lunes, 6 de octubre de 2014

Próxima reunión 7 de octubre de 2014 (20:00 horas).

Contaremos con la presencia de la autora de Mi amor desgraciado,
Lola López Mondéjar 
(20:30 horas)
   
   Cuando el azar entrecruza sus vidas, las protagonistas de esta novela no pueden prever que un suceso terrible está a punto de transformarlas. ¿Qué angustia consume a Hélène? ¿Qué acontecimientos provocaron la decisión de la mujer que la observa?
   Sus historias esconden oscuras coincidencias. Las dos sufren una metamorfosis cuyas cicatrices las acompañarán siempre. Viven en una misma calle de París y, a su modo, una y otra son extranjeras. Cada día, Hélène arrastra a sus hijos al colegio sin reparar en ellos, su mirada se pierde en un horizonte invisible que sólo ella conoce. La otra mujer la sigue con curiosidad desde su ventana, ha abandonado a su marido y a su hija en un doloroso esfuerzo por buscarse a sí misma. 
   ¿Qué une a estas dos mujeres? ¿Qué las separa? ¿Son la pasión sexual y el amor materno sentimientos incompatibles? ¿Quieren siempre las madres a sus hijos con una entrega sin ambivalencias?

Delacroix - Medea - Paquita

   La obsesión del pintor romántico francés Eugène Delacroix (1798-1863)  por su Medea furiosa (Médée furieuse) le acompañó hasta el final de su vida siendo ésta una cuestión de intriga y estudio.
   Delacroix empieza a pensar en el mito de Medea en 1824, cuando escribe en su diario: “Medea me ocupa”. Desde los 26 años hasta los 64 años, la edad que tenia cuando murió, Delacroix realizó multitud de bocetos y de estudios, corrigió litografías, estuvo, en suma, enormemente interesado en este mito griego en concreto.
   Pintó de 1838 a 1863 varios cuadros y estudios sobre el mismo tema, poseyendo el Louvre otro lienzo, aunque más pequeño, con el mismo motivo.
  Delacroix representa a Medea, personaje de la mitología clásica griega sacado de la obra de Eurípides, en un tema, como es típico de él, de carácter trágico: debido a la traición y el abandono de Jasón, decide tomarse la revancha por medio del infanticidio, matando a los dos hijos que habían tenido en común.

   La obra causó sensación en el Salón de París de 1838. Era la primera obra a gran escala representando un asunto de la mitología griega que hacía Delacroix. El cuadro fue inmediatamente comprado por el estado en 4000 francos y llevado, en contra de la voluntad de Delacroix que habría preferido el Luxemburgo, al Palais des Beaux-Arts de Lille donde todavía se encuentra.
   Hacia el final de su vida, el pintor realizó tres nuevas versiones.

   Una en 1859, que, según consta, se encontraba expuesta en Berlín, siendo destruida durante la Segunda Guerra Mundial; y otras dos tres años después.
   La última versión la realizó en 1862, un año antes de su muerte. A pesar de estar enfermo y que pintar le suponía un gran esfuerzo, volvió a intentarlo.   Su afán de encontrar la perfección en una obra que le obsesionaba tanto como Medea, sea la respuesta al por qué la repitió tanto. ¿Quedó a final satisfecho? La propia satisfacción debería ser su justa recompensa por tanto empeño, dedicación y sobre todo pasión. 
     Medea, hija del rey Etes de Colchis y de la ninfa marina Idia, era una formidable he­chicera como su tía Circe. Es una de las figuras más fascinantes de la mitología griega. A veces se la representa como bruja, como una hechicera con objetivos malignos, aunque cada autor le ha dado una profundidad distinta al personaje. Ovidio y Apolonio de Rodas la describieron como una joven bella y enamorada dividida entre la fidelidad a la familia y a la tierra y el deseo por Jasón. Eurípides (480-406 a.C. aproximadamente) resaltó los aspectos más conmovedores en Medea, con un personaje desequilibra­do por la infidelidad de su marido y desquiciada por los celos y la amargura hasta el punto de matar a sus hijos en un ataque de desesperación.
  
Cuando el héroe Jasón y los Argonautas llegaron a Colchis, en la orilla oriental del mar Negro, para buscar el Vellocino de Oro, conoció a Medea, que se enamoró de él inmediatamente debido a la intervención de Afrodita, Hera y Atenea. 
   Medea sabía que el objetivo de su padre era acabar con Jasón y
decidió ayudar al joven, pues no podía soportar la idea de que muriese. Aun así tenía dudas, pues tampoco quería traicionar a su padre delante de los visitantes, pese al amor que sentía.
  La pareja tuvo que huir a Corinto, donde disfrutaron de la hospitalidad del rey Creón. Allí vivieron felices muchos años y tuvieron dos hijos. Entonces Jasón diseñó un plan para deshacerse de Medea, a la que debía toda su prosperidad, y casarse con Glauce, la hija del rey. Medea encolerizó y mató a la novia con un vestido de boda embrujado que la quemó junto a su padre. Después mató a sus hijos y huyó a Atenas en su cuadriga tirada por dragones alados, donde encontró la protección del rey Egeo que, aunque se pensaba que era estéril, tuvo a Medo con ella.
   No tenemos claro cuál fue el final de Medea. Según algunas versiones, vivió eternamente como ser inmortal en los Campos Elíseos, la parte celestial del mundo de los muertos, permaneciendo allí como esposa del gran héroe Aquiles.

   Francisca González Navarro, que fue juzgada en 2003 por un jurado popular, tras haber sido acusada de dar muerte a sus dos hijos, Adrián Leroy y Francisco de 4 y 6 años, fue condenada por el juez de la Audiencia Provincial de Murcia a dos penas de 20 años de prisión.   
   El documento condenatorio considera probado que Francisca González asesinó, en la noche del 18 de enero del 2002, a sus dos hijos menores, a los que estranguló asfixiándolos con el hilo de un cargador de teléfono móvil en su domicilio en la localidad de Santomera. De conformidad con lo indicado por el jurado, la condenada sentía celos por las infidelidades de su marido pero que eso, al igual que su consumo de cocaína, alcohol y pastillas en la noche del crimen, no afectó a su "conciencia y voluntad", ya sí actuó con absoluta frialdad a la hora de inventarse la coartada del robo y preparar todo para que fuera convincente.
   
Francisca González negó que hubiera estrangulado a sus dos hijos menores para hacer daño a su marido. La propia autora no encontró una razón para el brutal crimen y lo explica como consecuencia de una vida destrozada por vejaciones sexuales, malos tratos, graves amenazas contra su familia al relacionar a su marido, José Ruiz, con el tráfico de estupefacientes, así como, por el abuso de las drogas y el alcohol. 
  José Ruiz, su esposo, un camionero que viajaba por Europa, no salió bien parado. "Me obligaba a realizar actos de todo tipo, tales como pasar moneda falsa, y a asistir a lugares de intercambio de parejas como [los clubes] Brasil y Ninette. A todo eso me presté por amor a mi marido o por gilipollas. Sobre el intercambio de parejas me decía: 'Hago esto porque no te doy suficiente satisfacción y así te demuestro lo que te quiero'. Yo no estaba conforme, pero aceptaba".
   Además de llevarla a estos clubes, Francisca habla de infidelidades: "Me engañó durante un año, aunque ya hace tiempo que terminó esa aventura, en febrero del año pasado".
   Por su parte, el marido ha negado casi todas las acusaciones, salvo la infidelidad. José Ruiz ha reconocido que se siente tan culpable de lo sucedido por pasar tantas horas alejado de su casa que a veces piensa que el asesino ha sido él. El marido explica lo sucedido casi como un crimen pasional: "Me amaba ciegamente".
   "Nunca he maltratado a mi mujer. Es posible que alguna vez, irritado, fuera de mí, se me haya escapado la mano". El marido añade que, consciente de los problemas de Francisca, pensaba llevarla a un psiquiatra.

jueves, 2 de octubre de 2014

Mi amor desgraciado

"El instinto maternal no existe"
   
   A partir de este razonamiento, la psicoanalista y escritora Lola López Mondéjar ha construido una novela de gran hondura psicológica 
   "Quería acabar con ese mito porque creo que siempre ha funcionado como un corsé para la mujer. Es una creación patriarcal que anula la identidad de las mujeres", explica.
   Un mito griego, el de Medea, y un terrible hecho real, el de la parricida de Santomera, le sirven de base para derribar tópicos en esta novela que reivindica que la mujer debe ser, ante todo, mujer, y amar siempre sin prescindir de ella misma. 
    Hace doce años, el pueblo murciano de Santomera se dio de bruces con el horror: una mujer había estrangulado a sus dos hijos de seis y cuatro años con el cable del teléfono. 
   En la tragedia griega, Medea mata a sus hijos tras ser abandonada por Jasón. 
   ¿Qué pasa por la cabeza de una madre capaz de un acto así?   
    En Mi amor desgraciado (Siruela, 2010) se reflexiona sobre "uno de los últimos mitos que perviven en Occidente": el amor incondicional y abnegado de madre.
   En la novela, las dos protagonistas se enfrentan a un conflicto personal inspirado por sus propios hijos. Para una de ellas son el obstáculo para desarrollar su vida sexual y amorosa. Para la otra, suponen una alienación.
   "La dependencia de la mujer, de la pareja, de los hijos, es un tema importante, porque es una costumbre muy arraigada y todavía falta mucho para que cambie. El problema es que a los hombres se les enseña cuál es su deseo mientras que a las mujeres nos enseñan a satisfacer el deseo del otro", sostiene la escritora.
   López Mondéjar reconoce haberse inspirado en testimonios de sus pacientes. También se ha ido a las estadísticas: "El 33% de las mujeres en edad reproductiva de Europa decide no tener hijos. Cuanto mayor es el desarrollo de un país, el desvalimiento del patriarcado también es mayor".  

   Para ella, esta no es una novela feminista, aunque sí comprometida. "Hasta ahora los hombres han escrito los discursos y son ellos los que han impuesto una forma de amor. Hay que dar voz a la mujer para que imponga otro distinto", apostilla. Esta novela es, de momento, su aportación.   
    Hélène es la protagonista que representa la entrega erótica, una mujer a la que la maternidad supone "una carga insoportable", en opinión de la escritora, "porque la distrae de su único objetivo, que es amar, y la entrega amorosa a un hombre".
    En el otro extremo se encuentra una mujer española que ha decidido alejarse de su marido y de su hija para iniciar una búsqueda interior, "porque entiende que en el ejercicio de una maternidad convencional ella ha sido un ama de casa entregada que se ha perdido a sí misma", explica López Mondéjar.
    Sin embargo, "Mi amor desgraciado" no pretende ser una tragedia, sino, un canto a la esperanza. "Porque la única posibilidad de vivir cómodamente en la vida es integrando los distintos aspectos de la vida que nos constituyen como sujeto".
Y añade: "me gustaría que se leyese así, que estos corsés sociales, que estos imperativos sobre como amar o como ser madre, puedan ser transformados internamente por nosotros".
    La novela intenta responder, en palabras de López Mondéjar, a ese "terror" que se tiene a adentrarse en el interior de la madre, en el mito del amor maternal. "Tenemos que renunciar a ser madres perfectas para ser madres y mujeres a la vez", razona la escritora.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Lola López Mondéjar

"La literatura que no profundiza en el personaje no me interesa"

   Cuenta la leyenda que en la Nochebuena de 1858 cayó sobre Molina de Segura (Murcia) un gigantesco meteorito, el más grande caído en España hasta la fecha. Desde entonces, el cráter emite una misteriosa radiación que ha hecho germinar una generación de escritores como nunca se había visto en toda la comarca. 100 años después nace....

    La escritora detalla los curiosos efectos de esta "radioescribidad": "Nuestra naturaleza es en extremo mutante y fantasiosa, casi diría que enfermizamente letra herida. Qué duda cabe –¡seamos científicos!–, que efecto secundario de aquel acontecimiento estelar que nos hizo ser como somos".
    Lola López Mondéjar estudió Psicología Clínica en la Universidad de Murcia, completando su formación como psicoanalista en Madrid, Alicante, Milán y París. Sus intereses profesionales abarcan desde la problemática de la adolescencia y los estudios de género hasta la revisión de la teoría psicoanalítica confrontada con los síntomas contemporáneos. Sobre estos temas ha publicado diferentes artículos en revistas especializadas y volúmenes colectivos. En la actualidad, compagina su actividad clínica con la docencia en cursos universitarios de posgrado, conferencias, seminarios y congresos.
   Durante cinco años fue columnista del diario La Opinión de Murcia, con una sección semanal, Desde el diván, donde reflexionaba sobre la actualidad desde el periodismo literario. Posteriormente, amplió el formato de sus colaboraciones con crónicas de viajes y la creación de perfiles humanos de personajes singulares y anónimos de la ciudad.

   Del periodismo a la literatura, en 1997 publica su primera novela Una casa en La Habana (Fundamentos) y, tres años después, la segunda: Yo nací con la bossa nova, en la misma editorial. Esta última recibió el premio Libro Murciano del Año 2000, en la modalidad de narrativa. No quedará la noche, tercera novela de la autora, apareció en el 2003 bajo el sello de la Editora Regional de Murcia. Algunos de sus relatos - Amazonas, El buda, Rehén, Pensamiento de amor, Cumpleaños feliz, Ley de costas - han sido publicados en diferentes revistas y antologías. En marzo de 2008 se publica su primer libro de relatos El pensamiento mudo de los peces (Páginas de Espuma) y, en octubre del mismo año, la novela erótica Lenguas vivas (Gollarín). 
   En enero 2009 vio la luz el volumen de ensayos Psicoanálisis y creatividad: el Factor Munchausen (Cendeac). Su novela Mi amor desgraciado (Siruela, 2010) fue finalista del Premio de Narrativa Torrente Ballester 2009. En 2013 llega Lazos de sangre (Páginas de Espuma), un libro donde la autora ofrece unos relatos contundentes que nos introducen en universos familiares distintos, y nos muestran las dificultades de sus protagonistas para alejarse de lo que supone para los seres humanos lo familiar.

   En 2013 publica La primera vez que no te quiero (Siruela), una novela sobre el aprendizaje que una generación de jóvenes soñadores, dispuestos a cambiar el país que habían heredado, tuvo que realizar para adaptarse a la libertad y a la democracia en la España de los años 80.
   Entre 1999 hasta el 2009 dirigió el programa literario La mar de letras, del Festival Internacional de Músicas del Mundo La mar de músicas de Cartagena, donde cada año se presenta una muestra de la cultura y la literatura de un país.
   Desde octubre de 2005 coordina diferentes Talleres de Escritura Creativa en la Biblioteca Regional de Murcia. Una experiencia que cumple su X edición y que ha reunido en torno a la literatura a más de trescientas personas, desde su lejano comienzo hasta su novena edición. Lectores y amantes de la escritura que se acercan a ellos con el deseo de disfrutar de la lectura dotándose de instrumentos y recursos críticos, y de escribir sus textos con mayor soltura. 

   Lola López Mondéjar colabora habitualmente con el periódico La Opinión de Murcia, en el que mantiene el blog Microscopías.
   Vinculada a Molina de Segura, forma parte del jurado que decidirá el ganador del XI edición del Premio Setenil el próximo mes de diciembre junto al autor de relatos Hipólito G. Navarro, como presidente, y al profesor y crítico literario José Belmonte Serrano.