Económicas en Madrid, donde tuvo lugar la mayor parte de su carrera profesional. A la economía se entregó, haciendo todo lo posible por que fuera "más humana". Fue profesor en la Universidad y llegó a ser catedrático de Estructura Económica en la Universidad Complutense de Madrid. Fue directivo del Banco Exterior de España, aunque luego criticó a los bancos y su poder. Y, junto a la economía, también vino todo lo demás: la literatura, el pensamiento, las conferencias… Todo con un halo de cercanía, sensatez y “filosofía a pie de calle” que lo convirtió en un escritor y orador seguido por masas, el pensador de cabecera para muchos.
Su vida literaria se gesta en Aranjuez. Su novela, por la que se da a conocer, El río que nos lleva (1961), esa maderada que muere en el río Tajo, nos la sitúa en esta ciudad, así como, en su obra Real sitio (1993), también ambientada en Aranjuez.
Madrid fue realmente el detonante de su formación intelectual. Era un chico muy precoz, a los 16 años acabó el bachillerato, hizo dos cursos en uno, se presentó a unas oposiciones, las sacó en seis meses. Allí estuvo en contacto con gente con la que nunca se había relacionado. No solamente de clases sociales distintas, sino también de otras ideologías, lo cual contribuyó a una gran apertura de mente.
En 1952 publica su primera novela, Congreso en Estocolmo, tras la asistencia a un congreso bancario. La novela fue bien acogida por los críticos de entonces, Torrente Ballester y Eugenio de Mora.
A mediados de la década escribió la obra de teatro Un sitio para vivir (1958), una comedia en tres actos contra el desarrollo económico insostenible que como catedrático de Estructura Económica ya proclamaba entonces. En lo literario empieza la década de los 70 con El caballo desnudo, su novela más divertida, más corta y la única que escribíó de un tirón. En cambio, su novela mundo, Octubre, Octubre (1981) la concluyó tras diecinueve años. En ella se entrelazan historias fechadas en tiempos diferentes lo que entraña una estructura bastante complicada. Lo que él no sabía es que esta novela fue el inicio de la trilogía títulada Los círculos del tiempo, cuyos dos títulos siguientes son La vieja sirena (1990) y Real Sitio (1993). En 1977 tuvo un paso fugaz por la política, donde fue senador por designación del rey, durante la legislatura constituyente. Duró un poco más de un año.
“Los hombres, con la soberbia que nos caracteriza, pensamos que dirigimos los acontecimientos, que somos los que dirigimos la historia, que llevamos el timón del barco. En cierta medida sí. No cabe duda de que la voluntad humana entra y, por decirlo así, interfiere en la evolución natural, pero con límites enormes, porque en el fondo somos, no los autores, sino los protagonistas de una obra de teatro”.
En el terreno personal, sin duda lo más relevante fue el nacimiento de su nieto en el ochenta, que a su vez se convirtió en acontecimiento literario. La novela inspirada por este pequeño, La sonrisa etrusca (1985) resultó ser la más popular, la más vendida, la más conocida y traducida, proporcionándole muchas satisfacciones.
Tras El amante lesbiano (2000), novela con la que rompió muchos tabúes, a José Luis Sampedro le dió tiempo a volverse a casar, a doctorarse nuevamente, esta vez Honoris Causa por las Universidades de Sevilla y Alcalá de Henares, a seguir impartiendo conferencias y a publicar títulos sobre economía y novelas como La senda del drago (2006) sobre su preocupación por la preservación de la naturaleza frente a la codicia y Cuarteto para un solista con Olga Lucas (2011), novela de ideas, alegoría de nuestro tiempo y radiografía del ser humano en toda su complejidad..
De la asamblea del 15-M de Chamberí (su barrio madrileño), al Ministerio de Cultura (que en 2011 le concedió el Premio Nacional de las Letras); de los vecinos anónimos de Mijas (donde pasaba parte del invierno) a sus ilustres colegas de la Real Academia Española (que en 1991 le vieron ocupar el sillón F), pocas veces un intelectual español habrá sido tan reconocido en sitios tan distintos como José Luis Sampedro y tan llorado tras su fallecimiento en 2013.
“Sin libertad lo que vivo no es mi vida, sino la vida que me imponen”. Esta frase, que salió de la mente y el compromiso de José Luis Sampedro, resume las ideas de este economista, escritor y humanista español. La defendió sin descanso. Y dentro de ese cofre incluía todas las libertades: la personal (“Hazte quien eres. Sin doblegarte, sin hundirte, sin ceder”), de pensamiento («Para vivir hay que ser libre, para ser libre hay que tener el pensamiento libre y para tener el pensamiento libre hay que educarse») y con respecto al dinero (“Poner el dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe”)
La familia no es un buen lugar para guardar un secreto
«Qué bonitos son los 'campings'», exclama divertido Ignacio Martínez de Pisón.
Fin de temporada (Seix Barral, 2020) nació, cuenta el autor, de una conversación de bar con un amigo extremeño. Era la historia de una pareja de novios de Plasencia que saliendo apenas de la adolescencia, ella con 17 y él con dos años más, decidieron trasladarse a Portugal para acudir a una clínica abortista. Por el camino, un accidente de tráfico segó la vida de él y a ella le hizo cambiar de intención. Tendría el hijo. «Lo bueno de esa historia es que solo conocí el arranque, mi amigo no me pudo dar más datos. Eso me permitió dejar vía libre a la imaginación y construir a placer el destino de esa madre y ese hijo».
Otra vida posible
Martínez de Pisón ambienta ese principio en 1977. Casi veinte años después, Rosa y su hijo Iván comienzan el que será el proyecto de su vida, la recuperación de un camping en la Costa Dorada, en Miami Platja, junto a su última amiga, Mabel. Desde que Iván nació han vivido en diferentes lugares, siempre de forma provisional, siempre solos, huyendo de un pasado que no tardará en alcanzarlo.
Esta es una novela sobre la fuerza, a veces envenenada, de los lazos de sangre; sobre secretos familiares que hacen que cada generación se vea abocada a repetir ciertos errores, y sobre cómo saber nos transforma en otras personas.
Ignacio Martínez de Pisón traza personajes memorables, como la figura de Mabel, y una relación madre e hijo extraordinaria en esta historia que recorre casi un cuarto de siglo y nos descubre que el pasado no resuelto es una trampa vital aunque intentemos ignorarlo, o precisamente por ello.
En la vida de estos tres personajes viene a aterrizar un ser hasta cierto punto de otra dimensión, la francesa Céline, pareja de Iván. La joven llega a un ambiente de fuerte carga emocional, una telaraña de tensiones personales provocadas por la frustración, el amor, la rivalidad, los celos, también la precariedad. Destacamos el paralelismo de la protagonista de Nada de Carmen Laforet, Andrea, tanto aplicable para Iván como para Céline.
Otros personajes de la novela relacionados directamente con el pasado de Rosa vienen a completar un cuadro humano sofisticado y necesario. El muchacho se mueve entre tres o cuatro mundos y no acaba de sostener convenientemente el peso: por una parte, el origen familiar extremeño, anclado en una España para él arcaica, la de 1977, que repudia a las madres solteras; un Portugal no mucho más avanzado en que podía realizarse un sueño indefinido, pero seguramente no ideal o acaso negativo para él, y por último la Francia que había acogido a los emigrados españoles en una sociedad más tolerante y avanzada.
En definitiva, el estilo del escritor zaragozano asegura a la novela una voz eficiente, adecuada y determinada. El autor es capaz de dibujar y manejar todas las figuras con significativa pericia. Y la ambientación a finales del milenio anterior, en medio de las incipientes telecomunicaciones, es bien realista. En esta sutil recreación del mito de Isis y Osiris se aborda el problema del aborto de un modo personal y familiar, no político, y que muestra una relación posesiva por parte de la madre que se niega a que su hijo crezca y se vaya, lo que no deja de ser una relación cada vez más tóxica.
Una historia de relaciones personales, de pérdidas, de renuncias, de paisajes, de amores perdidos y secretos. Un retrato de una época de España en la que estaba saliendo de una dictadura, en la que la moral, las relaciones sexuales, el aborto y tantas otras cosas estaban cambiando.
Nunca hasta ahora se había acercado tanto Pisón a la actualidad como en esta novela: «Entonces teníamos la sensación de que las cosas iban a ser estables y tranquilas, que el futuro iba a seguir siendo así. Y sin embargo, era el final de una época, un fin de temporada, en el que nadie imaginaba que poco después iban a caer las Torres Gemelas, la amenaza de los fanatismos islamistas, la crisis económica y, finalmente, la pandemia».
Uno de los dioses más transcendentales del Antiguo Egipto era Osiris, el dios de los muertos. Su esposa era Isis.
Cuenta la leyenda que Osiris había reinado en Egipto y había enseñado a los hombres la cultura y las artes de la agricultura. Gobernaba la franja fértil del país y su hermano Seth, el desierto estéril, por eso le tenía envidia. Así que Seth organizó una fiesta e invitó a su hermano Osiris.
En la fiesta había un ataúd muy grande y muy lujoso. Seth prometió que se lo regalaría a aquel que cupiera en su interior perfectamente. Todos lo probaron sin éxito, pero al entrar Osiris, Seth y sus compinches se abalanzaron para cerrar la tapa y la clavetearon para que no pudiera salir. Cogieron el ataúd y lo tiraron al río.
Isis encontró el ataud y lo dejo a la orilla del río para que al día siguiente hacer los rituales que le permitirían pasar al Más Allá. Más tarde esa noche, Seth volvió al Nilo, para asegurarse de que el cuerpo de Osiris había desaparecido del río. Encontró el cadáver de su hermano fallecido y lleno de ira, cortó el cuerpo de Osiris en catorce trozos y los esparció por todo Egipto. Isis, con ayuda del dios Anubis, fue juntando uno a uno los pedazos y recompuso el cuerpo.
Cuando despertó Osiris, Isis se convirtió en un ave y voló sobre él levantando un aire que le reanimó y posándose sobre él, se quedó embarazada de su hijo Horus. Pero aunque Osiris resucitó, pasó a reinar en el de los muertos.
Esta leyenda dio origen a que los egipcios pensaran que Horus se encarnaba en el rey mientras vivía, sin embargo al morir, se convertiría en Osiris.
Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es Premio Nacional de Literatura 2015 por su novela La buena reputación (2014), que recoge alguno de sus principales temas de interés: los conflictos familiares, el valor de los secretos y la pervivencia del pasado. El autor traza en sus novelas “un dibujo en que casa muy bien lo interior y lo exterior, lo psicológico y lo social, la historia familiar y la crónica política, hasta logar un cuadro muy coherente de la vida sentimental y política de la España de la segunda mitad del siglo XX.
Martínez de Pisón es también "escritor en su tinta", y pudimos disfrutar de ese encuentro en la clausura del ciclo que se celebró en 2017 aquí, en Molina de Segura.
La ternura del dragón (1984. Premio Casino de Mieres), su primera novela, Nuevo plano de la ciudad secreta (Premio Torrente Ballester en 1991), El fin de los buenos tiempos (1994), Carreteras secundarias (1996), María bonita (2001) libro que leen los alumnos de las escuelas europeas, El tiempo de las mujeres (2003), Dientes de leche (2008) y La buena reputación (2014; Premio Nacional de Narrativa, Premio Cálamo al Libro del Año) ), es la larga lista de publicaciones que avalan a Ignacio Martínez de Pisón como un autor de relevancia a la que hay que añadir el ensayo Enterrar a los muertos (2005), el escritor cuenta el encuentro en 1916 entre José Robles Pazos, traductor de Manhattan Transfer, y John Dos Passos, el libro de relatos Aeropuerto de Funchal (2009), la novela de no ficción Filek (2018) y los libros para jóvenes lectores Los hermanos Bravo (1998), Una guerra africana (1998) y El viaje americano (1999).
Además de ser escritor, columnista y crítico literario es guionista de cine y televisión. Carreteras secundarias, película homónima de la novela del escritor, y Las trece rosas son las dos películas del director Emilio Martínez Lázaro para las que Martínez de Pisón escribió el guion. Además nuestro oscarizado Fernando Trueba fue su compañero de viaje en el guion de la película Chico & Rita.
En 2011 se confirma como uno de los novelistas más importantes de la actualidad con la novela El día de mañana. con la que fue finalista del Premio al Libro Europeo de la Unión Europea y recibió el Premio de las Letras Aragonesas, el Premio Ciutat de Barcelona 2012, el Premio de la Crítica de narrativa castellana, el Premio Hislibris 2011 al mejor autor español y el Premio Espartaco Semana Negra de Gijón 2012. La novela se convirtió en una serie de televisión dirigida por Mariano Barroso.
Hay críticos que hablan de dos etapas en la carrera literaria de Ignacio Martínez de Pisón: Las dualidades a las que me he venido refiriendo, interior/exterior, sentimental/político, personal/social, tienen además la particularidad de delimitar dos ámbitos de predominancia en el desarrollo de su propia obra novelística. Podría decirse que hay en ella dos etapas: la primera comprendería el ciclo formado por cuatro novelas familiares, que comienza con la infancia de La ternura del dragón, la adolescencia de Carreteras secundarias, ambas edades asimismo en tránsito en María bonita, y que culminan con el acceso a la juventud liberadora del nido de los padres por parte de tres hermanas de una familia burguesa de Zaragoza en El tiempo de las mujeres, la novela más ambiciosa y lograda de esta primera etapa con la que Martínez de Pisón pone broche a su ciclo social-familiar.
El segundo ciclo comienza ya con la que pasó como novela juvenil, la titulada Una guerra africana, ambientada en la guerra de Ifni y el ensayo Enterrar a los muertos. Lo que ocurre es que sus dos novelas siguientes, Dientes de leche y El día de mañana, suponen el casamiento de las dos direcciones porque se sirve de unas historias familiares-personales recorridas en un fondo socio-político.
Posteriormente en Fin de temporada (2020), hace una recreación del mito de Isis y Osiris para abordar el problema del aborto, para Carlos Parso, crítico de El País “en una novela que desarma por su emotividad y clarividencia psicológica. Los personajes se debaten entre la fluidez y la fidelidad. Es una transgresión implícita en cualquier vida. Vivir es traicionarse. Ser feliz es abandonar a los tuyos.”
En 2023, regresa con Castillos de fuego, una ambiciosa novela coral en la que mezcla una soberbia y documentada ambientación histórica con el fascinante devenir de un puñado de personajes inolvidables, y que supone la culminación de una gran trayectoria literaria celebrada por crítica y público.