martes, 24 de febrero de 2026

Salvador García Aguilar

El vecino de Los Vientos

Hablar de Salvador es hablar de alguien con el que siempre tenemos una deuda pendiente. Su mirada del mundo, llena de curiosidad y sensibilidad, hace que su relato suela moverse entre la reflexión íntima y la observación social, con un estilo cuidado, elegante y muy humano. Tenía una manera de narrar que parece tranquila, pero que por dentro está llena de preguntas y matices.

Si algo define a este escritor es su compromiso con la palabra: escribir no como un gesto de vanidad, sino como un acto de diálogo. Leerlo es sentir que alguien te habla con honestidad, como un amigo que te cuenta una historia mientras caminan sin prisa.

Salvador García Aguilar nació el 21 de noviembre de 1924 en Rojales, provincia de Alicante, aunque gran parte de su vida transcurrió en Molina de Segura (Murcia), localidad que acabaría siendo su hogar y donde fue nombrado hijo adoptivo.

Desde muy joven, debido a la Guerra Civil Española, tuvo que abandonar sus estudios en 1936 para ponerse a trabajar, circunstancia común de muchos jóvenes de su generación. A pesar de su formación interrumpida, desarrolló una curiosidad insaciable por la lectura y la cultura.

Durante su vida laboral trabajó más de tres décadas en Hernández Contreras, una empresa conservera de Molina de Segura, desempeñando funciones administrativas y comerciales. Fue autodidacta: su amor por la literatura surgió y se consolidó en sus horas libres, nutriéndose de los clásicos y de cuantos libros pasaron por sus manos.

No fue hasta 1983, ya cerca de los 60 años, cuando García Aguilar irrumpió en el panorama literario español. Ese año fue galardonado con el prestigioso Premio Nadal de Novela por Regocijo en el hombre, una obra ambientada en el mundo anglosajón y vikingo con resonancias nórdicas y medievales. La obra nos ofrece tres relatos narrados en primera persona por un obispo, un rey y un príncipe. A lo largo del texto van surgiendo los conocimientos, las concepciones políticas, morales y religiosas del escritor, que emplea un lenguaje clásico y arcaico.

Este reconocimiento lo catapultó de manera inesperada a la literatura profesional, ya que hasta entonces escribía en secreto y sin publicaciones previas destacadas. Tras el Nadal, dejó su trabajo de dirección de Comercio Exterior de la empresa para dedicarse por completo a la escritura.

A partir de ese momento publicó diversas obras, como Relatos (1985), Granada cajín (1990), su personal historia de La Iliada, Clama el silencio (1990), La guerra de los patos (1994) o Epílogo de una reencarnación (1995). Novelas, relatos y obras dramáticas, muchas de ellas con fuerte énfasis en la exploración de mundos y épocas pasadas. Su obra combina reflexión, rigor documenta, inventiva narrativa y un análisis moral y existencial de los personajes. Aunque no alcanzaron la misma repercusión mediática que su primera gran novela, consolidaron una trayectoria coherente y personal dentro de la narrativa española contemporánea.

También escribió la versión literaria de una leyenda popular rojalense con el título La noche mágica : Leyenda de “La Encantá” (1996) que transformo en texto dramático en colaboración con Alberto González Vergel como La noche de La Encantá y que se representó en el Teatro Capitol de Rojales, el 10 de agosto de 1996 y en el Teatro Principal de Valencia, el 12 de octubre de 1996.

El Ayuntamiento de Molina de Segura publicó su libro de cuentos La flauta hay que tocarla siempre (2000) y coeditó junto a la Editora Regional de Murcia la trilogía novelística El tiempo que nos vive (2003), una saga familiar ambientada en el espacio mítico de Diosondo, Molina de Segura para el autor.

Salvador García Aguilar continuó escribiendo hasta que el alzhéimer le obligó a dejar su actividad literaria, falleciendo en 2005. Deja varias obras inéditas, incluida la tetralogía Del lauro y la victoria, que se compone de Romance de la muerte umbría, Romance de la cumbre del águila, Romance de la falsa carne y Romance de los tres príncipes.

La figura de Salvador García Aguilar ha sido objeto de diversos homenajes e iniciativas culturales tanto en Molina de Segura como en Rojales, reflejo del arraigo y la consideración que su obra mantiene en ambos municipios.

En Molina de Segura, la Biblioteca Municipal lleva su nombre desde su inauguración en 2007, consolidando así un reconocimiento institucional permanente a su legado literario. Además, en esta misma localidad se celebró, del 8 al 10 de mayo de 2006, el Congreso en homenaje a Salvador García Aguilar, un encuentro académico y literario que reunió a estudiosos y lectores en torno a su obra. Las aportaciones y ponencias presentadas en aquellas jornadas quedaron recogidas en un volumen de actas editado por el Ayuntamiento bajo el título El escritor secreto.

Por su parte, en Rojales se convoca un premio literario de novela corta que lleva su nombre, iniciativa que contribuye a mantener viva su memoria y a fomentar la creación literaria en sintonía con el espíritu de su trayectoria.

En noviembre de 2024 se conmemoró el centenario del nacimiento del escritor Salvador García Aguilar, una fecha señalada que invitaba no solo al recuerdo, sino también a la reivindicación de su figura y de su obra. Durante una semana se desarrolló un programa de actividades que incluyó una ofrenda floral ante su busto, conferencias en torno a su trayectoria literaria, lecturas de sus textos y la presentación del libro La obra de Salvador García Aguilar en cincuenta páginas, de Miguel Ángel González Sánchez, una publicación concebida como acercamiento sintético y divulgativo a su legado.

Sin embargo, pese al esfuerzo organizativo y al compromiso de quienes participaron en el homenaje, la sensación final fue agridulce. El acto resultó digno y respetuoso, pero quizá demasiado modesto para la relevancia de la efeméride. No se alcanzó plenamente el objetivo de convocar a un público más amplio ni de situar la obra de García Aguilar en el lugar de visibilidad que merece dentro del panorama cultural.

Queda, inevitablemente, esa impresión de no haber hecho lo suficiente. De que el centenario, que debía ser una oportunidad para reactivar el interés y proyectar su figura hacia nuevas generaciones de lectores, pasó de manera discreta. Tal vez esa misma inquietud sea, en el fondo, una llamada a redoblar esfuerzos en el futuro: a seguir trabajando para que la voz literaria de Salvador García Aguilar no quede confinada al recuerdo conmemorativo, sino que continúe viva en la lectura, el estudio y la difusión sostenida de su obra.

El legado de García Aguilar es reflexivo, trabajado y con cierta densidad conceptual. No es un autor de lectura apresurada; exige atención y ofrece profundidad. Su interés por la historia y lo simbólico hacen que muchas de sus tramas se sitúen en épocas pasadas, pero no con intención meramente decorativa, sino como marco para reflexionar sobre cuestiones universales: el poder, la fe, la violencia, el destino o la identidad. Sus personajes suelen enfrentarse a conflictos morales complejos. La acción narrativa está atravesada por preguntas sobre el sentido de la vida y la responsabilidad humana.

Sin duda, el hecho de comenzar a publicar tardíamente aportó a su obra una notable madurez. No es una narrativa impulsiva, sino meditada y sólida.

lunes, 2 de febrero de 2026

Las normas de la casa de la sidra: el guion

"A veces hay que romper las normas para aclarar las cosas"

Escena donde El orfanato St. Clouds, donde Homer Wells vuelve para sustituir al Dr. Wilbur Larch. La escena fue filmada Ventfort Hall es una imponente mansión de estilo renacimiento jacobino construida en 1893.

El amor, la moralidad, las contradicciones de la sociedad y la búsqueda de la propia identidad. Este libro es mucho más que una simple historia; es un guion meticulosamente construido, un laberinto de personajes complejos y situaciones trascendentales, que finalmente le valió al escritor  John Irving el prestigioso Oscar al mejor guion en el año 2000. La obra, con su prosa exuberante y un ritmo que oscila entre la contemplación y la acción, nos invita a reflexionar sobre las normas sociales, la libertad individual, el racismo y el poder transformador del amor. 

Irving, con su característica habilidad para tejer historias interconectadas y explorar temas universales a través de personajes singulares, crea un universo literario memorable. La novela titulada Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, en la que se basa el guion, y publicada por primera vez en 1985 es considerada una de las obras más importantes del autor. El libro narra la historia de un joven llamado Homer Wells y su vida en el orfanato de St. Cloud’s en la ciudad de Maine, Estados Unidos.

El protagonista creció en el orfanato bajo el cuidado del doctor Wilbur Larch. El lugar es conocido por su trabajo en el aborto y también por el trato amoroso que reciben todos los niños que viven allí. El doctor Larch se convierte en una figura paterna para Homer, enseñándole medicina.

Sin embargo, a medida que Homer crece, comienza a cuestionar las normas y tradiciones establecidas en el orfanato. Mientras el doctor Larch ve el aborto como una forma de proteger a las mujeres y prevenir tragedias, Homer empieza a debatir moralmente el procedimiento quirúrgico. Esta lucha interna, entre querer agradar al doctor Larch y al mismo tiempo seguir su propio camino, se convierte en el hilo conductor de la novela.

La trama toma un giro cuando Homer conoce a Candy Kendall y a su novio, Wally Worthington. Los tres se hacen amigos y eventualmente se ven involucrados en un triángulo amoroso. La llegada de esta pareja, con su forma de vida marcada por el privilegio y la superficialidad, desencadena una serie de eventos que obligan a Homer a tomar una decisión radical: abandona el orfanato, deja atrás al doctor Larch, y se adentra en un nuevo camino, un camino que lo lleva a un trabajo como colector de manzanas, trabajando junto a unos temporeros negros. En esta nueva realidad, se encuentra con la posibilidad de conocer el amor, pero también se enfrenta a las verdaderas reglas que rigen su vida, reglas que solo pueden ser dictadas por el corazón. También lo lleva a enfrentarse aún más con sus propias convicciones y a tomar decisiones que cambiarán su vida para siempre.

A lo largo de la obra, Irving aborda temas como la ética del aborto, la paternidad, la identidad y la búsqueda del amor. A través de personajes complejos y situaciones llenas de dilemas morales, el autor logra construir una historia profunda y reflexiva que deja al lector cuestionando sus propias creencias.

Como temas de la obra encontramos:

1. La importancia de la familia y las conexiones emocionales que se establecen dentro de ella. La historia se centra en la relación entre el protagonista, Homer, y el doctor Larch, y cómo su vínculo se fortalece a lo largo de la trama.

2. La exploración de la identidad. El libro también aborda el tema de la identidad y cómo las experiencias de vida pueden moldear quiénes somos. Homer se encuentra en conflicto con su propia identidad y lucha por descubrir quién es realmente y qué desea en la vida.

3. La aceptación de los demás y la superación de los prejuicios. Homer se enfrenta al rechazo y al juicio de la sociedad debido a su origen humilde, pero aprende a aceptarse a sí mismo y a los demás tal como son.

4. La importancia de perseguir los sueños y no renunciar a ellos, incluso cuando la vida presenta obstáculos y dificultades. Homer tiene que enfrentarse a diversas adversidades a lo largo de la historia, pero nunca deja de luchar por lo que realmente desea.

5. La lucha por la justicia y la ética en la sociedad: Particularmente en relación con el aborto. El Dr. Larch defiende el derecho al aborto y realiza abortos seguros y clandestinos, lo que plantea un debate moral y ético sobre este tema. A lo largo de la historia, se exploran las diferentes perspectivas y argumentos sobre el aborto y la ética médica.

El guion, y por extensión la película, no juzga moralmente las decisiones de los personajes, sino que las muestra desde la perspectiva de la experiencia y la comprensión. La estructura del guion es crucial para construir esta atmósfera de reflexión.

La historia de Homer está conectada a la de otros personajes, lo que revela la interdependencia de la vida humana y la necesidad de la empatía y la compasión. El guion se convierte así en una obra maestra de la intertextualidad, donde cada personaje contribuye a construir un universo literario rico y complejo. El final de la obra, con una resolución que no es necesariamente feliz, refleja la naturaleza ambigua de la vida y la incertidumbre del destino.

miércoles, 28 de enero de 2026

John Irving

«Me gustaría morir sobre mi escritorio con una frase inacabada, dejar un rompecabezas»


Escritor y guionista cinematográfico estadounidense nacido el 2 de marzo de 1942 en Exeter, New Hampshire, como John Wallace Blunt se licenció por la Universidad de New Hampshire, tras lo cual viajó a Viena para completar sus estudios. Cobró fama tras la publicación de su cuarta novela, El mundo según Garp (1978),  una novela que combina humor, tragedia y una mirada crítica sobre la familia, la sexualidad y la identidad. A partir de ahí, Irving se consolidó como un autor capaz de narrar historias complejas con una mezcla muy personal de ironía y ternura.

Temas recurrentes en las novelas de Irving son Nueva Inglaterra, Austria, los osos, la prostitución, la ausencia de los padres y la lucha libre, una de sus grandes aficiones. También es habitual en sus obras la aparición de elementos y actitudes sexuales poco ortodoxas tales como el incesto, el transexualismo o la violación, así como las muertes accidentales.

Entre sus obras más conocidas se encuentran El hotel New Hampshire (1981), Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra (1985), Oración por Owen Meany (1989), Una mujer difícil (1996), Hasta que te encuentre (2005) y Avenida de los misterios (2015). Muchas de sus novelas han sido llevadas al cine, y él mismo ganó un Óscar por el guion de Las normas de la casa de la sidra.

Irving es uno de los grandes de la literatura norteamericana. Sus obras son caza mayor. Es un autor que podía tener ya un premio Nobel, aunque en las listas de autores estadounidenses más destacados suele estar casi siempre un peldaño por debajo de Paul Auster, Richard Ford o Joyce Carol Oates. Quizás haber triunfado comercialmente a nivel mundial con El mundo según Garp, no le haya ayudado a ser tan reconocido. Tampoco la exitosa adaptación de Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, su novela más realista, la que menos transita por el particular universo Irving.

En sus novelas, el azar juega siempre un papel importante. La vida de los personajes cambia de forma drástica por una mala decisión. El destino se retuerce de forma inesperada porque por encima de esa capa de excentricidad con la que los maquilla los personajes del escritor de Nueva Inglaterra son, sobre todo, dickensianos; como el Danny de La última noche en Twisted River (2009), una de sus mejores novelas, el Homer Wells de Príncipes de Maine o el personaje que mejor condensa toda su literatura, Garp. Y es que Irving es un escritor más influido por Melville que por Hemingway. 

El autor ha condensado todos sus personajes peculiares, sus manías, rarezas, su particular mundo, en una obra con hechuras de testamento literario, El último telesilla (2024, Tusquets), en donderecorreremos la historia de los Estados Unidos en el siglo XX: la Guerra Fría, Vietnam, la era Reagan, la irrupción del sida, el Tea Party y la presidencia de Donald Trump.

El compromiso de Irving con los temas de tolerancia hacia las minorías sexuales lo ha convertido en un bardo de las familias alternativas y una voz visionaria sobre el tema de la libertad sexual. Su novela más reciente es Reina Esther, una novela histórica que sigue a Esther Nacht, una judía nacida en Viena cuya vida está marcada por el antisemitismo. Huérfana, Esther es dejada en el orfanato de St. Cloud, donde el Dr. Larch sabe que no será fácil encontrar una familia judía que adopte a Ester. Cuando tiene catorce años y está a punto de convertirse en pupila del estado, el Dr. Larch conoce a los Winslow, una familia filantrópica con antecedentes de apoyar a huérfanos no adoptados. 

La obra de John Irving suele girar en torno a familias excéntricas, personajes marcados por pérdidas tempranas, la culpa y la búsqueda de sentido. Con un estilo inconfundible y una imaginación desbordante, sigue siendo un autor fundamental de la narrativa contemporánea.

martes, 27 de enero de 2026

Colección de poetas: Walt Whitman

Walt Whitman (Nueva York, 1819- CamdenNueva Jersey, 1892) es uno de los autores clave de la literatura norteamericana y gran exponente del movimiento trascendentalista que buscaba explorar la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Fue el primero en incursionar en el uso del verso libre, utilizando un lenguaje sencillo, cercano a todo público. Así, transformó la poesía en un espacio de libertad. Su estilo rompió moldes, su visión incluyó a los marginados y su voz sigue resonando como una afirmación vital de la existencia. Su lenguaje, directo y amplio, abarca tanto lo cotidiano como lo trascendental.
Uno de los rasgos centrales de su obra es la celebración del yo, entendido no como un acto narcisista, sino como un medio para explorar la experiencia humana en todas sus dimensiones.
Desde joven trabajó como aprendiz de imprenta y, luego, como maestro y periodista. Estos oficios le permitieron familiarizarse con el lenguaje, la política y las preocupaciones sociales de su tiempo.
En 1855 publicó, por cuenta propia, la primera edición de su obra más famosa, Leaves of Grass (Hojas de hierba). El libro causó un gran revuelo por su tono libre, estilo inusual y la audaz exaltación del cuerpo, la naturaleza y el yo individual.
Esta obra se convirtió en un proyecto de vida. Whitman la reeditó y amplió muchas veces hasta su muerte, añadiendo nuevos poemas y secciones.
Durante la Guerra Civil estadounidense (1861-1865), trabajó como enfermero voluntario en hospitales militares, experiencia que profundizó su compasión y su conexión con el sufrimiento humano.
Para Whitman, el individuo contiene multitudes. Es reflejo del cosmos, del país, de la humanidad. En ese sentido, su poesía es profundamente democrática, pues exalta a todas las personas por igual, sin jerarquías. Por ello se refiere a hombres, mujeres, trabajadores, esclavos, soldados y ancianos.
Asimismo, sus escritos están impregnada de una espiritualidad naturalista, en la que la divinidad se manifiesta en la naturaleza, en el cuerpo humano y en la vida misma. 
En el presente, el autor es considerado uno de los pilares de la poesía moderna universal. Su capacidad para unir lo personal con lo colectivo, lo carnal con lo espiritual y lo local con lo cósmico, lo han convertido en un poeta puente entre el siglo XIX y el XX.

Poemas

1. Una hoja de hierba

Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneiss y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.
Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.
Es vano acelerar la vergüenza,
es vano que las plutónicas rocas,
me envíen su calor al acercarme,
es vano que el mastodonte se retrase,
y se oculte detrás del polvo de sus huesos,
es vano que se alejen los objetos muchas leguas
y asuman formas multitudinales,
es vano que el océano esculpa calaveras
y se oculten en ellas los monstruos marinos,
es vano que el aguilucho
use de morada el cielo,
es vano que la serpiente se deslice
entre lianas y troncos,
es vano que el reno huya
refugiándose en lo recóndito del bosque,
es vano que las morsas se dirijan al norte
al Labrador.
Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido
en la fisura del peñasco.

2. Una araña paciente y silenciosa

Una araña paciente y silenciosa,
vi en el pequeño promontorio en que
sola se hallaba,
vi cómo para explorar el vasto
espacio vacío circundante,
lanzaba, uno tras otro, filamentos,
filamentos, filamentos de sí misma.

Y tú, alma mía, allí donde te encuentras,
circundada, apartada,
en inmensurables océanos de espacio,
meditando, aventurándote, arrojándote,
buscando si cesar las esferas
para conectarlas,
hasta que se tienda el puente que precisas,
hasta que el ancla dúctil quede asida,
hasta que la telaraña que tú emites
prenda en algún sitio, oh alma mía.

3. ¡Oh yo, vida!

¡Oh yo, vida! Todas estas cuestiones me asaltan,
Del desfile interminable de los desleales,
De ciudades llenas de necios,
De mí mismo, que me reprocho siempre, pues,
¿Quién es más necio que yo, ni más desleal?
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
Despreciables, de la lucha siempre renovada,
De los malos resultados de todo, de las multitudes
Afanosas y sórdidas que me rodean,
De los años vacíos e inútiles de los demás,
Yo entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que
Vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?”
Y la respuesta:
“Que estás aquí, que existen la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama y que quizás
Tú contribuyes a él con tu rima.

4. Mira el mar infinito

Mira el mar infinito.
Sobre su pecho sale a navegar un navío
Que despliega sus velas, incluidas las de gavia.
Su pendón ondea en lo alto mientras aumenta
Su velocidad de manera majestuosa.
Debajo, las olas rivalizan,
Rodean al barco, apiñándose,
Con brillantes movimientos circulares y espuma.