lunes, 2 de marzo de 2026

La guerra de los patos

Esa "incívil" guerra 

Con un magnífico prólogo del profesor Miguel Ángel González Sánchez, que fue amigo y vecino del autor y que nos da las claves para su lectura, La guerra de los patos es una novela escrita por Salvador García Aguilar, terminada en 1980 y publicada originalmente en 1994, siendo una de las obras posteriores del autor tras su consagración literaria.

Se incluye dentro de su producción narrativa que refleja memorias, temas personales y toques autobiográficos. El relato está enclavado en el espacio mítico de Gailindo, "el pueblo que en los mapas oficiales se denomina Rojales".

La obra es una novela de narrativa contemporánea (publicada por la Diputación Provincial y reeditada en 2024 por Ayuntamiento de Rojales con motivo del centenario del nacimiento del autor) que aborda principalmente recuerdos de infancia y experiencias personales de García Aguilar que marcaron su vida y carácter durante un período muy corto, de 1933 a 1940

El autor utiliza esta historia para plasmar una serie de vivencias personales y momentos que quedaron profundamente grabados en su memoria. Es una obra que mezcla memoria, nostalgia, experiencias vividas y reflexiones sobre situaciones cotidianas o simbólicas en la vida del narrador o personaje central. 

Según el autor es lo que se llama una "novela de formación". Un ejercicio llevado a cabo "para hacer dedos", "para expulsar los diablos". Considerada como una obra menor, no hay que desmerecer la ya que contiene aspectos, como son su estructura, la ambientación o la riqueza del lenguaje de notable acierto.

Con una primera parte más rural, que sitúa la acción en Gailindo (Rojales) y en Esmeralda (Guardamar del Segura). Jeremías/Salvador nos presenta a distintos personajes, destacando los Rovira y las Hermanas Cantamurano que simbolizan el arraigo a la tierra, las tensiones y rivalidades entre familias, las costumbres tradicionales de un pueblo marcado por la escasez y el orgullo familiar.

En la novela, Jeremías/Salvador nos ayuda con su presencia a construir el clima de enfrentamientos vecinales, a veces exagerados o casi épicos en la memoria infantil, que dan sentido al título.

Y ya en una segunda parte, más urbana, el personaje central es Zacarías, el "Cruzao", que representa el tipo humano marginal o excéntrico, la sabiduría popular mezclada con dureza y el tono entre realista y legendario que adopta la narración.

Además en esta edición de 2024 se nos regala un capítulo más al final de la obra con el título Aquellas fiestas del año 1939 (fechada el 1 de marzo de 1998), que está dentro del universo de La guerra de los patos. Miguel Ángel González nos invita a colocar esta parte donde mejor nos parezca, o en la primera o en la segunda parte de la obra.

Salvador García Aguilar es un contador de historias. En la obra todo aparece mitificado, a veces, rozando el esperpento. La llamada “guerra” no es necesariamente una guerra literal, sino una metáfora de las rivalidades infantiles, los conflictos entre clanes familiares. La forma en que un niño magnifica los acontecimientos cotidianos. Un microcosmos que el autor recrea con nostalgia, humor y cierta crítica social, basándose en recuerdos de infancia y en la tradición oral.

martes, 24 de febrero de 2026

Salvador García Aguilar

El vecino de Los Vientos

Hablar de Salvador es hablar de alguien con el que siempre tenemos una deuda pendiente. Su mirada del mundo, llena de curiosidad y sensibilidad, hace que su relato suela moverse entre la reflexión íntima y la observación social, con un estilo cuidado, elegante y muy humano. Tenía una manera de narrar que parece tranquila, pero que por dentro está llena de preguntas y matices.

Si algo define a este escritor es su compromiso con la palabra: escribir no como un gesto de vanidad, sino como un acto de diálogo. Leerlo es sentir que alguien te habla con honestidad, como un amigo que te cuenta una historia mientras caminan sin prisa.

Salvador García Aguilar nació el 21 de noviembre de 1924 en Rojales, provincia de Alicante, aunque gran parte de su vida transcurrió en Molina de Segura (Murcia), localidad que acabaría siendo su hogar y donde fue nombrado hijo adoptivo.

Desde muy joven, debido a la Guerra Civil Española, tuvo que abandonar sus estudios en 1936 para ponerse a trabajar, circunstancia común de muchos jóvenes de su generación. A pesar de su formación interrumpida, desarrolló una curiosidad insaciable por la lectura y la cultura.

Durante su vida laboral trabajó más de tres décadas en Hernández Contreras, una empresa conservera de Molina de Segura, desempeñando funciones administrativas y comerciales. Fue autodidacta: su amor por la literatura surgió y se consolidó en sus horas libres, nutriéndose de los clásicos y de cuantos libros pasaron por sus manos.

No fue hasta 1983, ya cerca de los 60 años, cuando García Aguilar irrumpió en el panorama literario español. Ese año fue galardonado con el prestigioso Premio Nadal de Novela por Regocijo en el hombre, una obra ambientada en el mundo anglosajón y vikingo con resonancias nórdicas y medievales. La obra nos ofrece tres relatos narrados en primera persona por un obispo, un rey y un príncipe. A lo largo del texto van surgiendo los conocimientos, las concepciones políticas, morales y religiosas del escritor, que emplea un lenguaje clásico y arcaico.

Este reconocimiento lo catapultó de manera inesperada a la literatura profesional, ya que hasta entonces escribía en secreto y sin publicaciones previas destacadas. Tras el Nadal, dejó su trabajo de dirección de Comercio Exterior de la empresa para dedicarse por completo a la escritura.

A partir de ese momento publicó diversas obras, como Relatos (1985), Granada cajín (1990), su personal historia de La Iliada, Clama el silencio (1990), La guerra de los patos (1994) o Epílogo de una reencarnación (1995). Novelas, relatos y obras dramáticas, muchas de ellas con fuerte énfasis en la exploración de mundos y épocas pasadas. Su obra combina reflexión, rigor documenta, inventiva narrativa y un análisis moral y existencial de los personajes. Aunque no alcanzaron la misma repercusión mediática que su primera gran novela, consolidaron una trayectoria coherente y personal dentro de la narrativa española contemporánea.

También escribió la versión literaria de una leyenda popular rojalense con el título La noche mágica : Leyenda de “La Encantá” (1996) que transformo en texto dramático en colaboración con Alberto González Vergel como La noche de La Encantá y que se representó en el Teatro Capitol de Rojales, el 10 de agosto de 1996 y en el Teatro Principal de Valencia, el 12 de octubre de 1996.

El Ayuntamiento de Molina de Segura publicó su libro de cuentos La flauta hay que tocarla siempre (2000) y coeditó junto a la Editora Regional de Murcia la trilogía novelística El tiempo que nos vive (2003), una saga familiar ambientada en el espacio mítico de Diosondo, Molina de Segura para el autor.

Salvador García Aguilar continuó escribiendo hasta que la enfermedad de Alzheimer le obligó a dejar su actividad literaria, falleciendo en 2005. Deja varias obras inéditas, incluida la tetralogía Del lauro y la victoria, que se compone de Romance de la muerte umbría, Romance de la cumbre del águila, Romance de la falsa carne y Romance de los tres príncipes.

La figura de Salvador García Aguilar ha sido objeto de diversos homenajes e iniciativas culturales tanto en Molina de Segura como en Rojales, reflejo del arraigo y la consideración que su obra mantiene en ambos municipios.

En Molina de Segura, la Biblioteca Municipal lleva su nombre desde su inauguración en 2007, consolidando así un reconocimiento institucional permanente a su legado literario. Además, en esta misma localidad se celebró, del 8 al 10 de mayo de 2006, el Congreso en homenaje a Salvador García Aguilar, un encuentro académico y literario que reunió a estudiosos y lectores en torno a su obra. Las aportaciones y ponencias presentadas en aquellas jornadas quedaron recogidas en un volumen de actas editado por el Ayuntamiento bajo el título El escritor secreto.

Por su parte, en Rojales se convoca un premio literario de novela corta que lleva su nombre, iniciativa que contribuye a mantener viva su memoria y a fomentar la creación literaria en sintonía con el espíritu de su trayectoria.

En noviembre de 2024 se conmemoró el centenario del nacimiento del escritor Salvador García Aguilar, una fecha señalada que invitaba no solo al recuerdo, sino también a la reivindicación de su figura y de su obra. Durante una semana se desarrolló un programa de actividades que incluyó una ofrenda floral ante su busto, conferencias en torno a su trayectoria literaria, lecturas de sus textos y la presentación del libro La obra de Salvador García Aguilar en cincuenta páginas, de Miguel Ángel González Sánchez, una publicación concebida como acercamiento sintético y divulgativo a su legado.

Sin embargo, pese al esfuerzo organizativo y al compromiso de quienes participaron en el homenaje, la sensación final fue agridulce. El acto resultó digno y respetuoso, pero quizá demasiado modesto para la relevancia de la efeméride. No se alcanzó plenamente el objetivo de convocar a un público más amplio ni de situar la obra de García Aguilar en el lugar de visibilidad que merece dentro del panorama cultural.

Queda, inevitablemente, esa impresión de no haber hecho lo suficiente. De que el centenario, que debía ser una oportunidad para reactivar el interés y proyectar su figura hacia nuevas generaciones de lectores, pasó de manera discreta. Tal vez esa misma inquietud sea, en el fondo, una llamada a redoblar esfuerzos en el futuro: a seguir trabajando para que la voz literaria de Salvador García Aguilar no quede confinada al recuerdo conmemorativo, sino que continúe viva en la lectura, el estudio y la difusión sostenida de su obra.

El legado de García Aguilar es reflexivo, trabajado y con cierta densidad conceptual. No es un autor de lectura apresurada; exige atención y ofrece profundidad. Su interés por la historia y lo simbólico hacen que muchas de sus tramas se sitúen en épocas pasadas, pero no con intención meramente decorativa, sino como marco para reflexionar sobre cuestiones universales: el poder, la fe, la violencia, el destino o la identidad. Sus personajes suelen enfrentarse a conflictos morales complejos. La acción narrativa está atravesada por preguntas sobre el sentido de la vida y la responsabilidad humana.

Sin duda, el hecho de comenzar a publicar tardíamente aportó a su obra una notable madurez. No es una narrativa impulsiva, sino meditada y sólida.

lunes, 2 de febrero de 2026

Las normas de la casa de la sidra: el guion

"A veces hay que romper las normas para aclarar las cosas"

Escena donde El orfanato St. Clouds, donde Homer Wells vuelve para sustituir al Dr. Wilbur Larch. La escena fue filmada Ventfort Hall es una imponente mansión de estilo renacimiento jacobino construida en 1893.

El amor, la moralidad, las contradicciones de la sociedad y la búsqueda de la propia identidad. Este libro es mucho más que una simple historia; es un guion meticulosamente construido, un laberinto de personajes complejos y situaciones trascendentales, que finalmente le valió al escritor  John Irving el prestigioso Oscar al mejor guion en el año 2000. La obra, con su prosa exuberante y un ritmo que oscila entre la contemplación y la acción, nos invita a reflexionar sobre las normas sociales, la libertad individual, el racismo y el poder transformador del amor. 

Irving, con su característica habilidad para tejer historias interconectadas y explorar temas universales a través de personajes singulares, crea un universo literario memorable. La novela titulada Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, en la que se basa el guion, y publicada por primera vez en 1985 es considerada una de las obras más importantes del autor. El libro narra la historia de un joven llamado Homer Wells y su vida en el orfanato de St. Cloud’s en la ciudad de Maine, Estados Unidos.

El protagonista creció en el orfanato bajo el cuidado del doctor Wilbur Larch. El lugar es conocido por su trabajo en el aborto y también por el trato amoroso que reciben todos los niños que viven allí. El doctor Larch se convierte en una figura paterna para Homer, enseñándole medicina.

Sin embargo, a medida que Homer crece, comienza a cuestionar las normas y tradiciones establecidas en el orfanato. Mientras el doctor Larch ve el aborto como una forma de proteger a las mujeres y prevenir tragedias, Homer empieza a debatir moralmente el procedimiento quirúrgico. Esta lucha interna, entre querer agradar al doctor Larch y al mismo tiempo seguir su propio camino, se convierte en el hilo conductor de la novela.

La trama toma un giro cuando Homer conoce a Candy Kendall y a su novio, Wally Worthington. Los tres se hacen amigos y eventualmente se ven involucrados en un triángulo amoroso. La llegada de esta pareja, con su forma de vida marcada por el privilegio y la superficialidad, desencadena una serie de eventos que obligan a Homer a tomar una decisión radical: abandona el orfanato, deja atrás al doctor Larch, y se adentra en un nuevo camino, un camino que lo lleva a un trabajo como colector de manzanas, trabajando junto a unos temporeros negros. En esta nueva realidad, se encuentra con la posibilidad de conocer el amor, pero también se enfrenta a las verdaderas reglas que rigen su vida, reglas que solo pueden ser dictadas por el corazón. También lo lleva a enfrentarse aún más con sus propias convicciones y a tomar decisiones que cambiarán su vida para siempre.

A lo largo de la obra, Irving aborda temas como la ética del aborto, la paternidad, la identidad y la búsqueda del amor. A través de personajes complejos y situaciones llenas de dilemas morales, el autor logra construir una historia profunda y reflexiva que deja al lector cuestionando sus propias creencias.

Como temas de la obra encontramos:

1. La importancia de la familia y las conexiones emocionales que se establecen dentro de ella. La historia se centra en la relación entre el protagonista, Homer, y el doctor Larch, y cómo su vínculo se fortalece a lo largo de la trama.

2. La exploración de la identidad. El libro también aborda el tema de la identidad y cómo las experiencias de vida pueden moldear quiénes somos. Homer se encuentra en conflicto con su propia identidad y lucha por descubrir quién es realmente y qué desea en la vida.

3. La aceptación de los demás y la superación de los prejuicios. Homer se enfrenta al rechazo y al juicio de la sociedad debido a su origen humilde, pero aprende a aceptarse a sí mismo y a los demás tal como son.

4. La importancia de perseguir los sueños y no renunciar a ellos, incluso cuando la vida presenta obstáculos y dificultades. Homer tiene que enfrentarse a diversas adversidades a lo largo de la historia, pero nunca deja de luchar por lo que realmente desea.

5. La lucha por la justicia y la ética en la sociedad: Particularmente en relación con el aborto. El Dr. Larch defiende el derecho al aborto y realiza abortos seguros y clandestinos, lo que plantea un debate moral y ético sobre este tema. A lo largo de la historia, se exploran las diferentes perspectivas y argumentos sobre el aborto y la ética médica.

El guion, y por extensión la película, no juzga moralmente las decisiones de los personajes, sino que las muestra desde la perspectiva de la experiencia y la comprensión. La estructura del guion es crucial para construir esta atmósfera de reflexión.

La historia de Homer está conectada a la de otros personajes, lo que revela la interdependencia de la vida humana y la necesidad de la empatía y la compasión. El guion se convierte así en una obra maestra de la intertextualidad, donde cada personaje contribuye a construir un universo literario rico y complejo. El final de la obra, con una resolución que no es necesariamente feliz, refleja la naturaleza ambigua de la vida y la incertidumbre del destino.

miércoles, 28 de enero de 2026

John Irving

«Me gustaría morir sobre mi escritorio con una frase inacabada, dejar un rompecabezas»


Escritor y guionista cinematográfico estadounidense nacido el 2 de marzo de 1942 en Exeter, New Hampshire, como John Wallace Blunt se licenció por la Universidad de New Hampshire, tras lo cual viajó a Viena para completar sus estudios. Cobró fama tras la publicación de su cuarta novela, El mundo según Garp (1978),  una novela que combina humor, tragedia y una mirada crítica sobre la familia, la sexualidad y la identidad. A partir de ahí, Irving se consolidó como un autor capaz de narrar historias complejas con una mezcla muy personal de ironía y ternura.

Temas recurrentes en las novelas de Irving son Nueva Inglaterra, Austria, los osos, la prostitución, la ausencia de los padres y la lucha libre, una de sus grandes aficiones. También es habitual en sus obras la aparición de elementos y actitudes sexuales poco ortodoxas tales como el incesto, el transexualismo o la violación, así como las muertes accidentales.

Entre sus obras más conocidas se encuentran El hotel New Hampshire (1981), Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra (1985), Oración por Owen Meany (1989), Una mujer difícil (1996), Hasta que te encuentre (2005) y Avenida de los misterios (2015). Muchas de sus novelas han sido llevadas al cine, y él mismo ganó un Óscar por el guion de Las normas de la casa de la sidra.

Irving es uno de los grandes de la literatura norteamericana. Sus obras son caza mayor. Es un autor que podía tener ya un premio Nobel, aunque en las listas de autores estadounidenses más destacados suele estar casi siempre un peldaño por debajo de Paul Auster, Richard Ford o Joyce Carol Oates. Quizás haber triunfado comercialmente a nivel mundial con El mundo según Garp, no le haya ayudado a ser tan reconocido. Tampoco la exitosa adaptación de Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, su novela más realista, la que menos transita por el particular universo Irving.

En sus novelas, el azar juega siempre un papel importante. La vida de los personajes cambia de forma drástica por una mala decisión. El destino se retuerce de forma inesperada porque por encima de esa capa de excentricidad con la que los maquilla los personajes del escritor de Nueva Inglaterra son, sobre todo, dickensianos; como el Danny de La última noche en Twisted River (2009), una de sus mejores novelas, el Homer Wells de Príncipes de Maine o el personaje que mejor condensa toda su literatura, Garp. Y es que Irving es un escritor más influido por Melville que por Hemingway. 

El autor ha condensado todos sus personajes peculiares, sus manías, rarezas, su particular mundo, en una obra con hechuras de testamento literario, El último telesilla (2024, Tusquets), en donderecorreremos la historia de los Estados Unidos en el siglo XX: la Guerra Fría, Vietnam, la era Reagan, la irrupción del sida, el Tea Party y la presidencia de Donald Trump.

El compromiso de Irving con los temas de tolerancia hacia las minorías sexuales lo ha convertido en un bardo de las familias alternativas y una voz visionaria sobre el tema de la libertad sexual. Su novela más reciente es Reina Esther, una novela histórica que sigue a Esther Nacht, una judía nacida en Viena cuya vida está marcada por el antisemitismo. Huérfana, Esther es dejada en el orfanato de St. Cloud, donde el Dr. Larch sabe que no será fácil encontrar una familia judía que adopte a Ester. Cuando tiene catorce años y está a punto de convertirse en pupila del estado, el Dr. Larch conoce a los Winslow, una familia filantrópica con antecedentes de apoyar a huérfanos no adoptados. 

La obra de John Irving suele girar en torno a familias excéntricas, personajes marcados por pérdidas tempranas, la culpa y la búsqueda de sentido. Con un estilo inconfundible y una imaginación desbordante, sigue siendo un autor fundamental de la narrativa contemporánea.