lunes, 2 de noviembre de 2026

Santos Martínez y su Ropasuelta

Santos Martínez nació en Fuente Librilla (Murcia) en 1992. Es periodista y escritor, y una de las voces de la narrativa murciana contemporánea que reivindican la vida rural, el habla popular y las contradicciones de quienes crecen lejos de los grandes centros urbanos.

Su obra combina humor, ironía, crítica social y una mirada poco idealizada sobre la realidad de los pueblos murcianos.

Martínez ha trabajado en distintos ámbitos antes de consolidarse como escritor y periodista cultural. Ha colaborado con diversos medios de comunicación, entre ellos elDiario.es y La Opinión de Murcia, escribiendo sobre literatura, música y actualidad. También forma parte del grupo musical Llueve, capullo!.

Su trayectoria literaria incluye dos títulos fundamentales:

  • Mañana me largo de aquí (2017). Un libro de relatos publicado por La Marca Negra, con el que comenzó a dar a conocer su escritura.

  • Ropasuelta (2024). Su primera novela, publicada por la editorial independiente Hoja de Lata, que lo situó entre los autores murcianos a seguir.

Ropasuelta: La Gran Novela Rural Murciana

Ropasuelta, de Santos Martínez, es una novela de humor, sátira social y cierto trasfondo autobiográfico que retrata la vida rural murciana sin idealizarla. Su escenario es Fuente Librilla, localidad situada a los pies de Sierra Espuña.

El protagonista, Santini Martínez, tiene 29 años y regresa a su pueblo por Navidad después de llevar diez años fuera. Vuelve en un momento poco brillante de su vida: se ha quedado sin trabajo y tampoco ha conseguido encontrar fuera ese futuro prometedor que imaginaba cuando decidió marcharse.

El regreso coincide con la fiesta de jubilación de su padre, Matías Martínez, conocido como el Ropasuelta, un hombre autoritario, de carácter difícil y con quien Santini lleva una década sin hablar. El reencuentro familiar no resulta precisamente idílico. Santini vuelve a encontrarse con una madre emocional, las costumbres de siempre, los personajes del pueblo, las conversaciones de bar, las relaciones entre generaciones y un ambiente rural que conoce perfectamente, pero del que también quiso escapar.

En medio de este panorama, su padre tiene una ocurrencia: quiere participar con él en la tradicional carrera popular del 4 de enero que rodea el pueblo. Una propuesta aparentemente sencilla que se convierte en el hilo conductor de una convivencia marcada por las tensiones, los recuerdos y las diferencias entre ambos.

A través de esos días, Santini tendrá que enfrentarse a su pasado, a la relación con su familia y, sobre todo, a la sensación de que quizá marcharse del pueblo no le ha servido para encontrar todo aquello que esperaba.

La relación entre padres e hijos es uno de los ejes centrales de la novela. La difícil relación entre Santini y su padre permite explorar los silencios familiares, la incomunicación, las expectativas y las distintas formas de entender la vida. También la novela cuestiona determinados modelos masculinos basados en la autoridad, la rudeza, la falta de expresión emocional y la dificultad para mostrar afecto.

El autor construye un retrato de Fuente Librilla alejado de la idealización bucólica. Hay tradiciones, vínculos comunitarios y sentido de pertenencia, pero también cerrazón, convencionalismos y contradicciones Santini representa a una generación que creció pensando que estudiar, salir del pueblo y buscar oportunidades en otros lugares garantizaría una vida mejor. Sin embargo, se encuentra con la precariedad, la frustración y la incertidumbre.

¿Qué ocurre cuando uno se marcha de su pueblo buscando otra vida y, al regresar, descubre que tampoco ha encontrado exactamente lo que buscaba? y ¿hasta qué punto necesitamos alejarnos de donde venimos para descubrir quiénes somos y qué parte de ese lugar sigue formando parte de nosotros?

Ropasuelta es una novela sobre el desencanto de descubrir que la vida que imaginábamos no siempre se corresponde con la que conseguimos construir. Pero también sobre la dificultad de reconciliarnos con nuestros orígenes, con nuestra familia y con nosotros mismos. Es, en definitiva, na novela muy murciana en su lenguaje, sus personajes y sus escenarios, pero universal en los conflictos que plantea.

El resultado es una narrativa que retrata la Murcia rural desde dentro, con sus peculiaridades, sus contradicciones y un humor seco que convive con la desilusión y la ternura.

martes, 27 de octubre de 2026

Colección de poetas: Ginés Aniorte

Ginés Aniorte (Sangonera la Verde, 1960) es poeta, novelista y maestro. Su trayectoria literaria se ha desarrollado paralelamente a su labor docente, vinculada durante años a su localidad natal. Desde muy joven sintió interés por el lenguaje y las palabras, una vocación que acabaría convirtiéndose en una extensa obra poética.
Su acercamiento a la poesía tuvo un origen singular: desde niño disfrutaba jugando con las palabras y componiendo canciones, que memorizaba antes de trasladarlas al papel. La música fue, de este modo, una de las primeras vías que lo condujeron a la creación poética. Su escritura refleja también la huella de su tierra, sus paisajes, la cercanía del Mediterráneo y la observación de las relaciones humanas.
Publicó su primer poemario, Poemas de amor, en 1980, cuando apenas tenía veinte años. Desde entonces ha construido una trayectoria que abarca varias décadas y que incluye poesía, narrativa y escritura autobiográfica. .
La poesía de Aniorte se caracteriza por la atención al lenguaje, la introspección y la exploración de la experiencia humana. En sus libros aparecen la memoria, el paso del tiempo, los afectos y la reflexión sobre la propia existencia.
Su interés por las palabras no se limita a utilizarlas como vehículo de expresión: también las convierte en objeto de indagación, especialmente en De verbis: a modo de tratado (2024) que examina sus posibilidades, sus límites y su capacidad para dar sentido al mundo.
Su obra poética abarca de su primera etapa donde están los comienzos líricos con Fragmentos (1987), Mientras dure el invierno (1990) y Adivinaciones (2000).
De la madurez y consolidación, se publican Cuanto quise decir (2004), Los azares (2006) y Nosotros (2009) y de la profundización se encuentran en Pensar en verso (2010), Las condiciones del pájaro (2012) y Liquidación por reformas (2013). Se amplían los registros del autor, desde el juego literario hasta la exploración espiritual y la revisión de su propio recorrido.
Con El barco de Teseo (2022) y De verbis (2024),  la reflexión se centra especialmente en el cambio, la memoria, la identidad y el poder de las palabras para dar forma a la experiencia.
En 2025 publicó Hojarasca, recopilación de poemas escritos a lo largo de unos veinte años que habían quedado fuera de libros anteriores.

Poemas (Poemario De verbis: a modo de tratado)

Hay palabras que dichas muy temprano almidonan el
mundo, pero hay otras que aúllan en la noche como
lobos que marcan sus dominios. Se enfrentan a la sombra,
conversan con la luna y, cuando un hilo de luz
anuncia el día, se repliegan a lo hondo, a la pureza del
idioma, a la fuente de un agua clara y dulce que las pule
y las hace brillar en nuestros labios.

***

Hay un momento en que la luz y las palabras son inútiles;
se diría que a oscuras y en silencio vemos todo más limpio,
expresamos mejor los colmados matices de la vida
interior que nos recorre.

***

Las palabras son pájaros en el hilo del tiempo: el collar
con que este se engalana.

***

Sobre este mundo en ruinas se erigirá la verde enredadera
de la palabra olvido.

***

La inencontrable patria de los nómadas tiene un cielo
que cambia estrellas por palabras. ¡Qué luz más cegadora
para aquellos que vagan por la noche sin origen ni rumbo!

sábado, 3 de octubre de 2026

Tatiana Tíbuleac


"La vida adulta se construye alrededor de tu familia, huimos de ella o tratamos de repetirla"

Cuando en 2019 llegó a las estanterías españolas El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes todo se sacudió. Su autora, Tatiana Ţîbuleac, se convirtió de la noche a la mañana en el nombre que todos recomendaban, una suerte de secreto a voces que terminó por conquistar a la crítica y, sobre todo, a los lectores más exigentes.

Pero, ¿qué tiene la escritura de Ţîbuleac para haber generado tal magnetismo? La respuesta reside en su capacidad para transformar el dolor en belleza.. Sin embargo, aunque el éxito masivo le llegó con sus novelas, la relación de la autora con la palabra viene de lejos. Nacida en Chisináu, Moldavia en 1978, su padre era periodista y su madre editora, por lo que creció rodeada de libros y periódicos y se aficionó pronto a la lectura. Ţatiana Tîbuleac estudió periodismo y comunicaciones en la Universidad Estatal de Moldavia y durante esos años ya empezó a colaborar con diversos medios en calidad de traductora, correctora y reportera. También se forjó las redacciones y los platós de televisión, donde destacó como reportera de corte social. Esa mirada entrenada para observar la realidad es, precisamente, la que dota a sus ficciones de una autenticidad arrolladora.

En 2007 dejó el periodismo y se trasladó a París en 2008. Según contó, le vino muy bien el cambio de vida para encontrar un modo nuevo de escribir.

Publicó en Moldavia su primer libro Fábulas modernas, en 2014, una colección de 50 historias cortas sobre la migración. Su segunda novela Jardín de vidrio de 2018, por la que le concedieron el Premio de la Unión Europea de Literatura, vuelve a la infancia, pero desde un ángulo distinto. Ambientada en los últimos años de la Moldavia soviética, cuenta la historia de una niña adoptada por una anciana que la explota y la educa en una lengua que no le pertenece del todo. Una historia de aprendizaje marcada por la pobreza, la violencia y el idioma como frontera. "Cuando era pequeña la violencia estaba en todas partes: en la familia, en la escuela, en la calle. Nos acostumbramos a ella. Pensábamos que los golpes eran parte de la educación, que nos harían más fuertes". No lo dice con rencor, sino con la serenidad de quien sabe que la literatura es el único modo de exorcizar la memoria.

Su última novela, Cuando seas feliz, golpea tú primero (Impedimenta, 2026), vuelve sobre las relaciones entre padres e hijos, pero también el exilio y la identidad.

Su obra es una suerte de confesión pública sobre la literatura, la maternidad, la identidad y la memoria. En su tono pausado, casi hipnótico, se adivinaba la misma mezcla de crudeza y ternura que atraviesa sus libros. Para Tatiana Tîbuleac,  la escritura le sirve "para decir lo que no podía decir en voz alta".

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes


Aleksy viaja con su madre a un pequeño pueblo de Francia para pasar juntos un último verano. Entre ellos hay años de resentimiento, reproches y heridas que parecen imposibles de cerrar. Pero, mientras pasan los días y comparten ese paisaje, algo empieza a cambiar. Poco a poco, el rencor deja espacio a la memoria y el silencio comienza a revelar aquello que nunca fueron capaces de decirse.

A veces, las autoras que escriben sobre la maternidad lo hacen desde la luz; Tatiana Țîbuleac lo hace desde la sombra. En El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2019), su debut convertido en fenómeno internacional, un adolescente furioso acompaña a su madre moribunda en un verano de reconciliación.

Uno de los aspectos que más llama la atención de la novela es su forma de estar escrita. Tatiana Țîbuleac utiliza prosa poética, intensa y profundamente sensorial con frases breves, imágenes poderosas y un lenguaje cargado de metáforas para construir una narración que, en ocasiones, resulta casi musical. La historia avanza entre recuerdos, pensamientos y escenas del presente, dejando que las emociones tengan tanto peso como los propios acontecimientos. Una escritura hermosa y áspera al mismo tiempo, capaz de pasar de la ternura a la crudeza en apenas unas líneas. Esa mezcla hace que la historia se sienta muy cercana y que algunas escenas nos acompañen después de cerrar el libro.

Una novela que explora sobre la enfermedad, la culpa, la pérdida, la memoria, la reconciliación, el perdón y el peso de la herencia emocional a través de una prosa atrayente, pero, sobre todo, sobre una relación entre una madre y un hijo que intenta encontrar una forma de amor allí donde durante mucho tiempo solo parecía haber dolor, de cómo, a veces, necesitamos volver a mirar a las personas que queremos para entenderlas de otra manera.

No es de extrañar que la obra cosechara premios como el Cálamo al Libro del Año y el Premio de las Librerías Recomiendan, consolidando a la editorial Impedimenta como el hogar de una de las voces más poderosas de la literatura contemporánea en lengua rumana.

"Escribí ese libro para mi hijo y también para mi padre"... "Porque el concepto de maternidad me golpeó. Pensé que no sería capaz de sacarlo adelante, que no sería una buena madre. Y también lo escribí para pedir perdón a mi padre, para decirle cosas que no supe decirle en vida."

Su literatura nace de ahí: de los silencios familiares, de las frases que nunca se dijeron y de la imposibilidad de ser perfectamente buena o perfectamente amada. Tîbuleac reconoce que, aunque creció en una familia convencional, "padre y madre juntos, sin divorcios", escribe siempre desde ese territorio movedizo que se abre entre el amor y la culpa.

martes, 29 de septiembre de 2026

Colección de poetas: Grigore Vieru


Nacido el 4 de febrero de 1935, en el pueblo Pererata, en el condado de Hotin, cuando este territorio formaba parte de Rumanía, Grigore Vieru fue el poeta más importante de la República moldava y quien más contribuyó al acercamiento de los dos países, que comparten el idioma rumano, siendo un símbolo de la lucha nacional de los rumanos de la República de Moldavia, haciendo de la lengua una patria

Vieru creció en un mundo rural que dejaría una huella permanente en su poesía. La sencillez de aquel paisaje, la figura materna y las primeras palabras aprendidas en la infancia se convertirían en algunos de los grandes motivos de su obra.

Su trayectoria literaria comenzó muy pronto. En 1957 publicó su primer libro, Alarma, y posteriormente desarrolló una intensa actividad como poeta, escritor para niños, traductor y editor. Su poesía infantil ocupó un lugar especialmente importante dentro de la literatura moldava y rumana, con versos caracterizados por su claridad, musicalidad y aparente sencillez. Pero detrás de esa sencillez había una concepción profundamente seria de la palabra.

Tras su debut en 1957, se impuso en 1965 con el tomo Versos para los lectores de todas las edades, mientras que Numele tau (Tu nombre), publicado en 1968, lo consagró como el más original poeta del país. Entre sus más conocidos libros de poemas se cuentan Mama (1975), Un verde ne vede (Un verde nos ve), que le valió el Premio de Estado de Moldavia, Steaua de vineri (Estrella de viernes), la selección lírica bajo el título Opere alese (Obras escogidas) y Radacina de foc (La raíz de fuego).

Durante las décadas en que la República Socialista Soviética de Moldavia formó parte de la Unión Soviética, la cuestión de la lengua y de la identidad cultural adquirió una dimensión especialmente significativa en su obra. Vieru defendió el carácter rumano de la lengua hablada en Moldavia y participó activamente en el movimiento de afirmación nacional y lingüística de finales de los años ochenta.

Su universo poético es, ante todo, íntimo. La madre aparece como una figura casi sagrada; la infancia, como un territorio al que siempre se regresa; y la palabra, como un vínculo entre generaciones.Hay en sus poemas una ternura que nunca resulta ingenua. Vieru sabía que las palabras más sencillas, madre, casa, tierra, niño, lengua, podían contener una historia entera. Por eso su poesía busca la emoción sin artificio y convierte lo cotidiano en símbolo.

En 1996 fue elegido miembro correspondiente de la Academia Rumana y, en 1998, recibió el Premio Internacional Herder, uno de los reconocimientos culturales europeos más destacados de la época.

La vida de Grigore Vieru terminó de manera inesperada. El 16 de enero de 2009 sufrió un grave accidente de tráfico cerca de Chisináu. Murió dos días después, el 18 de enero, a los 73 años.

Grigore Vieru escribió desde un lugar aparentemente pequeño (una aldea, una infancia, una lengua) y consiguió convertirlo en un territorio literario mucho más grande. Porque para él la poesía no necesitaba levantar la voz para defender lo que amaba: bastaba con nombrarlo.

POEMAS

SER

Soy el manzano generoso
que hacia el cielo va creciendo,
mientras el leproso, rascándose en el tronco,
a los sanos está maldiciendo.

Soy blanca flor con faz de lira,
nacida en una cruel época:
el alma pura la admira,
el sinvergüenza se mea en ella.

Soy el libro antiguo y sagrado
cuya cubierta el cura besa
y en cuyo dorso, el salvaje,
garabatea su vileza.

Soy la laboriosa abeja
cubierta por el polen de Luna:
me difaman siempre los vagos
de rojo soviético sus labios pintados.

Soy, quizás, el futuro
de un pueblo harto ya de plomo,
al que el tuerto le indica
por dónde caminar y cómo.

Soy el que quiere en la plaza cantar
al dulce pan de la Libertad
aunque sea con la boca tapada,
aunque me quieran amordazar.

Soy esa mancha de sangre,
a la que algunos llaman Moldavia,
que sonríe a su asesino
en vez de a él enfrentarse.

Soy el anhelo que vuela
sobre el dique y el agua alborotada,
una libertad triste
de lágrimas amargas coronada.

Soy el Prut ancestral y solitario
herido por la alambrada.
al que el mar siempre traga,
el que siempre vuelve a resurgir.

Soy el cantar del pueblo mío
que nadie ahogará jamás,
¡aunque de Siberias llenaran
la tierra entera!

EL SER DE LA MADRE

Tan frágil eres tú, madre
que podrías ir caminando
sobre las semillas que vuelan
entre el cielo y la tierra.

Con una especie de miedo en
tus ojos,
sin embargo, estás feliz.
La hierba sabe tu nombre,
la estrella sabe lo que piensas.

TESTAMENTO

Se apagará una tarde
O al nacer el día
El fuego que aún arde
En esta alma mía.
Y quedaré entonces
Pegado todavía
Al libro de mi Procer.

Y si llego a leerlo
Tal vez hasta la mitad
Cual mis párpados de muerto
¡No lo vayan a cerrar!
Déjenmelo así, abierto
Ya mi hijo así, por cierto
Lo podrá continuar.

Y de ser que el no oyera
De la letra el son de cuerno
Pónganmelo cabecera
Con su bosque dulce y tierno.