Gente muy culada
Publicada en 2017, Temporada de huracanes es la novela que situó definitivamente a Fernanda Melchor entre las voces más importantes de la narrativa latinoamericana contemporánea.
Narrada de manera no lineal, coral y en tercera persona, todo comienza con un cadáver. Un grupo de niños encuentra flotando en un canal el cuerpo de una mujer conocida en el pueblo ficticio de La Matosa, una localidad rural de Veracruz, como la Bruja. Este personaje vivía en una gran casa descuidada donde organizaba fiestas con los jóvenes del pueblo, a quienes daba dinero a cambio de favores sexuales. A partir de ese hallazgo comienza una historia que, más que reconstruir un crimen, intenta descubrir qué hay detrás de él.
¿Quién era realmente aquella mujer? ¿Qué ocurrió aquella noche? ¿Quiénes estuvieron allí?
Pero Melchor no responde a estas preguntas de una manera convencional. La novela no avanza como una investigación policial en busca de un culpable. Lo hace a través de las voces, los recuerdos, los rumores y las versiones de quienes estuvieron relacionados, de una manera u otra, con la Bruja. Y así descubrimos que, a veces, un pueblo entero puede guardar un secreto.
La Bruja es el centro invisible alrededor del cual gira la novela. Su muerte desencadena una sucesión de relatos que nos llevan por las vidas de distintos personajes: jóvenes atrapados en la pobreza, mujeres marcadas por la violencia y el machismo, hombres que buscan demostrar una masculinidad que también termina convirtiéndolos en víctimas. Violencia, pobreza, machismo, abuso, superstición, deseo y desesperanza.
Cada capítulo se aproxima a un personaje diferente y añade una nueva pieza al relato. Pero las piezas no siempre encajan. Porque aquí nadie posee toda la verdad. Cada personaje cuenta lo que recuerda, lo que cree, lo que imagina o lo que necesita creer para poder seguir viviendo.
Y entre todas esas voces aparece una pregunta fundamental:
¿puede existir una verdad cuando todos contamos la historia desde nuestras propias heridas?
El asesinato parece ser solamente la consecuencia final de una violencia que llevaba mucho tiempo creciendo. Como un huracán que, antes de llegar, ya ha cambiado el aire.
Uno de los grandes aciertos de ls novela es la importancia del espacio. El pueblo respira. Hay calor, barro, humedad, mosquitos, cañaverales, carreteras, casas pobres, cantinas y lugares donde todo el mundo sabe algo de los demás. Es un mundo donde los rumores viajan deprisa y donde la vida privada parece pertenecer también a la comunidad. El espacio acaba convirtiéndose en una especie de personaje colectivo.
Melchor no quiere que observemos el huracán desde la ventana. Quiere meternos dentro.

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