El vecino de Los Vientos
Si algo define a este escritor es su compromiso con la palabra: escribir no como un gesto de vanidad, sino como un acto de diálogo. Leerlo es sentir que alguien te habla con honestidad, como un amigo que te cuenta una historia mientras caminan sin prisa.
Salvador García Aguilar nació el 21 de noviembre de 1924 en Rojales, provincia de Alicante, aunque gran parte de su vida transcurrió en Molina de Segura (Murcia), localidad que acabaría siendo su hogar y donde fue nombrado hijo adoptivo.
Desde muy joven, debido a la Guerra Civil Española, tuvo que abandonar sus estudios en 1936 para ponerse a trabajar, circunstancia común de muchos jóvenes de su generación. A pesar de su formación interrumpida, desarrolló una curiosidad insaciable por la lectura y la cultura.
Durante su vida laboral trabajó más de tres décadas en Hernández Contreras, una empresa conservera de Molina de Segura, desempeñando funciones administrativas y comerciales. Fue autodidacta: su amor por la literatura surgió y se consolidó en sus horas libres, nutriéndose de los clásicos y de cuantos libros pasaron por sus manos.
No fue hasta 1983, ya cerca de los 60 años, cuando García Aguilar irrumpió en el panorama literario español. Ese año fue galardonado con el prestigioso Premio Nadal de Novela por Regocijo en el hombre, una obra ambientada en el mundo anglosajón y vikingo con resonancias nórdicas y medievales. La obra nos ofrece tres relatos narrados en primera persona por un obispo, un rey y un príncipe. A lo largo del texto van surgiendo los conocimientos, las concepciones políticas, morales y religiosas del escritor, que emplea un lenguaje clásico y arcaico.
Este reconocimiento lo catapultó de manera inesperada a la literatura profesional, ya que hasta entonces escribía en secreto y sin publicaciones previas destacadas. Tras el Nadal, dejó su trabajo de dirección de Comercio Exterior de la empresa para dedicarse por completo a la escritura.
A partir de ese momento publicó diversas obras, como Relatos (1985), Granada cajín (1990), su personal historia de La Iliada, Clama el silencio (1990), La guerra de los patos (1994) o Epílogo de una reencarnación (1995). Novelas, relatos y obras dramáticas, muchas de ellas con fuerte énfasis en la exploración de mundos y épocas pasadas. Su obra combina reflexión, rigor documenta, inventiva narrativa y un análisis moral y existencial de los personajes. Aunque no alcanzaron la misma repercusión mediática que su primera gran novela, consolidaron una trayectoria coherente y personal dentro de la narrativa española contemporánea.
También escribió la versión literaria de una leyenda popular rojalense con el título La noche mágica : Leyenda de “La Encantá” (1996) que transformo en texto dramático en colaboración con Alberto González Vergel como La noche de La Encantá y que se representó en el Teatro Capitol de Rojales, el 10 de agosto de 1996 y en el Teatro Principal de Valencia, el 12 de octubre de 1996.
El Ayuntamiento de Molina de Segura publicó su libro de cuentos La flauta hay que tocarla siempre (2000) y coeditó junto a la Editora Regional de Murcia la trilogía novelística El tiempo que nos vive (2003), una saga familiar ambientada en el espacio mítico de Diosondo, Molina de Segura para el autor.
Salvador García Aguilar continuó escribiendo hasta que el alzhéimer le obligó a dejar su actividad literaria, falleciendo en 2005. Deja varias obras inéditas, incluida la tetralogía Del lauro y la victoria, que se compone de Romance de la muerte umbría, Romance de la cumbre del águila, Romance de la falsa carne y Romance de los tres príncipes.
La figura de Salvador García Aguilar ha sido objeto de diversos homenajes e iniciativas culturales tanto en Molina de Segura como en Rojales, reflejo del arraigo y la consideración que su obra mantiene en ambos municipios.
En Molina de Segura, la Biblioteca Municipal lleva su nombre desde su inauguración en 2007, consolidando así un reconocimiento institucional permanente a su legado literario. Además, en esta misma localidad se celebró, del 8 al 10 de mayo de 2006, el Congreso en homenaje a Salvador García Aguilar, un encuentro académico y literario que reunió a estudiosos y lectores en torno a su obra. Las aportaciones y ponencias presentadas en aquellas jornadas quedaron recogidas en un volumen de actas editado por el Ayuntamiento bajo el título El escritor secreto.
Por su parte, en Rojales se convoca un premio literario de novela corta que lleva su nombre, iniciativa que contribuye a mantener viva su memoria y a fomentar la creación literaria en sintonía con el espíritu de su trayectoria.
En noviembre de 2024 se conmemoró el centenario del nacimiento del escritor Salvador García Aguilar, una fecha señalada que invitaba no solo al recuerdo, sino también a la reivindicación de su figura y de su obra. Durante una semana se desarrolló un programa de actividades que incluyó una ofrenda floral ante su busto, conferencias en torno a su trayectoria literaria, lecturas de sus textos y la presentación del libro La obra de Salvador García Aguilar en cincuenta páginas, de Miguel Ángel González Sánchez, una publicación concebida como acercamiento sintético y divulgativo a su legado.
Sin embargo, pese al esfuerzo organizativo y al compromiso de quienes participaron en el homenaje, la sensación final fue agridulce. El acto resultó digno y respetuoso, pero quizá demasiado modesto para la relevancia de la efeméride. No se alcanzó plenamente el objetivo de convocar a un público más amplio ni de situar la obra de García Aguilar en el lugar de visibilidad que merece dentro del panorama cultural.
Queda, inevitablemente, esa impresión de no haber hecho lo suficiente. De que el centenario, que debía ser una oportunidad para reactivar el interés y proyectar su figura hacia nuevas generaciones de lectores, pasó de manera discreta. Tal vez esa misma inquietud sea, en el fondo, una llamada a redoblar esfuerzos en el futuro: a seguir trabajando para que la voz literaria de Salvador García Aguilar no quede confinada al recuerdo conmemorativo, sino que continúe viva en la lectura, el estudio y la difusión sostenida de su obra.
El legado de García Aguilar es reflexivo, trabajado y con cierta densidad conceptual. No es un autor de lectura apresurada; exige atención y ofrece profundidad. Su interés por la historia y lo simbólico hacen que muchas de sus tramas se sitúen en épocas pasadas, pero no con intención meramente decorativa, sino como marco para reflexionar sobre cuestiones universales: el poder, la fe, la violencia, el destino o la identidad. Sus personajes suelen enfrentarse a conflictos morales complejos. La acción narrativa está atravesada por preguntas sobre el sentido de la vida y la responsabilidad humana.
Sin duda, el hecho de comenzar a publicar tardíamente aportó a su obra una notable madurez. No es una narrativa impulsiva, sino meditada y sólida.



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