lunes, 4 de mayo de 2026

Relato de un náufrago

Cuando el mar no guarda secretos

El 28 de febrero de 1955, ocho tripulantes del buque de la marina colombiana "A. R. C. Caldas" cayeron al mar en medio de una fuerte tormenta. Solo uno de ellos sobrevivió: Luis Alejandro Velasco, que durante diez días luchó contra el hambre, la sed y la soledad en una pequeña balsa a la deriva en el Caribe.

Al regresar a tierra, fue recibido como un héroe nacional. La dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla lo elevó a la categoría de ícono nacional, aprovechando su historia para mostrar la valentía y resistencia del pueblo colombiano. Pero cuando Velasco decidió contar la verdad, las cosas tomaron un rumbo inesperado.

Gabriel García Márquez, entonces periodista en El Espectador, pasó veinte días entrevistando al superviviente para reconstruir cada detalle de su dramática travesía. Publicado inicialmente por entregas, el relato pronto desató una tormenta política que nadie vio venir. La publicación de este testimonio puso en jaque al gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, pues desmentía la versión oficial que atribuía el naufragio a una tormenta. En realidad, la tragedia había sido provocada por el desplazamiento de una carga de contrabando, electrodomésticos mal asegurados sobre la cubierta. Esta revelación no solo sacó a la luz una verdad incómoda, sino que también desencadenó una serie de consecuencias que cambiarían para siempre la vida del náufrago y la del propio Gabriel García Márquez.

El destructor Caldas y su tripulación llevan ocho meses en el puerto de Mobile, Alabama, debido a las reparaciones que se están realizando en el buque. El marinero Luis Alejandro Velasco reparte su tiempo libre entre su nueva novia, Mary Address, y diversas formas de matar el tiempo con sus compañeros, como las peleas a puñetazos y las salidas al cine.

Un día, viendo la película El motín del Caine, los marineros colombianos experimentan cierta inquietud ante las escenas de una tempestad. Como si se tratara de una premonición, Velasco comienza a tener dudas sobre el inminente regreso del destructor a su base en Colombia, y decide que dejará la Marina una vez regrese a su Cartagena natal. Así, el 24 de febrero zarpa por última vez en su barco, invadido por el miedo a una posible tormenta similar a la de la película, por lo que no puede conciliar el sueño.

Durante los primeros días de recorrido, Luis Alejandro se encuentra intranquilo por el clima en el Golfo de México. Sin embargo, el barco parece navegar suavemente. Esto no dura mucho, ya que a medida que avanzaba, el barco se tambalea cada vez más y más hasta que toda la tripulación recibe la orden de trasladarse a babor. Y se produce el naufragio. Velasco quedó solo en el mar y durante diez días sobrevivió a la deriva sobre una balsa improvisada, enfrentándose al hambre, la sed, los tiburones y la desesperación, hasta que finalmente logró llegar a la costa colombiana.

Después de llegar a Bogotá, Luis Alejandro Velasco es recibido como un verdadero héroe. Todo el mundo quiere escuchar su historia, hasta el punto de que un periodista llega a disfrazarse de médico para visitarlo en el hospital. Allí consigue dos dibujos de Velasco, que terminan en la primera plana de un periódico. 

Durante un tiempo, Velasco disfrutó de la fama y del dinero que le generaron varios contratos publicitarios. Promocionaba relojes que, según él, nunca se atrasaron a la intemperie, y zapatos tan fuertes que no los pudo desgarrar para comérselos en el mar. La gente parecía fascinada, pero la verdad estaba a punto de salir a la luz.

Gabo no se dejó llevar por la versión oficial ni por la imagen del héroe que se vendía en la publicidad. Según sus palabras, 'el cuento había sido contado a pedazos muchas veces, manoseado y pervertido'. El público estaba saturado de la historia, pero Márquez quiso profundizar más allá de la superficie.

Las publicaciones de García Márquez fueron un éxito. La gente hacía fila frente a las puertas del diario para conseguir ejemplares atrasados y completar la colección de artículos. La circulación del diario se duplicó, y la historia se publicó completa en un suplemento especial. Pero las consecuencias no tardaron en llegar. El régimen castigó al diario con multas, impuestos y confiscación de ediciones, lo que obligó a su cierre temporal, mientras que García Márquez se vio forzado a exiliarse en París para escapar de las represalias.

El reportaje, firmado por García Márquez, fue uno de los hitos del periodismo literario latinoamericano. Sin embargo, el nombre de Márquez no apareció en el título hasta que la obra se publicó como libro en 1970. Velasco, que había perdido su puesto en la Marina, cayó en desgracia tras las revelaciones. A finales de los años 60, fue encontrado trabajando en una empresa de autobuses, lejos de la gloria que había conocido.

Detrás de esta historia de supervivencia se encuentra una entramada crítica política. Hoy, esa crítica ya no se aprecia de la misma manera. En su lugar, Relato de un náufrago nos hace oscilar entre lo real y lo onírico, llegando a un punto en el que compartimos con el protagonista las dudas sobre qué está ocurriendo y qué no. Al igual que Luis Alejandro, como lectores nos adentramos en la locura de si lo que vemos es un simple espejismo o va más allá.

A través de sus páginas, vemos cómo el protagonista se convierte en un héroe simplemente por el hecho de no dejarse morir. De hecho, el propio autor nos invita a reflexionar y dudar sobre la autoría de la obra, ya que menciona en su prólogo que él es un mero narrador de una historia que no es suya, y con la que quiere hacer justicia a un héroe olvidado.

Los caminos de Velasco y García Márquez nunca volvieron a cruzarse. Mientras la fama de Gabo crecía, la de Velasco se desvanecía. Finalmente, el náufrago decidió demandar a García Márquez por los derechos de autor del libro, pero después de más de una década de litigio, la justicia colombiana falló a favor del escritor. Velasco murió convencido de que tenía derecho a una parte de los beneficios. En sus últimos años, mantuvo correspondencia con García Márquez, reclamándole los derechos. Gabo, siempre sagaz, comenzó una de sus cartas con la frase: "Mi querido Luis Alejandro, es la primera vez que recibo una carta de uno de los personajes de mis libros".

martes, 28 de abril de 2026

Gabriel García Márquez

Crónica de un narrador infinito

En el calor húmedo del Caribe colombiano, entre el rumor de las bananeras y las historias que parecían flotar en el aire, nació Gabriel García Márquez el 6 de marzo de 1927 en Aracataca. Desde niño, su mundo estuvo tejido por voces: la de su abuelo "Papalelo", que le hablaba de guerras y dignidad, y la de su abuela Tranquilina, que le susurraba historias donde lo imposible formaba parte de la vida diaria. Así, aprendió que la realidad podía ser tan vasta como la imaginación, una realidad mágica.

Aunque inició estudios de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia, pronto abandonó los códigos legales para entregarse a las palabras. El periodismo fue su primera trinchera, y en él encontró el pulso de las historias humanas que más tarde poblarían sus libros. El joven García Márquez decidió entonces trasladarse a Cartagena de Indias, tras las revueltas de 1948 en Bogotá, donde trabajó como periodista en diversos medios como El Universal o El Heraldo.

Durante un baile estudiantil, Gabriel conoció a una joven de la que se enamoraría perdidamente, Mercedes Barcha, que era la hija de un boticario. En ese momento se prometió a sí mismo que la convertiría en su esposa tan pronto como pudiese. La pareja se casó en 1958 y un año después nacería su primer hijo, Rodrigo. En 1961 se instalaron en Nueva York, ciudad en la que Gabriel ejerció como corresponsal de Prensa Latina en una agencia fundada por Fidel Castro. Esto conllevó ciertas críticas y amenazas que hicieron que se mudase a México, donde pasaría la mayor parte de su vida. En estos años publicó El coronel no tiene quien le escriba (1961) y La mala hora (1962).

Con la publicación de Cien años de soledad, en 1967, abrió las puertas de Macondo, un lugar donde el tiempo gira en espiral y lo extraordinario se vuelve cotidiano. Su obra se convirtió en un espejo mágico de América Latina, donde conviven la memoria, el amor, la violencia y la esperanza. Novelas como Relato de un náufrago (1970), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981) y El amor en los tiempos del cólera (1985), confirmaron su capacidad para transformar lo cotidiano en leyenda.

En 1982, el mundo reconoció su voz con el Premio Nobel de Literatura, celebrando no solo a un escritor, sino a un narrador que hizo de la palabra un territorio sin fronteras.

En los albores del nuevo siglo, García Márquez volvió la mirada hacia su propia vida y, en 2003, la dejó plasmada en Vivir para contarla, un ejercicio de memoria donde el pasado respiraba con la intensidad de sus ficciones. Apenas un año después, en 2004, publicó Memorias de mis putas tristes, una obra que, fiel a su estilo provocador, despertó controversia por la delicadeza y osadía de su temática. Ya en sus últimos años, como quien recoge las palabras sembradas a lo largo del tiempo, dio a conocer Yo no vengo a decir un discurso, una antología de conferencias que revelaba no solo al narrador, sino también al pensador que reflexionaba sobre el oficio de escribir y el sentido de la vida.

Gabriel García Márquez murió el 17 de abril de 2014 en Ciudad de México, pero su obra permanece como  un lugar donde la realidad y el sueño se entrelazan, y donde cada lector vuelve a descubrir que, a veces, lo más increíble es simplemente la vida misma.

domingo, 26 de abril de 2026

Colección de poetas: León de Greiff


Francisco de Asis Leon Bogislao de Greiff Hausler o León de Greiff, o también conocido como Leo Legris o Gaspar de la Nuit, fue uno de los grandes poetas del siglo XX.
Aunque sus poemas son difíciles de descifrar, la musicalidad de sus versos es, quizás, una de las razones para hacer de su lectura una fiesta.
Nacido en Antioquia, en una familia de origen sueco y alemán, heredó de su padre el amor por las letras. Pero el poeta también estaba fascinado por los números y sus infinitas combinaciones. Tuvo trabajos diversos: empleado bancario, contador, también estuvo vinculado a la administración de la construcción del ferrocarril de Antioquia, además tuvo una breve estadía en Suecia como secretario de la Embajada de Colombia.
Pero lo suyo era la poesía y, con ella, la música. De Greiff no se encasilla en ninguna etiqueta, su creación es variopinta, abarcando desde los juglares de la Edad Media y los modos literarios del Siglo de Oro español, con sus vocablos y combinaciones, hasta los poetas malditos, como Rimbaud. La ironía, el sarcasmo, la burla son recurrentes en sus textos que, a la vez tienen un velo de delicadeza.
Su primer libro , en 1925, es Tergiversaciones, seguido del Libro de los signos, Variaciones alrededor de la nada, en 1936; poco a poco aparece en páginas de diarios, revistas y también en los micrófonos de la radio. La dificultad de comunicación, el amor, la muerte, las mujeres, tanto las diosas como las vampiresas, las cultas y las incultas, son algunos de sus principales temas.

En el que es quizás su poema más conocido, escribe:

Juego mi vida, cambio mi vida
La llevo perdida
Sin remedio
Y la juego o la cambio por el más infantil
La dono en usufructo, o la regalo
O la trueco por una sonrisa y cuatro besos
Todo, todo me da lo mismo
Lo trivial, lo perfecto, lo malo

En 1972 De Greiff tuvo un accidente serio que le dejó graves secuelas. Una fractura de cráneo a raíz de una caída hizo difíciles sus últimos años. Murió en 1976. En homenaje al poeta, la Universidad Nacional bautizó con su nombre el auditorio donde se han dado debates literarios y poéticos a veces tan acalorados y disruptivos como el poeta.

Balada del tiempo perdido

I

El tiempo he perdido

y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido…

Mas sí vi un paisaje

sólo en ocres:

desteñido…

Lodo, barro, nieblas; brumas, nieblas, brumas

de turbio pelaje,

de negras plumas.

Y luces mediocres. Y luces mediocres.

Vi también erectos

pinos: señalaban un dombo confuso,

ominoso, abstruso,

y un horizonte gris de lindes circunspectos.

Vi aves

graves,

aves graves de lóbregas plumas

-antipáticas al hombre-,

silencios escuché, mudos, sin nombre,

que ambulaban ebrios por entre las brumas…

Lodo, barro, nieblas; brumas, nieblas, brumas.

No sé adónde he ido,

y he perdido el viaje

y el tiempo he perdido…

II

El tiempo he perdido

y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido…

Mas supe de un crepúsculo de fuego

crepitador: voluminosos gualdas

y calcinados lilas!

(otrora muelles como las tranquilas

disueltas esmeraldas).

Sentí, lascivo, aromas capitosos!

Bullentes crisopacios

brillaban lujuriosos

por sobre las bucólicas praderas!

Rojos vi y rubios, trémulos trigales

al beso de los vientos cariciosos!

Sangrantes de amapolas vi verde-azules eras!

Vi arbolados faunales:

versallescos palacios

fabulosos

para lances y juegos estivales!

Todo acorde con pitos y flautas,

comamusas, fagotes pastoriles,

y el lánguido piano

chopiniano,

y voces incautas

y mezzo-viriles

de mezzo-soprano.

Ni sé adónde he ido…

y he perdido el viaje

y el tiempo he perdido…

III

Y el tiempo he perdido

y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido…

por ver el paisaje

en ocres,

desteñido,

y por ver el crepúsculo de fuego!

Pudiendo haber mirado el escondido

jardín que hay en mis ámbitos mediocres!

o mirado sin ver: taimado juego,

buido ardid, sutil estratagema, del Sordo, el Frío, el Ciego.

Cancioncilla

Quise una vez y para siempre

-yo la quería desde antaño-

a ésa mujer, en cuyos ojos

bebí mi júbilo y mi daño…

Quise una vez -nunca así quise

ni así querré, como así quiero-

a ésa mujer, en cuyo espíritu

fundí mi espíritu altanero.

Quise una vez y desde nunca

-ya la querré y hasta que muera-

a ésa mujer, en cuya boca

gusté -otoñal- la Primavera.

Quise una vez -nadie así quiso

ni así querrá, que es arduo empeño-

a ésa mujer, en cuyo cálido

regazo en flor ancló mi ensueño.

Quise una vez -jamás la olvide

vivo ni muerto- a ésa mujer,

en cuyo ser de maravilla

remorí para renacer…

Y ésa mujer se llama… Nadie,

nadie lo sepa -Ella sí y yo-.

Cuando yo muera, digas -sólo-

quién amará como él amó?

Esta mujer es una urna

Esta mujer es una urna

llena de místico perfume,

como Annabel, como Ulalume…

Esta mujer es una urna.

Y para mi alma taciturna

por el dolor que la consume,

esta mujer es una urna

llena de místico perfume…!

Más breve

No te me vas que apenas te me llegas,

leve ilusión de ensueño, densa, intensa flor viva.

Mi ardido corazón, para las siegas

duro es y audaz…; para el dominio, blando…

Mi ardido corazón a la deriva…

No te me vas, apenas en llegando.

Si te me vas, si te me fuiste…: cuando

regreses, volverás aún más lasciva

y me hallarás, lascivo, te esperando…

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue…

dejemos al amor y vamos con la pena,

y abracemos la vida con ansiedad serena,

y lloremos un poco por lo que tanto fue…

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue…

Dejemos al amor y vamos con la pena..

Vayamos a Nirvana o al reino de Thulé,

entre brumas de opio y aromas de café,

y abracemos la vida con ansiedad serena!

Y lloremos un poco por lo que tanto fue…

por el amor sencillo, por la amada tan buena,

por la amada tan buena, de manos de azucena…

¡Corazón mentiroso! ¡si siempre la amaré!

viernes, 10 de abril de 2026

El acontecimiento

Convertir la vida en escritura 

"Si tuviera que representar en un cuadro aquel acontecimiento de mi vida, pintaría una mesita de formica pegada a la pared y, encima de ella, una palangana esmaltada en la que flota una sonda roja. Ligeramente a la derecha se encuentra un cepillo de pelo. No creo que exista un solo Taller de abortera en ningun museo del mundo"

Francia, 1963. Anne es una joven estudiante brillante con un futuro prometedor por delante. Pero cuando se queda embarazada, ve cómo desaparece la oportunidad de terminar sus estudios y escapar de las limitaciones de su entorno social. Ante la proximidad de sus exámenes finales y conforme va creciendo su vientre, Anne decide actuar, aunque tenga que enfrentarse a la vergüenza y al dolor, aunque tenga que arriesgarse a ir a la cárcel para hacerlo.

El acontecimiento (2000) comienza con el momento en que la narradora y protagonista descubre que está embarazada; viene, a continuación, un periodo de búsqueda angustiosa y solitaria de alguien que le practique un aborto de forma segura y, a ser posible, barata. Por fin, consigue la dirección de una mujer que, después de algunas dificultades y del pago correspondiente, consigue ayudarla a abortar.

Buena parte de las novelas de Annie Ernaux tienen un componente autobiográfico a través del que la autora no solo expone sus fantasmas personales, sino que pone de manifiesto de qué forma se juzga a las mujeres por sus decisiones, su cuerpo o su deseo en el seno de una sociedad profundamente hipócrita. 

La obra es un ejercicio de memoria y análisis (y análisis del propio proceso de memoria) donde explora la soledad, el desamparo y la discriminación que siente al tener que tomar una decisión tan difícil en una sociedad que no respeta la autonomía de las mujeres.

Se trata de reconstruir, con el estilo seco característico de la autora, lo sucedido con precisión y con una consciencia agudísima, tanto de todos los detalles como de las sensaciones y sentimientos asociados. Se trata, también, de reflexionar sobre el propio proceso de memoria y de escritura, proceso que, en este caso, se apoya en una agenda y un diario íntimo que permite establecer una especie de paralaje, comparando las anotaciones realizadas en el mismo momento del "acontecimiento", con los recuerdos actuales de ese momento. Lo que es diferente, lo que permanece, lo que se ha perdido, o añadido, con el tiempo a esos recuerdos.

La obra ha sido adaptada con el mismo titulo en 2021, en una película dirigida por Audrey Diwan, que ofrece una puesta en escena tensa y una actuación poderosa de Anamaria Vartolomei. La película, que ganó el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, mantiene la misma claridad incisiva de su texto, pero nos adentra en el espacio claustrofóbico de Anne a través y cómo la cámara seguirá de cerca los pasos de la protagonista en un camino de pesadilla en el que tendrá que enfrentarse a la constante humillación de su entorno, algo a lo que también contribuirá el formato de pantalla cuadrada, que sirve para constreñir todavía más sus movimientos, atrapándola en una espiral angustiosa y febril.

La narrativa de Ernaux ha resonado en muchas lectoras y lectores, convirtiéndose en un testimonio poderoso sobre la lucha por los derechos de las mujeres y la necesidad de un acceso seguro y legal al aborto.

El acontecimiento es una obra conmovedora que no solo narra una experiencia personal, sino que también invita a la reflexión sobre temas sociales y políticos relevantes en la actualidad. Annie Ernaux convirtió su voz en escritura para abordar cuestiones que siguen siendo pertinentes en la lucha por la igualdad de género y los derechos reproductivos.
"Hace una semana comencé este relato, sin tener ninguna seguridad de que iba a continuarlo. Tan sólo quería comprobar mi deseo de escribir sobre el tema. Un deseo que experimentaba cada vez que me sentaba a escribir el libro en el que llevo trabajando desde hace años. Me resistía a este deseo sin dejar de pensar en él. El hecho de abandonarme a él me horrorizaba. Pero también me decía a mí misma que quizás muriera sin haber escrito nada sobre esa vivencia. Para mí, eso sí que hubiera sido algo imperdonable, no lo otro. Una noche soñé que tenía en las manos un libro que había escrito sobre mi aborto, pero era un libro que no se podía encontrar en ninguna librería y no aparecía mencionado en ningún catálogo. En la parte inferior de la tapa, estaba escrita con grandes letras la palabra AGOTADO.
No sabía si el sueño significaba que debía escribir el libro o que era inútil hacerlo. Hace tiempo que este relato se ha puesto en marcha y que me arrastra a mi pesar. Ahora sé que estoy decidida a ir hasta el final, pase lo que pase, de la misma forma que lo estaba a los veintitrés años, cuando rompí el certificado de embarazo."