martes, 29 de septiembre de 2026

Colección de poetas: Grigore Vieru


Nacido el 4 de febrero de 1935, en el pueblo Pererata, en el condado de Hotin, cuando este territorio formaba parte de Rumanía, Grigore Vieru fue el poeta más importante de la República moldava y quien más contribuyó al acercamiento de los dos países, que comparten el idioma rumano, siendo un símbolo de la lucha nacional de los rumanos de la República de Moldavia, haciendo de la lengua una patria

Vieru creció en un mundo rural que dejaría una huella permanente en su poesía. La sencillez de aquel paisaje, la figura materna y las primeras palabras aprendidas en la infancia se convertirían en algunos de los grandes motivos de su obra.

Su trayectoria literaria comenzó muy pronto. En 1957 publicó su primer libro, Alarma, y posteriormente desarrolló una intensa actividad como poeta, escritor para niños, traductor y editor. Su poesía infantil ocupó un lugar especialmente importante dentro de la literatura moldava y rumana, con versos caracterizados por su claridad, musicalidad y aparente sencillez. Pero detrás de esa sencillez había una concepción profundamente seria de la palabra.

Tras su debut en 1957, se impuso en 1965 con el tomo Versos para los lectores de todas las edades, mientras que Numele tau (Tu nombre), publicado en 1968, lo consagró como el más original poeta del país. Entre sus más conocidos libros de poemas se cuentan Mama (1975), Un verde ne vede (Un verde nos ve), que le valió el Premio de Estado de Moldavia, Steaua de vineri (Estrella de viernes), la selección lírica bajo el título Opere alese (Obras escogidas) y Radacina de foc (La raíz de fuego).

Durante las décadas en que la República Socialista Soviética de Moldavia formó parte de la Unión Soviética, la cuestión de la lengua y de la identidad cultural adquirió una dimensión especialmente significativa en su obra. Vieru defendió el carácter rumano de la lengua hablada en Moldavia y participó activamente en el movimiento de afirmación nacional y lingüística de finales de los años ochenta.

Su universo poético es, ante todo, íntimo. La madre aparece como una figura casi sagrada; la infancia, como un territorio al que siempre se regresa; y la palabra, como un vínculo entre generaciones.Hay en sus poemas una ternura que nunca resulta ingenua. Vieru sabía que las palabras más sencillas, madre, casa, tierra, niño, lengua, podían contener una historia entera. Por eso su poesía busca la emoción sin artificio y convierte lo cotidiano en símbolo.

En 1996 fue elegido miembro correspondiente de la Academia Rumana y, en 1998, recibió el Premio Internacional Herder, uno de los reconocimientos culturales europeos más destacados de la época.

La vida de Grigore Vieru terminó de manera inesperada. El 16 de enero de 2009 sufrió un grave accidente de tráfico cerca de Chisináu. Murió dos días después, el 18 de enero, a los 73 años.

Grigore Vieru escribió desde un lugar aparentemente pequeño (una aldea, una infancia, una lengua) y consiguió convertirlo en un territorio literario mucho más grande. Porque para él la poesía no necesitaba levantar la voz para defender lo que amaba: bastaba con nombrarlo.

POEMAS

SER

Soy el manzano generoso
que hacia el cielo va creciendo,
mientras el leproso, rascándose en el tronco,
a los sanos está maldiciendo.

Soy blanca flor con faz de lira,
nacida en una cruel época:
el alma pura la admira,
el sinvergüenza se mea en ella.

Soy el libro antiguo y sagrado
cuya cubierta el cura besa
y en cuyo dorso, el salvaje,
garabatea su vileza.

Soy la laboriosa abeja
cubierta por el polen de Luna:
me difaman siempre los vagos
de rojo soviético sus labios pintados.

Soy, quizás, el futuro
de un pueblo harto ya de plomo,
al que el tuerto le indica
por dónde caminar y cómo.

Soy el que quiere en la plaza cantar
al dulce pan de la Libertad
aunque sea con la boca tapada,
aunque me quieran amordazar.

Soy esa mancha de sangre,
a la que algunos llaman Moldavia,
que sonríe a su asesino
en vez de a él enfrentarse.

Soy el anhelo que vuela
sobre el dique y el agua alborotada,
una libertad triste
de lágrimas amargas coronada.

Soy el Prut ancestral y solitario
herido por la alambrada.
al que el mar siempre traga,
el que siempre vuelve a resurgir.

Soy el cantar del pueblo mío
que nadie ahogará jamás,
¡aunque de Siberias llenaran
la tierra entera!

EL SER DE LA MADRE

Tan frágil eres tú, madre
que podrías ir caminando
sobre las semillas que vuelan
entre el cielo y la tierra.

Con una especie de miedo en
tus ojos,
sin embargo, estás feliz.
La hierba sabe tu nombre,
la estrella sabe lo que piensas.

TESTAMENTO

Se apagará una tarde
O al nacer el día
El fuego que aún arde
En esta alma mía.
Y quedaré entonces
Pegado todavía
Al libro de mi Procer.

Y si llego a leerlo
Tal vez hasta la mitad
Cual mis párpados de muerto
¡No lo vayan a cerrar!
Déjenmelo así, abierto
Ya mi hijo así, por cierto
Lo podrá continuar.

Y de ser que el no oyera
De la letra el son de cuerno
Pónganmelo cabecera
Con su bosque dulce y tierno.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Temporada de huracanes

Gente muy culera

Publicada en 2017, Temporada de huracanes es la novela que situó definitivamente a Fernanda Melchor entre las voces más importantes de la narrativa latinoamericana contemporánea.

Narrada de manera no lineal, coral y en tercera persona, todo comienza con un cadáver. Un grupo de niños encuentra flotando en un canal el cuerpo de una mujer conocida en el pueblo ficticio de La Matosa, una localidad rural de Veracruz, como la Bruja. Este personaje vivía en una gran casa descuidada donde organizaba fiestas con los jóvenes del pueblo, a quienes daba dinero a cambio de favores sexuales. A partir de ese hallazgo comienza una historia que, más que reconstruir un crimen, intenta descubrir qué hay detrás de él.

¿Quién era realmente aquella mujer? ¿Qué ocurrió aquella noche? ¿Quiénes estuvieron allí?

Pero Melchor no responde a estas preguntas de una manera convencional. La novela no avanza como una investigación policial en busca de un culpable. Lo hace a través de las voces, los recuerdos, los rumores y las versiones de quienes estuvieron relacionados, de una manera u otra, con la Bruja. Y así descubrimos que, a veces, un pueblo entero puede guardar un secreto.

La Bruja es el centro invisible alrededor del cual gira la novela. Su muerte desencadena una sucesión de relatos que nos llevan por las vidas de distintos personajes: jóvenes atrapados en la pobreza, mujeres marcadas por la violencia y el machismo, hombres que buscan demostrar una masculinidad que también termina convirtiéndolos en víctimas. Violencia, pobreza, machismo, abuso, superstición, deseo y desesperanza.

Cada capítulo se aproxima a un personaje diferente y añade una nueva pieza al relato. Pero las piezas no siempre encajan. Porque aquí nadie posee toda la verdad. Cada personaje cuenta lo que recuerda, lo que cree, lo que imagina o lo que necesita creer para poder seguir viviendo.

Y entre todas esas voces aparece una pregunta fundamental:

¿puede existir una verdad cuando todos contamos la historia desde nuestras propias heridas?

Melchor no nos presenta la violencia como un hecho aislado. La violencia está antes del crimen. Está en las familias, en las relaciones entre hombres y mujeres, en la desigualdad económica, en los prejuicios, en el deseo convertido en frustración, en la imposibilidad de imaginar una vida diferente.

El asesinato parece ser solamente la consecuencia final de una violencia que llevaba mucho tiempo creciendo. Como un huracán que, antes de llegar, ya ha cambiado el aire.

Uno de los grandes aciertos de ls novela es la importancia del espacio. El pueblo respira. Hay calor, barro, humedad, mosquitos, cañaverales, carreteras, casas pobres, cantinas y lugares donde todo el mundo sabe algo de los demás. Es un mundo donde los rumores viajan deprisa y donde la vida privada parece pertenecer también a la comunidad. El espacio acaba convirtiéndose en una especie de personaje colectivo.

En cuanto a los personajes humanos, Norma, Luismi, Brando, Chabela, Munra o Yesenia, no encontramos a ninguno ejemplar. Tampoco encontramos fácilmente buenos y malos. Encontramos personas heridas que hieren, que desean, que tienen miedo, que sobreviven como pueden. Podemos entender de dónde procede un personaje sin perdonarle sus actos y sentir compasión por alguien y, al mismo tiempo, condenar lo que hace.

Quizá una de las características más sorprendentes de la novela de Fernanda Melchor sea su lenguaje. Melchor utiliza frases extensas, torrenciales, cargadas de voces, pensamientos y recuerdos. La narración parece avanzar sin detenerse. No siempre hay puntos de apoyo. Una prosa que no deja respirar porque leer esta novela cómodamente, desde una distancia segura, habría sido otra cosa.

Melchor no quiere que observemos el huracán desde la ventana. Quiere meternos dentro.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Fernanda Melchor


Una literatura que nace de la herida

Fernanda Melchor (Boca del Río, Veracruz, 1982) es una de las voces más poderosas y singulares de la literatura mexicana contemporánea. Escritora, periodista, ensayista y traductora, creció en Veracruz, un territorio que atraviesa buena parte de su obra y que, más que un simple escenario, se convierte en uno de sus grandes personajes: un lugar de calor y humedad, de pobreza y desigualdad, de deseo, violencia y superstición.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana, su formación periodística marcó profundamente su manera de escribir. Antes de dedicarse plenamente a la literatura, publicó crónicas y reportajes en distintos medios mexicanos. Esa mirada de periodista continúa presente en su narrativa.

Su trayectoria literaria comenzó con Falsa liebre (2013), su primera novela, una historia áspera protagonizada por jóvenes que se mueven entre la violencia, el deseo y la desesperanza. Ese mismo año publicó Aquí no es Miami, un libro de crónicas en el que Veracruz aparece lejos de cualquier imagen turística: un territorio atravesado por el narcotráfico, la violencia y las historias de quienes viven en sus márgenes. Melchor convierte esas historias reales en literatura y consigue que lo cotidiano adquiera una dimensión casi legendaria.

Pero fue con Temporada de huracanes (2017) cuando su nombre comenzó a resonar con fuerza mucho más allá de México. La novela parte del asesinato de la llamada Bruja, una mujer cuyo cadáver aparece en un cañaveral, y a partir de ahí construye un relato coral en el que diferentes voces reconstruyen el crimen. No hay una única verdad, sino muchas voces, recuerdos, deseos y rencores que terminan componiendo un retrato brutal de la pobreza, el machismo, la violencia y la exclusión.

La novela fue finalista del International Booker Prize y recibió importantes reconocimientos internacionales. Pero, más allá de los premios, Temporada de huracanes supuso la consagración de una escritora con una voz absolutamente personal. Su prosa avanza como una corriente desbordada: frases largas, palabras que se encadenan, voces que se mezclan y un lenguaje profundamente oral que obliga al lector a entrar en el ritmo de la historia.

Después llegó Páradais (2021), una novela breve pero de enorme intensidad. Dos adolescentes, un campo de golf, una amistad improbable y una violencia que parece crecer lentamente hasta hacerse inevitable. De nuevo aparecen algunos de los temas que atraviesan la obra de Melchor: las diferencias de clase, la masculinidad, el deseo, la frustración y la violencia como resultado de un entorno que parece no ofrecer demasiadas salidas.

En Esta isla (2024), Melchor reúne textos que permiten acercarse a otras facetas de su escritura y a su particular manera de mirar el mundo. Su obra continúa ampliándose entre la ficción, la crónica y el ensayo, siempre con una misma voluntad: mirar de frente aquello que suele permanecer oculto.

Leer a Fernanda Melchor no siempre resulta cómodo. Su literatura exige atención y, en ocasiones, resistencia. Sus personajes están lejos de ser héroes; son seres humanos llenos de contradicciones, deseos y heridas. La autora no juzga desde una distancia segura, sino que se acerca tanto a ellos que el lector termina respirando el mismo aire.

Su escritura puede resultar brutal y poética al mismo tiempo. Hay violencia, pero también música; hay crudeza, pero también una extraordinaria belleza en el lenguaje. Quizá por eso sus libros producen una sensación tan particular: cuando terminamos de leerlos, tenemos la impresión de haber atravesado un lugar del que no salimos exactamente igual que entramos.

Fernanda Melchor escribe sobre aquello que duele, sobre aquello que incomoda y sobre las vidas que pocas veces ocupan el centro de la literatura. Y lo hace con una voz que golpea, arrastra y, finalmente, permanece. Y ahí está, probablemente, una de las claves de su literatura: no pretende que miremos hacia otro lado.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Colección de poetas: Octavio Paz


Octavio Paz dejó una forma de mirar el mundo. En sus poemas, el tiempo se detiene y vuelve a comenzar; el amor es una revelación; la palabra, un puente entre el ser humano y el misterio de la existencia. Leerlo es aceptar una invitación a detenerse, a contemplar y a descubrir que, detrás de lo cotidiano, siempre late una pregunta.

Nacido en Ciudad de México en 1914, Octavio Paz fue poeta, ensayista y diplomático, y una de las voces más luminosas e influyentes de la literatura en lengua española del siglo XX. Su vida estuvo marcada por el diálogo constante entre culturas, fruto de sus viajes y de su carrera diplomática, una experiencia que enriqueció una obra donde conviven la tradición hispánica, el surrealismo, el legado de las culturas prehispánicas y la profundidad del pensamiento oriental.

Su poesía no busca ofrecer respuestas definitivas, sino abrir caminos. En ella se entrelazan el amor, la soledad, el tiempo, la memoria, la libertad y la identidad con un lenguaje de extraordinaria belleza y una poderosa fuerza simbólica. Obras como Libertad bajo palabra, Piedra de sol, considerada una de las cumbres de la poesía contemporánea en español, o Ladera este muestran a un creador que convirtió la palabra en un espacio de encuentro entre la emoción y el pensamiento.

Como ensayista dejó títulos imprescindibles, entre ellos El laberinto de la soledad, una obra clave para comprender la identidad mexicana y, al mismo tiempo, reflexionar sobre la condición humana. En 1990 recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer escritor mexicano en obtener este reconocimiento. Fallecido en 1998, su legado continúa siendo una referencia imprescindible para la poesía y el pensamiento contemporáneos, y su obra sigue inspirando a lectores y escritores de todo el mundo.

Poemas

Entre ir y quedarse


Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

Libertad bajo palabra

Viento
Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire
siempre de viaje.

Viento

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.

Bajo tu clara sombra

Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena….

Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.

La poesía

A Luis Cernuda

Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.

El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.

Verdad abrasadora,
¿A qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas.

Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.
Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.

Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente,
abres mis ojos.

Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.

Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.

Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.

Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.

Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.

lunes, 1 de junio de 2026

Gustavo Martín Garzo


Las relaciones humanas

Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948) es un escritor y ensayista español reconocido por una obra literaria muy ligada al mundo de la imaginación, los cuentos tradicionales, la infancia y la reflexión sobre el deseo, la memoria y la ternura. Estudió Filosofía y Psicología y trabajó durante años como profesor, experiencia que influyó en su sensibilidad literaria.

Comenzó a publicar en la década de 1980 y pronto destacó por un estilo poético y simbólico. Entre sus novelas más conocidas están El lenguaje de las fuentes, con la que ganó el Premio Nacional de Narrativa en 1994, y La princesa manca, galardonada con el Premio Nadal en 1997. También ha cultivado el ensayo y la literatura infantil y juvenil.

Su obra suele mezclar realidad y fantasía, con referencias frecuentes a los mitos, los cuentos populares y la tradición bíblica. Los temas de la infancia, la inocencia, el amor y la pérdida aparecen constantemente en sus libros. Además de novelista, ha colaborado en prensa y revistas culturales españolas.

Entre otros reconocimientos, recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Tres cuentos de hadas. Está considerado una de las voces más singulares de la literatura española contemporánea.

Nunca fuimos más felices que entonces


Mi querida Eva, publicada en 2006, es una novela sobre el amor, la memoria y las decisiones que marcan una vida. La historia transcurre entre dos tiempos: la adolescencia de sus protagonistas en el Valladolid de los años sesenta y su reencuentro muchos años después.

Cuando eran jóvenes, Eva, Daniel y Alberto vivieron una relación intensa y compleja que los enfrentó por primera vez al deseo, los celos, la amistad y el descubrimiento del amor. En aquel verano, los tres quedaron profundamente marcados por unos sentimientos que entonces no comprendían del todo.

Años más tarde, Daniel y Eva se encuentran de nuevo por casualidad. Ese reencuentro sirve para reconstruir el pasado, recordar aquel verano y sacar a la luz secretos que habían permanecido ocultos durante décadas. La novela explora cómo los recuerdos cambian con el tiempo y cómo ciertas experiencias juveniles continúan influyendo en la vida adulta.

Uno de los temas centrales es la idea de que “el amor es una lengua extraña”, una experiencia que se aprende de manera intuitiva y que nunca se llega a comprender del todo. Martín Garzo utiliza esta historia para reflexionar sobre el amor romántico, la nostalgia, la pérdida de la inocencia y la distancia entre lo que vivimos y lo que creemos haber vivido. "Estaba en esa edad en que te crees que puedes hacer vivir para siempre todo lo que eliges amar"

La novela gira en torno al amor, el deseo y la complejidad de los vínculos afectivos. A través de una narración delicada y de tono evocador, Martín Garzo construye personajes marcados por la búsqueda de sentido y por la necesidad de comprender el pasado. Como en muchas de sus obras, aparecen la imaginación, los recuerdos y una mirada casi poética sobre la realidad cotidiana.

Además, el estilo de Gustavo Martín Garzo es muy lírico y evocador: más que centrarse en la acción, se interesa por las emociones, los recuerdos y los significados ocultos de los acontecimientos cotidianos. Mantiene reflexiones sobre la identidad y los sentimientos, da importancia de la memoria y la intimidad y hace referencias culturales y literarias.

La obra se inscribe dentro de la narrativa contemporánea española y mantiene el sello personal del autor: una mezcla de sensibilidad, introspección y atmósfera onírica.

lunes, 25 de mayo de 2026

Colección de poetas: Federico García Lorca

En Fuente Vaqueros, un pequeño pueblo de Granada, nace Federico García Lorca en 1898, rodeado de campos, música popular y historias que más tarde convertiría en poesía. Desde joven parecía escuchar el mundo de otra manera: mientras otros oían ruido, él encontraba versos.

Poeta, dramaturgo y prosista español, considerado una de las figuras más importantes de la literatura del siglo XX y miembro destacado de la llamada Generación del 27 estudió Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Granada. Más tarde se trasladó a la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde entró en contacto con intelectuales y artistas como Salvador Dalí y Luis Buñuel. Pero Lorca no quería escribir solo para intelectuales; quería que sus palabras llegaran al pueblo, como una canción que cualquiera pudiera sentir.

Su obra combina tradición popular, especialmente la cultura andaluza y el folclore gitano, con técnicas vanguardistas y simbolistas. Entre sus principales obras poéticas destacan Romancero gitano (1928), un claro ejemplo de su maestría para fusionar el folclore andaluz con la poesía moderna. Historias cargadas de tragedia y simbolismo, con versos llenos de imágenes potentes que transportan al lector a un mundo de misterio, pasión y fatalidad y Poeta en Nueva York (publicado póstumamente en 1940), una de las obras más complejas y modernas del autor, que le daría fama internacional. Un conjunto de versos que explora el choque entre la naturaleza y la modernidad, así como su desconcierto ante una ciudad tan ajena al mundo en el que había crecido. Con una poética llena de angustia y surrealismo, ofrece un retrato oscuro y desolado de la vida urbana en un contexto capitalista y alienante. 

Por supuesto, no podemos olvidar sus Odas, en las que expresa su amor por la belleza y la naturaleza, y Canciones, donde navega entre la nostalgia y la melancolía. 

Siendo habituales temas como la muerte, el amor, la tragedia y el destino. Sin embargo, fue su tratamiento del folclore español, especialmente el de Andalucía, lo que le otorgó una identidad única. A través de sus versos, logró dar voz a las emociones y sentimientos más profundos y ocultos de sus personajes.

Además, su poesía no solo se limita únicamente al ámbito literario, sino que también se fusiona con el teatro, creando una forma de arte multidisciplinaria donde se mezclan elementos tanto del lenguaje escrito como del visual y el sonoro.

Al inicio de la Guerra Civil Española, en agosto de 1936, fue detenido y fusilado cerca de Granada. Su muerte lo convirtió en un símbolo de la represión intelectual y cultural de la época. Lorca no desapareció: quedó viviendo en sus versos, en los escenarios y en cada lector que alguna vez sintió que una palabra podía doler… o salvar.

Poemas

Soneto de la guirnalda de rosas

¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!
¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!
que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.

Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta,
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.

Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados.
Bebe en muslo de miel sangre vertida.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.

Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

La casada infiel

Y que yo me la lleve al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua me
sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la lleve del río.
Con el aire se batían las
espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

Romance de la luna, luna

A Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
Con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
habrían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, como canta en el árbol!
por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

lunes, 4 de mayo de 2026

Relato de un náufrago

Cuando el mar no guarda secretos

El 28 de febrero de 1955, ocho tripulantes del buque de la marina colombiana "A. R. C. Caldas" cayeron al mar en medio de una fuerte tormenta. Solo uno de ellos sobrevivió: Luis Alejandro Velasco, que durante diez días luchó contra el hambre, la sed y la soledad en una pequeña balsa a la deriva en el Caribe.

Al regresar a tierra, fue recibido como un héroe nacional. La dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla lo elevó a la categoría de ícono nacional, aprovechando su historia para mostrar la valentía y resistencia del pueblo colombiano. Pero cuando Velasco decidió contar la verdad, las cosas tomaron un rumbo inesperado.

Gabriel García Márquez, entonces periodista en El Espectador, pasó veinte días entrevistando al superviviente para reconstruir cada detalle de su dramática travesía. Publicado inicialmente por entregas, el relato pronto desató una tormenta política que nadie vio venir. La publicación de este testimonio puso en jaque al gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, pues desmentía la versión oficial que atribuía el naufragio a una tormenta. En realidad, la tragedia había sido provocada por el desplazamiento de una carga de contrabando, electrodomésticos mal asegurados sobre la cubierta. Esta revelación no solo sacó a la luz una verdad incómoda, sino que también desencadenó una serie de consecuencias que cambiarían para siempre la vida del náufrago y la del propio Gabriel García Márquez.

El destructor Caldas y su tripulación llevan ocho meses en el puerto de Mobile, Alabama, debido a las reparaciones que se están realizando en el buque. El marinero Luis Alejandro Velasco reparte su tiempo libre entre su nueva novia, Mary Address, y diversas formas de matar el tiempo con sus compañeros, como las peleas a puñetazos y las salidas al cine.

Un día, viendo la película El motín del Caine, los marineros colombianos experimentan cierta inquietud ante las escenas de una tempestad. Como si se tratara de una premonición, Velasco comienza a tener dudas sobre el inminente regreso del destructor a su base en Colombia, y decide que dejará la Marina una vez regrese a su Cartagena natal. Así, el 24 de febrero zarpa por última vez en su barco, invadido por el miedo a una posible tormenta similar a la de la película, por lo que no puede conciliar el sueño.

Durante los primeros días de recorrido, Luis Alejandro se encuentra intranquilo por el clima en el Golfo de México. Sin embargo, el barco parece navegar suavemente. Esto no dura mucho, ya que a medida que avanzaba, el barco se tambalea cada vez más y más hasta que toda la tripulación recibe la orden de trasladarse a babor. Y se produce el naufragio. Velasco quedó solo en el mar y durante diez días sobrevivió a la deriva sobre una balsa improvisada, enfrentándose al hambre, la sed, los tiburones y la desesperación, hasta que finalmente logró llegar a la costa colombiana.

Después de llegar a Bogotá, Luis Alejandro Velasco es recibido como un verdadero héroe. Todo el mundo quiere escuchar su historia, hasta el punto de que un periodista llega a disfrazarse de médico para visitarlo en el hospital. Allí consigue dos dibujos de Velasco, que terminan en la primera plana de un periódico. 

Durante un tiempo, Velasco disfrutó de la fama y del dinero que le generaron varios contratos publicitarios. Promocionaba relojes que, según él, nunca se atrasaron a la intemperie, y zapatos tan fuertes que no los pudo desgarrar para comérselos en el mar. La gente parecía fascinada, pero la verdad estaba a punto de salir a la luz.

Gabo no se dejó llevar por la versión oficial ni por la imagen del héroe que se vendía en la publicidad. Según sus palabras, 'el cuento había sido contado a pedazos muchas veces, manoseado y pervertido'. El público estaba saturado de la historia, pero Márquez quiso profundizar más allá de la superficie.

Las publicaciones de García Márquez fueron un éxito. La gente hacía fila frente a las puertas del diario para conseguir ejemplares atrasados y completar la colección de artículos. La circulación del diario se duplicó, y la historia se publicó completa en un suplemento especial. Pero las consecuencias no tardaron en llegar. El régimen castigó al diario con multas, impuestos y confiscación de ediciones, lo que obligó a su cierre temporal, mientras que García Márquez se vio forzado a exiliarse en París para escapar de las represalias.

El reportaje, firmado por García Márquez, fue uno de los hitos del periodismo literario latinoamericano. Sin embargo, el nombre de Márquez no apareció en el título hasta que la obra se publicó como libro en 1970. Velasco, que había perdido su puesto en la Marina, cayó en desgracia tras las revelaciones. A finales de los años 60, fue encontrado trabajando en una empresa de autobuses, lejos de la gloria que había conocido.

Detrás de esta historia de supervivencia se encuentra una entramada crítica política. Hoy, esa crítica ya no se aprecia de la misma manera. En su lugar, Relato de un náufrago nos hace oscilar entre lo real y lo onírico, llegando a un punto en el que compartimos con el protagonista las dudas sobre qué está ocurriendo y qué no. Al igual que Luis Alejandro, como lectores nos adentramos en la locura de si lo que vemos es un simple espejismo o va más allá.

A través de sus páginas, vemos cómo el protagonista se convierte en un héroe simplemente por el hecho de no dejarse morir. De hecho, el propio autor nos invita a reflexionar y dudar sobre la autoría de la obra, ya que menciona en su prólogo que él es un mero narrador de una historia que no es suya, y con la que quiere hacer justicia a un héroe olvidado.

Los caminos de Velasco y García Márquez nunca volvieron a cruzarse. Mientras la fama de Gabo crecía, la de Velasco se desvanecía. Finalmente, el náufrago decidió demandar a García Márquez por los derechos de autor del libro, pero después de más de una década de litigio, la justicia colombiana falló a favor del escritor. Velasco murió convencido de que tenía derecho a una parte de los beneficios. En sus últimos años, mantuvo correspondencia con García Márquez, reclamándole los derechos. Gabo, siempre sagaz, comenzó una de sus cartas con la frase: "Mi querido Luis Alejandro, es la primera vez que recibo una carta de uno de los personajes de mis libros".

martes, 28 de abril de 2026

Gabriel García Márquez

Crónica de un narrador infinito

En el calor húmedo del Caribe colombiano, entre el rumor de las bananeras y las historias que parecían flotar en el aire, nació Gabriel García Márquez el 6 de marzo de 1927 en Aracataca. Desde niño, su mundo estuvo tejido por voces: la de su abuelo "Papalelo", que le hablaba de guerras y dignidad, y la de su abuela Tranquilina, que le susurraba historias donde lo imposible formaba parte de la vida diaria. Así, aprendió que la realidad podía ser tan vasta como la imaginación, una realidad mágica.

Aunque inició estudios de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia, pronto abandonó los códigos legales para entregarse a las palabras. El periodismo fue su primera trinchera, y en él encontró el pulso de las historias humanas que más tarde poblarían sus libros. El joven García Márquez decidió entonces trasladarse a Cartagena de Indias, tras las revueltas de 1948 en Bogotá, donde trabajó como periodista en diversos medios como El Universal o El Heraldo.

Durante un baile estudiantil, Gabriel conoció a una joven de la que se enamoraría perdidamente, Mercedes Barcha, que era la hija de un boticario. En ese momento se prometió a sí mismo que la convertiría en su esposa tan pronto como pudiese. La pareja se casó en 1958 y un año después nacería su primer hijo, Rodrigo. En 1961 se instalaron en Nueva York, ciudad en la que Gabriel ejerció como corresponsal de Prensa Latina en una agencia fundada por Fidel Castro. Esto conllevó ciertas críticas y amenazas que hicieron que se mudase a México, donde pasaría la mayor parte de su vida. En estos años publicó El coronel no tiene quien le escriba (1961) y La mala hora (1962).

Con la publicación de Cien años de soledad, en 1967, abrió las puertas de Macondo, un lugar donde el tiempo gira en espiral y lo extraordinario se vuelve cotidiano. Su obra se convirtió en un espejo mágico de América Latina, donde conviven la memoria, el amor, la violencia y la esperanza. Novelas como Relato de un náufrago (1970), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981) y El amor en los tiempos del cólera (1985), confirmaron su capacidad para transformar lo cotidiano en leyenda.

En 1982, el mundo reconoció su voz con el Premio Nobel de Literatura, celebrando no solo a un escritor, sino a un narrador que hizo de la palabra un territorio sin fronteras.

En los albores del nuevo siglo, García Márquez volvió la mirada hacia su propia vida y, en 2003, la dejó plasmada en Vivir para contarla, un ejercicio de memoria donde el pasado respiraba con la intensidad de sus ficciones. Apenas un año después, en 2004, publicó Memorias de mis putas tristes, una obra que, fiel a su estilo provocador, despertó controversia por la delicadeza y osadía de su temática. Ya en sus últimos años, como quien recoge las palabras sembradas a lo largo del tiempo, dio a conocer Yo no vengo a decir un discurso, una antología de conferencias que revelaba no solo al narrador, sino también al pensador que reflexionaba sobre el oficio de escribir y el sentido de la vida.

Gabriel García Márquez murió el 17 de abril de 2014 en Ciudad de México, pero su obra permanece como  un lugar donde la realidad y el sueño se entrelazan, y donde cada lector vuelve a descubrir que, a veces, lo más increíble es simplemente la vida misma.

domingo, 26 de abril de 2026

Colección de poetas: León de Greiff


Francisco de Asis Leon Bogislao de Greiff Hausler o León de Greiff, o también conocido como Leo Legris o Gaspar de la Nuit, fue uno de los grandes poetas del siglo XX.
Aunque sus poemas son difíciles de descifrar, la musicalidad de sus versos es, quizás, una de las razones para hacer de su lectura una fiesta.
Nacido en Antioquia, en una familia de origen sueco y alemán, heredó de su padre el amor por las letras. Pero el poeta también estaba fascinado por los números y sus infinitas combinaciones. Tuvo trabajos diversos: empleado bancario, contador, también estuvo vinculado a la administración de la construcción del ferrocarril de Antioquia, además tuvo una breve estadía en Suecia como secretario de la Embajada de Colombia.
Pero lo suyo era la poesía y, con ella, la música. De Greiff no se encasilla en ninguna etiqueta, su creación es variopinta, abarcando desde los juglares de la Edad Media y los modos literarios del Siglo de Oro español, con sus vocablos y combinaciones, hasta los poetas malditos, como Rimbaud. La ironía, el sarcasmo, la burla son recurrentes en sus textos que, a la vez tienen un velo de delicadeza.
Su primer libro , en 1925, es Tergiversaciones, seguido del Libro de los signos, Variaciones alrededor de la nada, en 1936; poco a poco aparece en páginas de diarios, revistas y también en los micrófonos de la radio. La dificultad de comunicación, el amor, la muerte, las mujeres, tanto las diosas como las vampiresas, las cultas y las incultas, son algunos de sus principales temas.

En el que es quizás su poema más conocido, escribe:

Juego mi vida, cambio mi vida
La llevo perdida
Sin remedio
Y la juego o la cambio por el más infantil
La dono en usufructo, o la regalo
O la trueco por una sonrisa y cuatro besos
Todo, todo me da lo mismo
Lo trivial, lo perfecto, lo malo

En 1972 De Greiff tuvo un accidente serio que le dejó graves secuelas. Una fractura de cráneo a raíz de una caída hizo difíciles sus últimos años. Murió en 1976. En homenaje al poeta, la Universidad Nacional bautizó con su nombre el auditorio donde se han dado debates literarios y poéticos a veces tan acalorados y disruptivos como el poeta.

Balada del tiempo perdido

I

El tiempo he perdido

y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido…

Mas sí vi un paisaje

sólo en ocres:

desteñido…

Lodo, barro, nieblas; brumas, nieblas, brumas

de turbio pelaje,

de negras plumas.

Y luces mediocres. Y luces mediocres.

Vi también erectos

pinos: señalaban un dombo confuso,

ominoso, abstruso,

y un horizonte gris de lindes circunspectos.

Vi aves

graves,

aves graves de lóbregas plumas

-antipáticas al hombre-,

silencios escuché, mudos, sin nombre,

que ambulaban ebrios por entre las brumas…

Lodo, barro, nieblas; brumas, nieblas, brumas.

No sé adónde he ido,

y he perdido el viaje

y el tiempo he perdido…

II

El tiempo he perdido

y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido…

Mas supe de un crepúsculo de fuego

crepitador: voluminosos gualdas

y calcinados lilas!

(otrora muelles como las tranquilas

disueltas esmeraldas).

Sentí, lascivo, aromas capitosos!

Bullentes crisopacios

brillaban lujuriosos

por sobre las bucólicas praderas!

Rojos vi y rubios, trémulos trigales

al beso de los vientos cariciosos!

Sangrantes de amapolas vi verde-azules eras!

Vi arbolados faunales:

versallescos palacios

fabulosos

para lances y juegos estivales!

Todo acorde con pitos y flautas,

comamusas, fagotes pastoriles,

y el lánguido piano

chopiniano,

y voces incautas

y mezzo-viriles

de mezzo-soprano.

Ni sé adónde he ido…

y he perdido el viaje

y el tiempo he perdido…

III

Y el tiempo he perdido

y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido…

por ver el paisaje

en ocres,

desteñido,

y por ver el crepúsculo de fuego!

Pudiendo haber mirado el escondido

jardín que hay en mis ámbitos mediocres!

o mirado sin ver: taimado juego,

buido ardid, sutil estratagema, del Sordo, el Frío, el Ciego.

Cancioncilla

Quise una vez y para siempre

-yo la quería desde antaño-

a ésa mujer, en cuyos ojos

bebí mi júbilo y mi daño…

Quise una vez -nunca así quise

ni así querré, como así quiero-

a ésa mujer, en cuyo espíritu

fundí mi espíritu altanero.

Quise una vez y desde nunca

-ya la querré y hasta que muera-

a ésa mujer, en cuya boca

gusté -otoñal- la Primavera.

Quise una vez -nadie así quiso

ni así querrá, que es arduo empeño-

a ésa mujer, en cuyo cálido

regazo en flor ancló mi ensueño.

Quise una vez -jamás la olvide

vivo ni muerto- a ésa mujer,

en cuyo ser de maravilla

remorí para renacer…

Y ésa mujer se llama… Nadie,

nadie lo sepa -Ella sí y yo-.

Cuando yo muera, digas -sólo-

quién amará como él amó?

Esta mujer es una urna

Esta mujer es una urna

llena de místico perfume,

como Annabel, como Ulalume…

Esta mujer es una urna.

Y para mi alma taciturna

por el dolor que la consume,

esta mujer es una urna

llena de místico perfume…!

Más breve

No te me vas que apenas te me llegas,

leve ilusión de ensueño, densa, intensa flor viva.

Mi ardido corazón, para las siegas

duro es y audaz…; para el dominio, blando…

Mi ardido corazón a la deriva…

No te me vas, apenas en llegando.

Si te me vas, si te me fuiste…: cuando

regreses, volverás aún más lasciva

y me hallarás, lascivo, te esperando…

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue…

dejemos al amor y vamos con la pena,

y abracemos la vida con ansiedad serena,

y lloremos un poco por lo que tanto fue…

Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue…

Dejemos al amor y vamos con la pena..

Vayamos a Nirvana o al reino de Thulé,

entre brumas de opio y aromas de café,

y abracemos la vida con ansiedad serena!

Y lloremos un poco por lo que tanto fue…

por el amor sencillo, por la amada tan buena,

por la amada tan buena, de manos de azucena…

¡Corazón mentiroso! ¡si siempre la amaré!

viernes, 10 de abril de 2026

El acontecimiento

Convertir la vida en escritura 

"Si tuviera que representar en un cuadro aquel acontecimiento de mi vida, pintaría una mesita de formica pegada a la pared y, encima de ella, una palangana esmaltada en la que flota una sonda roja. Ligeramente a la derecha se encuentra un cepillo de pelo. No creo que exista un solo Taller de abortera en ningun museo del mundo"

Francia, 1963. Anne es una joven estudiante brillante con un futuro prometedor por delante. Pero cuando se queda embarazada, ve cómo desaparece la oportunidad de terminar sus estudios y escapar de las limitaciones de su entorno social. Ante la proximidad de sus exámenes finales y conforme va creciendo su vientre, Anne decide actuar, aunque tenga que enfrentarse a la vergüenza y al dolor, aunque tenga que arriesgarse a ir a la cárcel para hacerlo.

El acontecimiento (2000) comienza con el momento en que la narradora y protagonista descubre que está embarazada; viene, a continuación, un periodo de búsqueda angustiosa y solitaria de alguien que le practique un aborto de forma segura y, a ser posible, barata. Por fin, consigue la dirección de una mujer que, después de algunas dificultades y del pago correspondiente, consigue ayudarla a abortar.

Buena parte de las novelas de Annie Ernaux tienen un componente autobiográfico a través del que la autora no solo expone sus fantasmas personales, sino que pone de manifiesto de qué forma se juzga a las mujeres por sus decisiones, su cuerpo o su deseo en el seno de una sociedad profundamente hipócrita. 

La obra es un ejercicio de memoria y análisis (y análisis del propio proceso de memoria) donde explora la soledad, el desamparo y la discriminación que siente al tener que tomar una decisión tan difícil en una sociedad que no respeta la autonomía de las mujeres.

Se trata de reconstruir, con el estilo seco característico de la autora, lo sucedido con precisión y con una consciencia agudísima, tanto de todos los detalles como de las sensaciones y sentimientos asociados. Se trata, también, de reflexionar sobre el propio proceso de memoria y de escritura, proceso que, en este caso, se apoya en una agenda y un diario íntimo que permite establecer una especie de paralaje, comparando las anotaciones realizadas en el mismo momento del "acontecimiento", con los recuerdos actuales de ese momento. Lo que es diferente, lo que permanece, lo que se ha perdido, o añadido, con el tiempo a esos recuerdos.

La obra ha sido adaptada con el mismo titulo en 2021, en una película dirigida por Audrey Diwan, que ofrece una puesta en escena tensa y una actuación poderosa de Anamaria Vartolomei. La película, que ganó el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, mantiene la misma claridad incisiva de su texto, pero nos adentra en el espacio claustrofóbico de Anne a través y cómo la cámara seguirá de cerca los pasos de la protagonista en un camino de pesadilla en el que tendrá que enfrentarse a la constante humillación de su entorno, algo a lo que también contribuirá el formato de pantalla cuadrada, que sirve para constreñir todavía más sus movimientos, atrapándola en una espiral angustiosa y febril.

La narrativa de Ernaux ha resonado en muchas lectoras y lectores, convirtiéndose en un testimonio poderoso sobre la lucha por los derechos de las mujeres y la necesidad de un acceso seguro y legal al aborto.

El acontecimiento es una obra conmovedora que no solo narra una experiencia personal, sino que también invita a la reflexión sobre temas sociales y políticos relevantes en la actualidad. Annie Ernaux convirtió su voz en escritura para abordar cuestiones que siguen siendo pertinentes en la lucha por la igualdad de género y los derechos reproductivos.
"Hace una semana comencé este relato, sin tener ninguna seguridad de que iba a continuarlo. Tan sólo quería comprobar mi deseo de escribir sobre el tema. Un deseo que experimentaba cada vez que me sentaba a escribir el libro en el que llevo trabajando desde hace años. Me resistía a este deseo sin dejar de pensar en él. El hecho de abandonarme a él me horrorizaba. Pero también me decía a mí misma que quizás muriera sin haber escrito nada sobre esa vivencia. Para mí, eso sí que hubiera sido algo imperdonable, no lo otro. Una noche soñé que tenía en las manos un libro que había escrito sobre mi aborto, pero era un libro que no se podía encontrar en ninguna librería y no aparecía mencionado en ningún catálogo. En la parte inferior de la tapa, estaba escrita con grandes letras la palabra AGOTADO.
No sabía si el sueño significaba que debía escribir el libro o que era inútil hacerlo. Hace tiempo que este relato se ha puesto en marcha y que me arrastra a mi pesar. Ahora sé que estoy decidida a ir hasta el final, pase lo que pase, de la misma forma que lo estaba a los veintitrés años, cuando rompí el certificado de embarazo."

miércoles, 8 de abril de 2026

Annie Ernaux

Sin filtros


Ernaux es conocida por su aguda capacidad para transformar lo cotidiano en universal y explorar con valentía los rincones más íntimos de la experiencia humana, marcó un antes y un después en la narrativa contemporánea.

Nacida el 1 de septiembre de 1940 en Lillebonne, Normandía, Annie Ernaux creció en un entorno modesto que impregnó gran parte de su obra. Estudió en Rouen y luego en la Sorbona, enfocándose en literatura moderna. Su sensibilidad hacia las tensiones de clase, género y memoria comenzó a manifestarse tempranamente en su trabajo, consolidándose en una trayectoria que abarca más de cuatro décadas.

El corpus literario de Ernaux es notablemente autobiográfico, combinando la introspección personal con una mirada sociológica que captura los matices de la vida cotidiana. Su estilo, directo y despojado de artificios, es una exploración constante de la verdad, una disección de las relaciones entre el yo y el entorno. Sus temas son la memoria, la identidad, el paso del tiempo, las diferencias de clase o la condición femenina.

Entre sus obras más celebradas se encuentra La place (El lugar, 1983), una crónica de la vida de su padre, donde explora la distancia emocional y social que marcó su relación, especialmente tras su ascenso al mundo intelectual. Este libro la consagró como una maestra del relato breve y la observación minuciosa.

En Los años (Les Années, 2008), alcanzó un pináculo literario, desarrollando una autobiografía colectiva que entrelaza recuerdos personales con la historia cultural y política de Francia en el siglo XX.

Otros títulos, como El acontecimiento (L'Événement, 2000), donde relata su experiencia con un aborto clandestino en los años 60, o Memoria de chica (Mémoire de fille, 2016), que narra su despertar sexual y emocional, ejemplifican su coraje para abordar temas tabú desde una perspectiva profundamente humana.

Ernaux abrazó lo que se ha llamado una "literatura del yo", aunque su mirada siempre desbordaba lo individual para conectar con lo colectivo. Su escritura, descrita por ella misma como una forma de "justicia poética", es incisiva, casi quirúrgica, y a menudo impregnada de una melancolía que no rehúye la brutalidad de la vida.

Su obra también desafía las jerarquías literarias, reivindicando la legitimidad de la experiencia femenina y las historias de quienes suelen ser relegados al margen. Con Ernaux, el acto de escribir se convierte en un acto de resistencia, un compromiso ético con la memoria y la verdad.

Aunque admirada durante años en Francia, Ernaux alcanzó una audiencia global más amplia tras recibir el Premio Nobel de Literatura en 2022. El comité del Nobel elogió "el coraje y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los extrañamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal". Este reconocimiento no solo subrayó su importancia como cronista de su tiempo, sino que también la convirtió en un referente para nuevas generaciones de escritores.

Annie Ernaux fue, en esencia, una exploradora incansable de la memoria, una arquitecta de la identidad y una voz imprescindible para entender los matices de la existencia contemporánea.

martes, 7 de abril de 2026

Colección de poetas: Anna Ayanoglou


Anna Ayanoglou es una poeta y escritora francesa contemporánea, reconocida por una obra que explora el desarraigo, la identidad y la memoria familiar.
Nació en 1985 en Francia, y creció en París. Tiene orígenes familiares diversos, entre ellos griegos, lo que influye profundamente en su escritura.
Estudió lengua y literatura rusa, y posteriormente vivió varios años en países bálticos como Lituania y Estonia.
Desde 2014 reside en Bruselas, donde trabaja como profesora de francés y participa activamente en el ámbito cultural.
Además de escribir, ha dirigido y presentado un programa radiofónico dedicado a la poesía internacional, en el que difunde textos en versión original y traducida.
Su obra poética se caracteriza por un estilo íntimo y reflexivo, centrado en temas como el exilio, el amor, la memoria y la pertenencia.
Sus principales libros son Le fil des traversées (2019), su primer poemario, inspirado en su experiencia en los países bálticos, Sensations du combat (2022) y Appartenir (2024), obra centrada en la historia familiar, la herencia y las raíces griegas.
Su poesía suele explorar el desarraigo y la migración, reflexiona sobre la identidad y la herencia familiar y combina lo íntimo con la memoria histórica y cultural. La escritora usa un lenguaje preciso, sensible y narrativo.
Anna Ayanoglou no tiene “poemas famosos” individuales al estilo de autores clásicos, porque su obra se organiza sobre todo en libros-poema (especialmente Le fil des traversées). Aun así, sí hay fragmentos y poemas destacados que suelen citarse y estudiarse.

Poemas

La hoguera

Hay un cierto origen, que mi nombre dice

su insoportable intensidad, a veces

De cada salida

es el centro de gravedad

— una hoguera junto a la cual

evoluciono

Y hoy

me vienen recuerdos del Mediterráneo —

tanto sirios como griegos diciendo no

arqueando las cejas

o con una seca afirmación

— es dulce, no los conozco

ya me resultan familiares

— no quieren volver a enseñarme

Y sin esperar nada de ellos

puedo entrar en calor — entre ellos

sin miedo a ser consumida.

Bastarda

Además de a los ignaros

debo enfrentarme a los bienintencionados

que se atribuyen el derecho de perfilar los reflejos

cuya incultura les asigna parentesco

hasta que las realidades con sus entramados

vienen a molestarlos

y hay espinas 

— mis raíces intrusivas

aguantad a la inapropiada, a la inconveniente

que apenas sabe expresarse

que viene tan poco, siempre muy tarde

aguantadla, sin rencor, sin piedad

y por favor, todos vosotros, no os molestéis más

                            en contarme mi historia.

Sin título

Te sumerges, ojos abiertos

en su alteridad

Saltas y jugueteas

— esta alegría de la novedad

Y empiezan a creer que te han conquistado

— ellas, especialmente

que les pertenecerás para siempre

— tu pasión demuestra su superioridad, ¿verdad?

Llegará el momento, en cambio, en que resurgirás

porque siempre resurges

en que bajo los reproches del desamparo

retornarás a la tierra — inestable y desnuda

a todos sus vientos contrarios.

No ser

Nada más que compuesto, aglomerado

— de lenguas cercanas, domesticadas

luego el tiempo pasa, y nada, ellas dormitan

y sus vínculos junto a ellas

— mas todo dormita — las tierras, de ancestros

o sin, poco importa, en verdad

— todos, los miembros fantasma

aflicciones centelleantes

que se despiertan con intermitencia.

Opio

Esos días en que te arrastras

la imaginación hambrienta de un absoluto amor

— no es que busques volver a lo que fue

a las llamas pasadas, o a las que compartíais

— hace ya mucho tiempo, y tú sabes demasiado, ya

quieres, o es la muerte

del querer, ferozmente

                                Los sueños, a veces, se apiadan de ti

Una mañana sin despertador te envían una escena

llena de posibles

un rostro viril — ignoras su nombre

él es de otro continente

le has visto en alguna parte, en las noticias

en una revista

Entonces

tantos días como tu espíritu pueda aguantar

en variaciones, en fugas

te apuntalas en refugios de amor loco

la palabra soberana por baile

que perdura, perdida

— de este antes

cuando aún nada es mezquino, irremediable.

lunes, 2 de marzo de 2026

La guerra de los patos

Esa "incívil" guerra 

Con un magnífico prólogo del profesor Miguel Ángel González Sánchez, que fue amigo y vecino del autor y que nos da las claves para su lectura, La guerra de los patos es una novela escrita por Salvador García Aguilar, terminada en 1980 y publicada originalmente en 1994, siendo una de las obras posteriores del autor tras su consagración literaria.

Se incluye dentro de su producción narrativa que refleja memorias, temas personales y toques autobiográficos. El relato está enclavado en el espacio mítico de Gailindo, "el pueblo que en los mapas oficiales se denomina Rojales".

La obra es una novela de narrativa contemporánea (publicada por la Diputación Provincial y reeditada en 2024 por Ayuntamiento de Rojales con motivo del centenario del nacimiento del autor) que aborda principalmente recuerdos de infancia y experiencias personales de García Aguilar que marcaron su vida y carácter durante un período muy corto, de 1933 a 1940. 

El autor utiliza esta historia para plasmar una serie de vivencias personales y momentos que quedaron profundamente grabados en su memoria. Es una obra que mezcla memoria, nostalgia, experiencias vividas y reflexiones sobre situaciones cotidianas o simbólicas en la vida del narrador o personaje central. 

Según el autor es lo que se llama una "novela de formación". Un ejercicio llevado a cabo "para hacer dedos", "para expulsar los diablos". Considerada como una obra menor, no hay que desmerecer la ya que contiene aspectos, como son su estructura, la ambientación o la riqueza del lenguaje de notable acierto.

Con una primera parte más rural, que sitúa la acción en Gailindo (Rojales) y en Esmeralda (Guardamar del Segura). Jeremías/Salvador nos presenta a distintos personajes, destacando los Rovira y las Hermanas Cantamurano que simbolizan el arraigo a la tierra, las tensiones y rivalidades entre familias, las costumbres tradicionales de un pueblo marcado por la escasez y el orgullo familiar.

En la novela, Jeremías/Salvador nos ayuda con su presencia a construir el clima de enfrentamientos vecinales, a veces exagerados o casi épicos en la memoria infantil, que dan sentido al título.

Y ya en una segunda parte, más urbana, el personaje central es Zacarías, el "Cruzao", que representa el tipo humano marginal o excéntrico, la sabiduría popular mezclada con dureza y el tono entre realista y legendario que adopta la narración.

Además en esta edición de 2024 se nos regala un capítulo más al final de la obra con el título Aquellas fiestas del año 1939 (fechada el 1 de marzo de 1998), que está dentro del universo de La guerra de los patos. Miguel Ángel González nos invita a colocar esta parte donde mejor nos parezca, o en la primera o en la segunda parte de la obra.

Salvador García Aguilar es un contador de historias. En la obra todo aparece mitificado, a veces, rozando el esperpento. La llamada “guerra” no es necesariamente una guerra literal, sino una metáfora de las rivalidades infantiles, los conflictos entre clanes familiares. La forma en que un niño magnifica los acontecimientos cotidianos. Un microcosmos que el autor recrea con nostalgia, humor y cierta crítica social, basándose en recuerdos de infancia y en la tradición oral.

martes, 24 de febrero de 2026

Salvador García Aguilar

El vecino de Los Vientos

Hablar de Salvador es hablar de alguien con el que siempre tenemos una deuda pendiente. Su mirada del mundo, llena de curiosidad y sensibilidad, hace que su relato suela moverse entre la reflexión íntima y la observación social, con un estilo cuidado, elegante y muy humano. Tenía una manera de narrar que parece tranquila, pero que por dentro está llena de preguntas y matices.

Si algo define a este escritor es su compromiso con la palabra: escribir no como un gesto de vanidad, sino como un acto de diálogo. Leerlo es sentir que alguien te habla con honestidad, como un amigo que te cuenta una historia mientras caminan sin prisa.

Salvador García Aguilar nació el 21 de noviembre de 1924 en Rojales, provincia de Alicante, aunque gran parte de su vida transcurrió en Molina de Segura (Murcia), localidad que acabaría siendo su hogar y donde fue nombrado hijo adoptivo.

Desde muy joven, debido a la Guerra Civil Española, tuvo que abandonar sus estudios en 1936 para ponerse a trabajar, circunstancia común de muchos jóvenes de su generación. A pesar de su formación interrumpida, desarrolló una curiosidad insaciable por la lectura y la cultura.

Durante su vida laboral trabajó más de tres décadas en Hernández Contreras, una empresa conservera de Molina de Segura, desempeñando funciones administrativas y comerciales. Fue autodidacta: su amor por la literatura surgió y se consolidó en sus horas libres, nutriéndose de los clásicos y de cuantos libros pasaron por sus manos.

No fue hasta 1983, ya cerca de los 60 años, cuando García Aguilar irrumpió en el panorama literario español. Ese año fue galardonado con el prestigioso Premio Nadal de Novela por Regocijo en el hombre, una obra ambientada en el mundo anglosajón y vikingo con resonancias nórdicas y medievales. La obra nos ofrece tres relatos narrados en primera persona por un obispo, un rey y un príncipe. A lo largo del texto van surgiendo los conocimientos, las concepciones políticas, morales y religiosas del escritor, que emplea un lenguaje clásico y arcaico.

Este reconocimiento lo catapultó de manera inesperada a la literatura profesional, ya que hasta entonces escribía en secreto y sin publicaciones previas destacadas. Tras el Nadal, dejó su trabajo de dirección de Comercio Exterior de la empresa para dedicarse por completo a la escritura.

A partir de ese momento publicó diversas obras, como Relatos (1985), Granada cajín (1990), su personal historia de La Iliada, Clama el silencio (1990), La guerra de los patos (1994) o Epílogo de una reencarnación (1995). Novelas, relatos y obras dramáticas, muchas de ellas con fuerte énfasis en la exploración de mundos y épocas pasadas. Su obra combina reflexión, rigor documenta, inventiva narrativa y un análisis moral y existencial de los personajes. Aunque no alcanzaron la misma repercusión mediática que su primera gran novela, consolidaron una trayectoria coherente y personal dentro de la narrativa española contemporánea.

También escribió la versión literaria de una leyenda popular rojalense con el título La noche mágica : Leyenda de “La Encantá” (1996) que transformo en texto dramático en colaboración con Alberto González Vergel como La noche de La Encantá y que se representó en el Teatro Capitol de Rojales, el 10 de agosto de 1996 y en el Teatro Principal de Valencia, el 12 de octubre de 1996.

El Ayuntamiento de Molina de Segura publicó su libro de cuentos La flauta hay que tocarla siempre (2000) y coeditó junto a la Editora Regional de Murcia la trilogía novelística El tiempo que nos vive (2003), una saga familiar ambientada en el espacio mítico de Diosondo, Molina de Segura para el autor.

Salvador García Aguilar continuó escribiendo hasta que la enfermedad de Alzheimer le obligó a dejar su actividad literaria, falleciendo en 2005. Deja varias obras inéditas, incluida la tetralogía Del lauro y la victoria, que se compone de Romance de la muerte umbría, Romance de la cumbre del águila, Romance de la falsa carne y Romance de los tres príncipes.

La figura de Salvador García Aguilar ha sido objeto de diversos homenajes e iniciativas culturales tanto en Molina de Segura como en Rojales, reflejo del arraigo y la consideración que su obra mantiene en ambos municipios.

En Molina de Segura, la Biblioteca Municipal lleva su nombre desde su inauguración en 2007, consolidando así un reconocimiento institucional permanente a su legado literario. Además, en esta misma localidad se celebró, del 8 al 10 de mayo de 2006, el Congreso en homenaje a Salvador García Aguilar, un encuentro académico y literario que reunió a estudiosos y lectores en torno a su obra. Las aportaciones y ponencias presentadas en aquellas jornadas quedaron recogidas en un volumen de actas editado por el Ayuntamiento bajo el título El escritor secreto.

Por su parte, en Rojales se convoca un premio literario de novela corta que lleva su nombre, iniciativa que contribuye a mantener viva su memoria y a fomentar la creación literaria en sintonía con el espíritu de su trayectoria.

En noviembre de 2024 se conmemoró el centenario del nacimiento del escritor Salvador García Aguilar, una fecha señalada que invitaba no solo al recuerdo, sino también a la reivindicación de su figura y de su obra. Durante una semana se desarrolló un programa de actividades que incluyó una ofrenda floral ante su busto, conferencias en torno a su trayectoria literaria, lecturas de sus textos y la presentación del libro La obra de Salvador García Aguilar en cincuenta páginas, de Miguel Ángel González Sánchez, una publicación concebida como acercamiento sintético y divulgativo a su legado.

Sin embargo, pese al esfuerzo organizativo y al compromiso de quienes participaron en el homenaje, la sensación final fue agridulce. El acto resultó digno y respetuoso, pero quizá demasiado modesto para la relevancia de la efeméride. No se alcanzó plenamente el objetivo de convocar a un público más amplio ni de situar la obra de García Aguilar en el lugar de visibilidad que merece dentro del panorama cultural.

Queda, inevitablemente, esa impresión de no haber hecho lo suficiente. De que el centenario, que debía ser una oportunidad para reactivar el interés y proyectar su figura hacia nuevas generaciones de lectores, pasó de manera discreta. Tal vez esa misma inquietud sea, en el fondo, una llamada a redoblar esfuerzos en el futuro: a seguir trabajando para que la voz literaria de Salvador García Aguilar no quede confinada al recuerdo conmemorativo, sino que continúe viva en la lectura, el estudio y la difusión sostenida de su obra.

El legado de García Aguilar es reflexivo, trabajado y con cierta densidad conceptual. No es un autor de lectura apresurada; exige atención y ofrece profundidad. Su interés por la historia y lo simbólico hacen que muchas de sus tramas se sitúen en épocas pasadas, pero no con intención meramente decorativa, sino como marco para reflexionar sobre cuestiones universales: el poder, la fe, la violencia, el destino o la identidad. Sus personajes suelen enfrentarse a conflictos morales complejos. La acción narrativa está atravesada por preguntas sobre el sentido de la vida y la responsabilidad humana.

Sin duda, el hecho de comenzar a publicar tardíamente aportó a su obra una notable madurez. No es una narrativa impulsiva, sino meditada y sólida.