sábado, 3 de octubre de 2026

Tatiana Tíbuleac


"La vida adulta se construye alrededor de tu familia, huimos de ella o tratamos de repetirla"

Cuando en 2019 llegó a las estanterías españolas El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes todo se sacudió. Su autora, Tatiana Ţîbuleac, se convirtió de la noche a la mañana en el nombre que todos recomendaban, una suerte de secreto a voces que terminó por conquistar a la crítica y, sobre todo, a los lectores más exigentes.

Pero, ¿qué tiene la escritura de Ţîbuleac para haber generado tal magnetismo? La respuesta reside en su capacidad para transformar el dolor en belleza.. Sin embargo, aunque el éxito masivo le llegó con sus novelas, la relación de la autora con la palabra viene de lejos. Nacida en Chisináu, Moldavia en 1978, su padre era periodista y su madre editora, por lo que creció rodeada de libros y periódicos y se aficionó pronto a la lectura. Ţatiana Tîbuleac estudió periodismo y comunicaciones en la Universidad Estatal de Moldavia y durante esos años ya empezó a colaborar con diversos medios en calidad de traductora, correctora y reportera. También se forjó las redacciones y los platós de televisión, donde destacó como reportera de corte social. Esa mirada entrenada para observar la realidad es, precisamente, la que dota a sus ficciones de una autenticidad arrolladora.

En 2007 dejó el periodismo y se trasladó a París en 2008. Según contó, le vino muy bien el cambio de vida para encontrar un modo nuevo de escribir.

Publicó en Moldavia su primer libro Fábulas modernas, en 2014, una colección de 50 historias cortas sobre la migración. Su segunda novela Jardín de vidrio de 2018, por la que le concedieron el Premio de la Unión Europea de Literatura, vuelve a la infancia, pero desde un ángulo distinto. Ambientada en los últimos años de la Moldavia soviética, cuenta la historia de una niña adoptada por una anciana que la explota y la educa en una lengua que no le pertenece del todo. Una historia de aprendizaje marcada por la pobreza, la violencia y el idioma como frontera. "Cuando era pequeña la violencia estaba en todas partes: en la familia, en la escuela, en la calle. Nos acostumbramos a ella. Pensábamos que los golpes eran parte de la educación, que nos harían más fuertes". No lo dice con rencor, sino con la serenidad de quien sabe que la literatura es el único modo de exorcizar la memoria.

Su última novela, Cuando seas feliz, golpea tú primero (Impedimenta, 2026), vuelve sobre las relaciones entre padres e hijos, pero también el exilio y la identidad.

Su obra es una suerte de confesión pública sobre la literatura, la maternidad, la identidad y la memoria. En su tono pausado, casi hipnótico, se adivinaba la misma mezcla de crudeza y ternura que atraviesa sus libros. Para Tatiana Tîbuleac,  la escritura le sirve "para decir lo que no podía decir en voz alta".

El verano que mi madre tuvo los ojos verdes


Aleksy viaja con su madre a un pequeño pueblo de Francia para pasar juntos un último verano. Entre ellos hay años de resentimiento, reproches y heridas que parecen imposibles de cerrar. Pero, mientras pasan los días y comparten ese paisaje, algo empieza a cambiar. Poco a poco, el rencor deja espacio a la memoria y el silencio comienza a revelar aquello que nunca fueron capaces de decirse.

A veces, las autoras que escriben sobre la maternidad lo hacen desde la luz; Tatiana Țîbuleac lo hace desde la sombra. En El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2019), su debut convertido en fenómeno internacional, un adolescente furioso acompaña a su madre moribunda en un verano de reconciliación.

Uno de los aspectos que más llama la atención de la novela es su forma de estar escrita. Tatiana Țîbuleac utiliza prosa poética, intensa y profundamente sensorial con frases breves, imágenes poderosas y un lenguaje cargado de metáforas para construir una narración que, en ocasiones, resulta casi musical. La historia avanza entre recuerdos, pensamientos y escenas del presente, dejando que las emociones tengan tanto peso como los propios acontecimientos. Una escritura hermosa y áspera al mismo tiempo, capaz de pasar de la ternura a la crudeza en apenas unas líneas. Esa mezcla hace que la historia se sienta muy cercana y que algunas escenas nos acompañen después de cerrar el libro.

Una novela que explora sobre la enfermedad, la culpa, la pérdida, la memoria, la reconciliación, el perdón y el peso de la herencia emocional a través de una prosa atrayente, pero, sobre todo, sobre una relación entre una madre y un hijo que intenta encontrar una forma de amor allí donde durante mucho tiempo solo parecía haber dolor, de cómo, a veces, necesitamos volver a mirar a las personas que queremos para entenderlas de otra manera.

No es de extrañar que la obra cosechara premios como el Cálamo al Libro del Año y el Premio de las Librerías Recomiendan, consolidando a la editorial Impedimenta como el hogar de una de las voces más poderosas de la literatura contemporánea en lengua rumana.

"Escribí ese libro para mi hijo y también para mi padre"... "Porque el concepto de maternidad me golpeó. Pensé que no sería capaz de sacarlo adelante, que no sería una buena madre. Y también lo escribí para pedir perdón a mi padre, para decirle cosas que no supe decirle en vida."

Su literatura nace de ahí: de los silencios familiares, de las frases que nunca se dijeron y de la imposibilidad de ser perfectamente buena o perfectamente amada. Tîbuleac reconoce que, aunque creció en una familia convencional, "padre y madre juntos, sin divorcios", escribe siempre desde ese territorio movedizo que se abre entre el amor y la culpa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario