lunes, 26 de septiembre de 2016

La dieta de la memoria

Lo que se aprende de Loli Cantero


"Bien pudiera ser" de Alfonsina Storni (1892-1938)

Alfonsina Storni es una de las poetas más importantes de América, no sólo por su producción literaria, sino, también, por el hecho de que es un ejemplo de coraje para su época y para las artistas posteriores.
Esta autora, junto con otras contemporáneas, representa una revolución amparada por los cambios vertiginosos de principios del siglo XX: la mujer se convierte en la emisora de sus propios mensajes poéticos, desde sí misma, para sí misma, para otras mujeres y para el hombre. En este sentido, hay que hablar de una literatura que reclama la figura femenina como sujeto activo y no como objeto contemplado.
Como muestra el poema que leyó nuestra Loli del libro   Irremediablemente (1919)

Bien pudiera ser...

Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer...
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna... Ah, bien pudiera ser...

A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.

Y todo eso mordiente, vencido, mutilado,
todo eso que se hallaba en su alma encerrado,
pienso que sin quererlo lo he libertado yo.

La puerta abierta de Pascual García

   El profesor, escritor y crítico literario Pascual García (Moratalla, 1962) es doctor en Filosofía y Letras, catedrático de Lengua y Literatura Española en el instituto Alfonso X el Sabio de Murcia y profesor asociado de la UMU. Es autor, entre otros libros,  de El invierno en sus brazos, Solo guerras perdidas y La fatiga y los besos. Y Luz para comer el pan que contiene el poema que se leyó durante la reunión.


La puerta abierta     

No sé de qué materia se hizo el odio,
pero emerge del fuego y nos abrasa
y es cicuta en manos del verdugo
y hiere con el hierro y con el filo
como corta la espada o la guadaña.
Nadie le huye, entonces, no es posible
olvidarse de su rostro de piedra
y conciliar el sueño indiferentes
a la devastación y a la sequía.

Comemos en la mesa junto al fuego,
los hijos en sus opuestos, los abuelos
tan cerca de nosotros y calientes,
y después lo padres, los que presiden
una mesa de concordia en silencio
y miran la familia y agradecen
los dones, el pan diario, y el trabajo,
la calle en paz, el tiempo detenido.
Son ellos mismos la casa, pues viven
en su centro de paz y en ella duermen
confiados, y habitan sus estancias
y recorren sus pasillos de luz
y sus cuartos de tiniebla y se asoman
a las ventanas del cielo
y cierran la puerta todas las noches
para dejar el miedo
en lo oscuro, en la humedad de las sombras.
Olvidamos, por un minuto, brujas
de la espesura, fantasmas del fuego,
habitantes de nuestra pesadillas
en la eternidad feliz de la infancia.
Olvidamos terrores y demonios
y salimos en la mañana al campo
a respirar la vida entre los pinos
y caminar las sendas.
Volvemos a la casa. Es mediodía.
Nuestras mujeres sirven la comida
y entra el sol indiscreto hasta la sala.
El tomillo, las setas y las piñas
descansan en un rincón de la casa.
Sentados a la mesa estamos todos
juntos, de nuevo, olvidados del odio
por fortuna, y está la puerta abierta.
El gran Ángel González de la mano de Rosario

Poeta, catedrático y ensayista asturiano (1922-2008)
Su poesía, llena de contrastes, discurre entre lo efímero y lo eterno, características que llevan al lector a divagar y soñar en los temas del amor y de la vida.
Fue maestro nacional, licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo y periodista por la Escuela Oficial
de Periodismo de Madrid. Enseñó Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Alburquerque, USA,
habiendo sido profesor visitante en las de Nuevo México, Utah, Maryland y Texas.
De su obra se destacan los títulos: Áspero mundo, Grado elemental, Breves acotaciones para una biografía, Deixis de un fantasma y su último libro, Otoño y otras luces. Os dejó con el poema que nos leyó Rosario, todo un acierto.

ME BASTA ASÍ

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).




Ángel González


http://www.poesi.as/reci1337.htm
Pincha la imagén y accede al audio del poema
recitado por el propio Ángel González.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Todo eso que tanto nos gusta o

Viaje al Palacio de Potala


El Potala o templo de Lhasa es la máxima expresión de la arquitectura tibetana y residencia de los Dalái Lama desde que Lozang Gyatso lo fundara en el año 1648 en Lhasa, la capital del Tíbet, hasta 1959, fecha en la que el decimocuarto Dalai Lama se exilió a DharamsalaIndia, tras una revuelta popular contra China.
"- Lo bueno de los libros - farfulló Marcelo - es que nos cuentan historias creíbles en este batiburrillo que no hay quien entienda. Eso es lo bueno de los libros: que ponen un poco de orden. Pero lo mejor que tienen es que nos regalan recuerdos..."

   El libro de Pedro Zarraluki (Destino, 2008) ha conseguido llenarnos de buenos recuerdos y, sin duda, es ideal para disfrutarlo en verano. Una novela interesante, bien escrita. Un retrato de esos pequeños lugares donde el tiempo parece transcurrir con un ritmo lento y nada parece relevante. Y sobre ese fondo tranquilo, unos cuantos personajes bien perfilados llegados de fuera comprueban cómo sus vidas van sufriendo una rápida evolución. Casi todos ellos son seres que parecen buscar el aislamiento, la soledad, como remedio contra la vida agitada.
"Las guerras tienen una cosa buena, sólo una: nos enseñan con crueldad lo que estamos a punto de perder. La vida misma se muestra como lo que es, un tesoro frágil. En la guerra la vida es sagrada. Y sin embargo ahora, en estos tiempos miserables, la protegemos con cicatería, como el dinero cuando lo metemos en el banco. Ya no sabemos lo complicado, lo difícil, lo maravilloso que es sobrevivir. Eso sólo se sabe cuando se ha vivido una guerra o cuando uno se ha hecho tan viejo que vuelve a necesitar arriesgarse. No quiero una guerra, Dios me libre, pero sí emociones."
   Con estas palabras resume Tomás, uno de los protagonistas de la historia, a su hijo Ricardo, lo que siente en un momento de su vida en que, harto de la rutina y de las costumbres, decide romper con todo y desaparecer en un pequeño pueblo de la costa gerundense.
   Tomás es un arquitecto retirado que un día decide huir de su casa y desaparecer, provocando una gran inquietud en su exmujer y su hijo Ricardo. Este se marcha a buscarlo y afortunadamente lo encuentra en un pueblecito no muy lejos de Barcelona, donde parece ser que Tomás está a punto de iniciar una nueva vida. Las circunstancias personales de Ricardo influyen en la decisión de quedarse en el pueblo con su padre, al principio para asegurarse de que está bien, aunque más tarde descubrirá otras razones para no volver a lo que quedaba de su antigua vida.
   Padre e hijo redescubren poco a poco su relación, en un ambiente completamente diferente al ajetreo de la gran ciudad, y rodeados por una serie de personajes que les enseñarán mucho sobre la vida y sobre ellos mismos.

Camallera, pueblo gerundés, inspiración del autor para la novela

   Lola, antigua anarquista arisca, dueña de la pensión donde ambos se alojan, que con el tiempo irá haciéndose mucho más sociable.; la bella mecenas italiana Barbara Baldosa, una mujer adulta, soberbia, elegante a la que su riqueza no le ha proporcionado la inesperada armonía que encuentra al conocer a Ramiro; la joven María, la taxista "oficial" del pueblo, con dudas ante un matrimonio inminente y con el don de "mirar a su alrededor y estar a gusto en ninguna parte"; la pareja formada por Marcelo, un hombre fascinado por la literatura que se jacta de gozar de la amistad de Marcel Proust, de Dafoe, Fitzgerald… y su esposa Paquita, siempre dispuesta a bromear a pesar de su ceguera ("... Soy como Ana Karenina. He durado demasiadas páginas y alguien, ahí arriba, se está cansando de mí") No falta la mirada piadosa hacia los desfavorecidos, como la rusa Daryna, que logra librarse de su silla plegable de camping que está en la carretera.
   También es un personaje curioso el de la madre de Ricardo, Cristina, empeñada en seguir manejando los hilos de un matrimonio que, aunque roto en el pasado, sigue en realidad muy vivo, y quizás la única que, conociendo de verdad a Tomás, es capaz de amarlo sin reservas, sin pedirle nada a cambio.
   A medida que Tomás y Ricardo se reencuentran, el lector va conociendo la vida pasada de ambos, y las circunstancias que les han llevado a ambos a ser como son. 
   Así se reordenan las vidas de todos y se deja abierta la incertidumbre acerca del futuro de María, que tal vez requiera también algún día un cambio radical, ya que el autor nos dice que
el cambio es posible, en cualquier momento de nuestras vidas. Sólo tenemos que iniciarlo, atrevernos a dar el paso. Y no se trata de huir físicamente de nuestro entorno, sino de dejar atrás lo que no nos gusta, encontrar el lugar en el que nos corresponde estar, en definitiva, buscar todo eso que tanto nos gusta.

Pedro Zarraluki

«No sé vivir de otra manera que escribiendo»



   Zarraluki nació en la ciudad de Barcelona en 1954, donde cursó sus estudios. Publicó por primera vez a los 20 años, despertando gran expectación. Colabora habitualmente en medios de prensa y radio, e imparte clases en la Escuela de Escritura Creativa del Ateneo Barcelonés. Regenta el Café Salambó, al que acuden amigos del mundo de la literatura, y ha creado un premio literario con este nombre. Su obra ha sido traducida a varios idiomas.
   Ha obtenido distinciones como el Premio Margarita Xirgu de teatro radiofónico (1988) por Retrato sobre una barca, el Premio Ciudad de Barcelona y el Premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España (1990) por El responsable de las ranas, el Premio Herralde de Novela (1994) por La historia del silencio. Su novela juvenil 'El hijo del virrey' fue elegida por The White Ravens —órgano de la International Youth Library, con sede en Munich— como libro del año en 2013.
   Otras novelas suyas son La noche del tramoyista (1986), Hotel Astoria (1997) y Para amantes y ladrones (2000).
    Entre sus libros de relatos se cuentan Galería de enormidades (1983), Tres trayectos innobles (1986),) y Te espero dentro (2014).
    Leer a Zarraluki no es difícil: en sus páginas hasta el silencio se convierte en una buena historia. Hasta la fecha, el escritor catalán ha logrado forjarse una trayectoria literaria noble a través de una galería de personajes a veces complicados, a veces cotidianos, que se mueven por glamurosos hoteles, islas bohemias y casas de campo.
   Zarraluki confiesa que escribe de las cosas que ha visto, vivido o sentido, pero también de las que le cuentan.
   Pese a que en la bibliografía del autor catalán figuran novelas como Un encargo difícil (Premio Nadal 2005) y Todo eso que tanto nos gusta (2008), Zarraluki se considera un cuentista. "Mi último libro de relatos, ‘Te espero dentro’, llegó después de muchos años sin publicar cuentos y me costó mucho escribirlo, porque le había cogido tanto respeto que me daba miedo", admite el escritor.
"La literatura del sufrimiento no tiene sentido", apostilla Pedro Zarraluki, cuyos libros están cargados de un particular y, a veces, soterrado sentido del humor. "Con la edad veo que ese aire de gratuidad que tenía antes el humor se va convirtiendo en algo agridulce", afirma el narrador que además sostiene que "el género de España es la tragicomedia". 

   Considerado uno de los grandes referentes del cuento en España, el autor de las antologías Retrato de familia con catástrofe y Humor pródigo no duda en señalar su debilidad por el relato breve: "El cuento es el corazón de la literatura".


Fuente: Diario Sur

lunes, 22 de agosto de 2016

Lectura de Verano

Todo eso que tanto nos gusta de Pedro Zarraluki
  
   No siempre es fácil ser padre. Tampoco es fácil ser hijo. En realidad, nada es fácil en esta vida… y ahí está la clave de la comedia. La dificultad acaba convirtiéndose en el corazón mismo del placer de vivir.
   Un anciano se escapa en busca de un palacio inalcanzable, y su hijo va tras él. En su huida se encontrarán con una chica que está segura de amar, pero no de comprometerse a amar para siempre; con una mujer perturbadora que vive sola con su mayordomo y su cocinera napolitanos; con una ciega que nunca quiso trabajar y acabó cultivando las rosas más bellas…
   Padre e hijo comprenderán que vivir puede ser apasionante si se sabe mirar a los demás, hacerse cómplice de ellos. Si se sabe no tener miedo al ridículo, al miedo mismo. Y que es, al fin y al cabo, la única oportunidad que tenemos de dar un pequeño paseo por el paraíso.
   Todo eso que tanto nos gusta es una novela radiante, escrita en estado de gracia. Una novela que aborda los grandes temas de la existencia con sabia naturalidad, con una sencillez elegantísima, y que sugiere que quizás el único secreto para vivir consista en conseguir llegar a ser quienes ya somos... y en bailar hasta el amanecer.


Fuente: Lecturalia