miércoles, 8 de abril de 2026

Annie Ernaux

Sin filtros



El mundo de las letras despidió a Annie Ernaux, escritora francesa y premio Nobel de Literatura 2022, el 9 de diciembre de 2024, su fallecimiento dejó a sus lectores en un luto profundo y reflexivo.

Ernaux, conocida por su aguda capacidad para transformar lo cotidiano en universal y explorar con valentía los rincones más íntimos de la experiencia humana, marcó un antes y un después en la narrativa contemporánea.

Nacida el 1 de septiembre de 1940 en Lillebonne, Normandía, Ernaux creció en un entorno modesto que impregnó gran parte de su obra. Estudió en Rouen y luego en la Sorbona, enfocándose en literatura moderna. Su sensibilidad hacia las tensiones de clase, género y memoria comenzó a manifestarse tempranamente en su trabajo, consolidándose en una trayectoria que abarca más de cuatro décadas.

El corpus literario de Ernaux es notablemente autobiográfico, combinando la introspección personal con una mirada sociológica que captura los matices de la vida cotidiana. Su estilo, directo y despojado de artificios, es una exploración constante de la verdad, una disección de las relaciones entre el yo y el entorno. Sus temas son la memoria, la identidad, el paso del tiempo, las diferencias de clase o la condición femenina.

Entre sus obras más celebradas se encuentra "La Place" (El lugar, 1983), una crónica de la vida de su padre, donde explora la distancia emocional y social que marcó su relación, especialmente tras su ascenso al mundo intelectual. Este libro la consagró como una maestra del relato breve y la observación minuciosa.

En "Los años" (Les Années, 2008), alcanzó un pináculo literario, desarrollando una autobiografía colectiva que entrelaza recuerdos personales con la historia cultural y política de Francia en el siglo XX.

Otros títulos, como "El acontecimiento" (L'Événement, 2000), donde relata su experiencia con un aborto clandestino en los años 60, o "Memoria de chica" (Mémoire de fille, 2016), que narra su despertar sexual y emocional, ejemplifican su coraje para abordar temas tabú desde una perspectiva profundamente humana.

Ernaux abrazó lo que se ha llamado una "literatura del yo", aunque su mirada siempre desbordaba lo individual para conectar con lo colectivo. Su escritura, descrita por ella misma como una forma de "justicia poética", es incisiva, casi quirúrgica, y a menudo impregnada de una melancolía que no rehúye la brutalidad de la vida.

Su obra también desafía las jerarquías literarias, reivindicando la legitimidad de la experiencia femenina y las historias de quienes suelen ser relegados al margen. Con Ernaux, el acto de escribir se convierte en un acto de resistencia, un compromiso ético con la memoria y la verdad.

Aunque admirada durante años en Francia, Ernaux alcanzó una audiencia global más amplia tras recibir el Premio Nobel de Literatura en 2022. El comité del Nobel elogió "el coraje y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los extrañamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal". Este reconocimiento no solo subrayó su importancia como cronista de su tiempo, sino que también la convirtió en un referente para nuevas generaciones de escritores.

Annie Ernaux fue, en esencia, una exploradora incansable de la memoria, una arquitecta de la identidad y una voz imprescindible para entender los matices de la existencia contemporánea. Su partida nos invita a releer su obra con la misma atención y respeto que ella puso en cada palabra, cada recuerdo, cada línea cargada de verdad.

martes, 7 de abril de 2026

Colección de poetas: Anna Ayanoglou


Anna Ayanoglou es una poeta y escritora francesa contemporánea, reconocida por una obra que explora el desarraigo, la identidad y la memoria familiar.
Nació en 1985 en Francia, y creció en París. Tiene orígenes familiares diversos, entre ellos griegos, lo que influye profundamente en su escritura.
Estudió lengua y literatura rusa, y posteriormente vivió varios años en países bálticos como Lituania y Estonia.
Desde 2014 reside en Bruselas, donde trabaja como profesora de francés y participa activamente en el ámbito cultural.
Además de escribir, ha dirigido y presentado un programa radiofónico dedicado a la poesía internacional, en el que difunde textos en versión original y traducida.
Su obra poética se caracteriza por un estilo íntimo y reflexivo, centrado en temas como el exilio, el amor, la memoria y la pertenencia.
Sus principales libros son Le fil des traversées (2019), su primer poemario, inspirado en su experiencia en los países bálticos, Sensations du combat (2022) y Appartenir (2024), obra centrada en la historia familiar, la herencia y las raíces griegas.
Su poesía suele explorar el desarraigo y la migración, reflexiona sobre la identidad y la herencia familiar y combina lo íntimo con la memoria histórica y cultural. La escritora usa un lenguaje preciso, sensible y narrativo.
Anna Ayanoglou no tiene “poemas famosos” individuales al estilo de autores clásicos, porque su obra se organiza sobre todo en libros-poema (especialmente Le fil des traversées). Aun así, sí hay fragmentos y poemas destacados que suelen citarse y estudiarse.

Poemas

La hoguera

Hay un cierto origen, que mi nombre dice

su insoportable intensidad, a veces

De cada salida

es el centro de gravedad

— una hoguera junto a la cual

evoluciono

Y hoy

me vienen recuerdos del Mediterráneo —

tanto sirios como griegos diciendo no

arqueando las cejas

o con una seca afirmación

— es dulce, no los conozco

ya me resultan familiares

— no quieren volver a enseñarme

Y sin esperar nada de ellos

puedo entrar en calor — entre ellos

sin miedo a ser consumida.

Bastarda

Además de a los ignaros

debo enfrentarme a los bienintencionados

que se atribuyen el derecho de perfilar los reflejos

cuya incultura les asigna parentesco

hasta que las realidades con sus entramados

vienen a molestarlos

y hay espinas 

— mis raíces intrusivas

aguantad a la inapropiada, a la inconveniente

que apenas sabe expresarse

que viene tan poco, siempre muy tarde

aguantadla, sin rencor, sin piedad

y por favor, todos vosotros, no os molestéis más

                            en contarme mi historia.

Sin título

Te sumerges, ojos abiertos

en su alteridad

Saltas y jugueteas

— esta alegría de la novedad

Y empiezan a creer que te han conquistado

— ellas, especialmente

que les pertenecerás para siempre

— tu pasión demuestra su superioridad, ¿verdad?

Llegará el momento, en cambio, en que resurgirás

porque siempre resurges

en que bajo los reproches del desamparo

retornarás a la tierra — inestable y desnuda

a todos sus vientos contrarios.

No ser

Nada más que compuesto, aglomerado

— de lenguas cercanas, domesticadas

luego el tiempo pasa, y nada, ellas dormitan

y sus vínculos junto a ellas

— mas todo dormita — las tierras, de ancestros

o sin, poco importa, en verdad

— todos, los miembros fantasma

aflicciones centelleantes

que se despiertan con intermitencia.

Opio

Esos días en que te arrastras

la imaginación hambrienta de un absoluto amor

— no es que busques volver a lo que fue

a las llamas pasadas, o a las que compartíais

— hace ya mucho tiempo, y tú sabes demasiado, ya

quieres, o es la muerte

del querer, ferozmente

                                Los sueños, a veces, se apiadan de ti

Una mañana sin despertador te envían una escena

llena de posibles

un rostro viril — ignoras su nombre

él es de otro continente

le has visto en alguna parte, en las noticias

en una revista

Entonces

tantos días como tu espíritu pueda aguantar

en variaciones, en fugas

te apuntalas en refugios de amor loco

la palabra soberana por baile

que perdura, perdida

— de este antes

cuando aún nada es mezquino, irremediable.

lunes, 2 de marzo de 2026

La guerra de los patos

Esa "incívil" guerra 

Con un magnífico prólogo del profesor Miguel Ángel González Sánchez, que fue amigo y vecino del autor y que nos da las claves para su lectura, La guerra de los patos es una novela escrita por Salvador García Aguilar, terminada en 1980 y publicada originalmente en 1994, siendo una de las obras posteriores del autor tras su consagración literaria.

Se incluye dentro de su producción narrativa que refleja memorias, temas personales y toques autobiográficos. El relato está enclavado en el espacio mítico de Gailindo, "el pueblo que en los mapas oficiales se denomina Rojales".

La obra es una novela de narrativa contemporánea (publicada por la Diputación Provincial y reeditada en 2024 por Ayuntamiento de Rojales con motivo del centenario del nacimiento del autor) que aborda principalmente recuerdos de infancia y experiencias personales de García Aguilar que marcaron su vida y carácter durante un período muy corto, de 1933 a 1940

El autor utiliza esta historia para plasmar una serie de vivencias personales y momentos que quedaron profundamente grabados en su memoria. Es una obra que mezcla memoria, nostalgia, experiencias vividas y reflexiones sobre situaciones cotidianas o simbólicas en la vida del narrador o personaje central. 

Según el autor es lo que se llama una "novela de formación". Un ejercicio llevado a cabo "para hacer dedos", "para expulsar los diablos". Considerada como una obra menor, no hay que desmerecer la ya que contiene aspectos, como son su estructura, la ambientación o la riqueza del lenguaje de notable acierto.

Con una primera parte más rural, que sitúa la acción en Gailindo (Rojales) y en Esmeralda (Guardamar del Segura). Jeremías/Salvador nos presenta a distintos personajes, destacando los Rovira y las Hermanas Cantamurano que simbolizan el arraigo a la tierra, las tensiones y rivalidades entre familias, las costumbres tradicionales de un pueblo marcado por la escasez y el orgullo familiar.

En la novela, Jeremías/Salvador nos ayuda con su presencia a construir el clima de enfrentamientos vecinales, a veces exagerados o casi épicos en la memoria infantil, que dan sentido al título.

Y ya en una segunda parte, más urbana, el personaje central es Zacarías, el "Cruzao", que representa el tipo humano marginal o excéntrico, la sabiduría popular mezclada con dureza y el tono entre realista y legendario que adopta la narración.

Además en esta edición de 2024 se nos regala un capítulo más al final de la obra con el título Aquellas fiestas del año 1939 (fechada el 1 de marzo de 1998), que está dentro del universo de La guerra de los patos. Miguel Ángel González nos invita a colocar esta parte donde mejor nos parezca, o en la primera o en la segunda parte de la obra.

Salvador García Aguilar es un contador de historias. En la obra todo aparece mitificado, a veces, rozando el esperpento. La llamada “guerra” no es necesariamente una guerra literal, sino una metáfora de las rivalidades infantiles, los conflictos entre clanes familiares. La forma en que un niño magnifica los acontecimientos cotidianos. Un microcosmos que el autor recrea con nostalgia, humor y cierta crítica social, basándose en recuerdos de infancia y en la tradición oral.

martes, 24 de febrero de 2026

Salvador García Aguilar

El vecino de Los Vientos

Hablar de Salvador es hablar de alguien con el que siempre tenemos una deuda pendiente. Su mirada del mundo, llena de curiosidad y sensibilidad, hace que su relato suela moverse entre la reflexión íntima y la observación social, con un estilo cuidado, elegante y muy humano. Tenía una manera de narrar que parece tranquila, pero que por dentro está llena de preguntas y matices.

Si algo define a este escritor es su compromiso con la palabra: escribir no como un gesto de vanidad, sino como un acto de diálogo. Leerlo es sentir que alguien te habla con honestidad, como un amigo que te cuenta una historia mientras caminan sin prisa.

Salvador García Aguilar nació el 21 de noviembre de 1924 en Rojales, provincia de Alicante, aunque gran parte de su vida transcurrió en Molina de Segura (Murcia), localidad que acabaría siendo su hogar y donde fue nombrado hijo adoptivo.

Desde muy joven, debido a la Guerra Civil Española, tuvo que abandonar sus estudios en 1936 para ponerse a trabajar, circunstancia común de muchos jóvenes de su generación. A pesar de su formación interrumpida, desarrolló una curiosidad insaciable por la lectura y la cultura.

Durante su vida laboral trabajó más de tres décadas en Hernández Contreras, una empresa conservera de Molina de Segura, desempeñando funciones administrativas y comerciales. Fue autodidacta: su amor por la literatura surgió y se consolidó en sus horas libres, nutriéndose de los clásicos y de cuantos libros pasaron por sus manos.

No fue hasta 1983, ya cerca de los 60 años, cuando García Aguilar irrumpió en el panorama literario español. Ese año fue galardonado con el prestigioso Premio Nadal de Novela por Regocijo en el hombre, una obra ambientada en el mundo anglosajón y vikingo con resonancias nórdicas y medievales. La obra nos ofrece tres relatos narrados en primera persona por un obispo, un rey y un príncipe. A lo largo del texto van surgiendo los conocimientos, las concepciones políticas, morales y religiosas del escritor, que emplea un lenguaje clásico y arcaico.

Este reconocimiento lo catapultó de manera inesperada a la literatura profesional, ya que hasta entonces escribía en secreto y sin publicaciones previas destacadas. Tras el Nadal, dejó su trabajo de dirección de Comercio Exterior de la empresa para dedicarse por completo a la escritura.

A partir de ese momento publicó diversas obras, como Relatos (1985), Granada cajín (1990), su personal historia de La Iliada, Clama el silencio (1990), La guerra de los patos (1994) o Epílogo de una reencarnación (1995). Novelas, relatos y obras dramáticas, muchas de ellas con fuerte énfasis en la exploración de mundos y épocas pasadas. Su obra combina reflexión, rigor documenta, inventiva narrativa y un análisis moral y existencial de los personajes. Aunque no alcanzaron la misma repercusión mediática que su primera gran novela, consolidaron una trayectoria coherente y personal dentro de la narrativa española contemporánea.

También escribió la versión literaria de una leyenda popular rojalense con el título La noche mágica : Leyenda de “La Encantá” (1996) que transformo en texto dramático en colaboración con Alberto González Vergel como La noche de La Encantá y que se representó en el Teatro Capitol de Rojales, el 10 de agosto de 1996 y en el Teatro Principal de Valencia, el 12 de octubre de 1996.

El Ayuntamiento de Molina de Segura publicó su libro de cuentos La flauta hay que tocarla siempre (2000) y coeditó junto a la Editora Regional de Murcia la trilogía novelística El tiempo que nos vive (2003), una saga familiar ambientada en el espacio mítico de Diosondo, Molina de Segura para el autor.

Salvador García Aguilar continuó escribiendo hasta que la enfermedad de Alzheimer le obligó a dejar su actividad literaria, falleciendo en 2005. Deja varias obras inéditas, incluida la tetralogía Del lauro y la victoria, que se compone de Romance de la muerte umbría, Romance de la cumbre del águila, Romance de la falsa carne y Romance de los tres príncipes.

La figura de Salvador García Aguilar ha sido objeto de diversos homenajes e iniciativas culturales tanto en Molina de Segura como en Rojales, reflejo del arraigo y la consideración que su obra mantiene en ambos municipios.

En Molina de Segura, la Biblioteca Municipal lleva su nombre desde su inauguración en 2007, consolidando así un reconocimiento institucional permanente a su legado literario. Además, en esta misma localidad se celebró, del 8 al 10 de mayo de 2006, el Congreso en homenaje a Salvador García Aguilar, un encuentro académico y literario que reunió a estudiosos y lectores en torno a su obra. Las aportaciones y ponencias presentadas en aquellas jornadas quedaron recogidas en un volumen de actas editado por el Ayuntamiento bajo el título El escritor secreto.

Por su parte, en Rojales se convoca un premio literario de novela corta que lleva su nombre, iniciativa que contribuye a mantener viva su memoria y a fomentar la creación literaria en sintonía con el espíritu de su trayectoria.

En noviembre de 2024 se conmemoró el centenario del nacimiento del escritor Salvador García Aguilar, una fecha señalada que invitaba no solo al recuerdo, sino también a la reivindicación de su figura y de su obra. Durante una semana se desarrolló un programa de actividades que incluyó una ofrenda floral ante su busto, conferencias en torno a su trayectoria literaria, lecturas de sus textos y la presentación del libro La obra de Salvador García Aguilar en cincuenta páginas, de Miguel Ángel González Sánchez, una publicación concebida como acercamiento sintético y divulgativo a su legado.

Sin embargo, pese al esfuerzo organizativo y al compromiso de quienes participaron en el homenaje, la sensación final fue agridulce. El acto resultó digno y respetuoso, pero quizá demasiado modesto para la relevancia de la efeméride. No se alcanzó plenamente el objetivo de convocar a un público más amplio ni de situar la obra de García Aguilar en el lugar de visibilidad que merece dentro del panorama cultural.

Queda, inevitablemente, esa impresión de no haber hecho lo suficiente. De que el centenario, que debía ser una oportunidad para reactivar el interés y proyectar su figura hacia nuevas generaciones de lectores, pasó de manera discreta. Tal vez esa misma inquietud sea, en el fondo, una llamada a redoblar esfuerzos en el futuro: a seguir trabajando para que la voz literaria de Salvador García Aguilar no quede confinada al recuerdo conmemorativo, sino que continúe viva en la lectura, el estudio y la difusión sostenida de su obra.

El legado de García Aguilar es reflexivo, trabajado y con cierta densidad conceptual. No es un autor de lectura apresurada; exige atención y ofrece profundidad. Su interés por la historia y lo simbólico hacen que muchas de sus tramas se sitúen en épocas pasadas, pero no con intención meramente decorativa, sino como marco para reflexionar sobre cuestiones universales: el poder, la fe, la violencia, el destino o la identidad. Sus personajes suelen enfrentarse a conflictos morales complejos. La acción narrativa está atravesada por preguntas sobre el sentido de la vida y la responsabilidad humana.

Sin duda, el hecho de comenzar a publicar tardíamente aportó a su obra una notable madurez. No es una narrativa impulsiva, sino meditada y sólida.