miércoles, 23 de abril de 2014

lunes, 31 de marzo de 2014

Próxima reunión martes 1 abril de 2014 (18:00 horas)

El enredo de la bolsa y la vida 
de Eduardo Mendoza


   El anónimo detective protagonista de El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras, al que algunos quisieron llamar Ceferino, regresa a la acción. Corren tiempos de crisis. Contra su voluntad, es decir, movido por la amistad y sin un euro en el bolsillo, el peluquero vuelve a ejercer de insospechado sabueso en la Barcelona de hoy.
   Una nueva aventura para resolver un caso de repercusiones internacionales con la inestimable ayuda de un infalible equipo de investigadores: la adolescente Quesito, el timador profesional Pollo Morgan, el africano albino Kiwijuli Kakawa, más conocido como el Juli, la Moski, acordeonista callejera, el repartidor de pizza Manhelik y el señor Armengol, regente del restaurante Se vende perro.
   Eduardo Mendoza regresa con una sátira genial, como las que sólo él sabe hacer. En ella la fábula crea su propia verosimilitud, que es la del género policial, pero también la de la farsa convertida en una narración moral.

viernes, 28 de marzo de 2014

La Ciudad Condal


   Novelas "Todo Barcelona"
     

   Desde el Tibidabo de Zafón a la Catedral del Mar, pasando por la Gracia de Rodoreda y el Chino de Montalbán, algunos de las novelas de mayor éxito de los últimos años desarrollan sus historias dentro de la Ciudad Condal; es el caso de La ciudad sin tiempo, La clave Gaudí o La sombra del viento. Sin embargo, no son únicamente éstas las novelas que han querido situar a sus personajes en Barcelona. 
   Un buen ejemplo de ello lo encontramos en La gangrena, título con el que Mercedes Salisachs se alzó con el Premio Planeta en 1975. Tomando como punto de partida la vida cotidiana de la burguesía catalana, la autora efectúa un pormenorizado recorrido por la Barcelona de la Exposición Universal de 1929, la Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura franquista. 
   Asimismo, uno de los nombres más celebrados de la literatura catalana contemporánea, Mercè Rodoreda, comparte con esta autora la temática guerracivilista y las descripciones de la zona alta de la ciudad. Novelas como Aloma (1938), La plaça del Diamant (1962) o Mirall trencat (1974) constituyen una sobrecogedora radiografía de Barcelona.   
   Lejos de los hitos históricos, otros autores han optado por retratar Barcelona con una pátina más intrascendente y costumbrista. Entre este grupo de escritores se encuentra Juan Marsé, quien público en 1966 Últimas tardes con Teresa. Partiendo de la relación amorosa entre una joven burguesa y un muchacho de los bajos fondos de la Barcelona de los años 50. El mismo período es el que abarca el escritor Terenci Moix en El beso de Peter Pan (1988), un texto autobiográfico que glosa su adolescencia, ligada a la Ciutat Vella y el antiguo barrio chino barcelonés.

   Igualmente, habría que citar las obras de Manuel Vázquez Montalbán protagonizadas por el detective Pepe Carvalho. Pero no podría concluirse este recorrido sin dedicar algunas líneas a aquellas novelas recientes que han servido para recuperar el atractivo literario de Barcelona. La más exitosa e incombustible desde el punto de vista comercial, La sombra del viento (2001), de Carlos Ruiz Zafón, propone un impactante relato que tiene como escenario la Barcelona de principios del XX. La catedral del mar (2006), de Ildefonso Falcones en la que recrea el proceso de construcción de la iglesia de Santa Maria del Mar. Por su parte, La ciudad sin tiempo (2007), firmada con el pseudónimo Enrique Moriel, resume en primera persona la historia de la capital catalana desde la Edad Media, mientras que La clave Gaudí (2007), de Andreu Carranza y Esteban Martín, aplica algunos elementos de El Código da Vinci a las obras gaudinianas que se alzan en Barcelona.
    Estas novelas y otras tantas pueden constituir un excelente pretexto para acercarse al pasado y el presente de la capital catalana desde el universo de la ficción literaria. 

   
Sin embargo, la querencia de muchos escritores a situar sus tramas narrativas en la capital catalana surge varios siglos atrás.
En efecto, desde que Miguel de Cervantes convirtiese Barcelona (junto con el municipio toledano de El Toboso) en la única localidad mencionada en El Quijote, esta urbe mediterránea ha sido escenario de numerosas creaciones literarias, algunas de ellas consagradas como un verdadero éxito de crítica y público.   
   También con voluntad historicista el autor que ocupa el espacio del club, Eduardo Mendoza ha dedicado varias de sus obras a glosar la vida en la capital catalana. Así, dentro de su bibliografía se cuentan títulos como La ciudad de los prodigios (1986) , El misterio de la cripta embrujada (1978) o Mauricio o las elecciones primarias (2006). Mucho menos trascendente se revela Sin noticias de Gurb (1991), una delirante y divertida novela igualmente ambientada en la capital catalana y protagonizada por un extraterrestre.
   En Eduardo Mendoza (que es el novelista que más visiones de ha recreado) no es igual, por citar unas pocas, su Barcelona de La verdad sobre el caso Savolta, que la de La ciudad de los prodigios. Por siempre en  la obra de Mendoza van desfilando cada uno de los rostros del todo y mágico Barcelona.

El enredo de la bolsa y la vida

"Y yo qué sé"     

      El escritor catalán comenta que es un retrato instantáneo de lo que sucede en la actualidad. Por eso, define su obra como una "novela polaroid". En este caso, aparece el detective loco que ha protagonizado otros libros suyos. Esta vez, el protagonista recurre a una tropa de personajes, que como él, viven al margen de la sociedad. Los únicos con iniciativa: unos chinos que regentan un bazar.
   Cuarta entrega de su famosa y divertida serie literaria que arrancó en 1979 con El misterio de la cripta embrujada,
iniciando la serie "más desastrosa de la historia", pues ha regresado a este protagonista tres veces más en 40 años, con El laberinto de las aceitunas (1982) y La aventura del tocador de señoras (2001).
    En esta ocasión las andanzas de su personaje principal y sin nombre, ex interno de un manicomio, adicto a la Pepsi, ex delincuente reciclado a peluquero de señoras y detective ocasional, se centran en investigar la desaparición de un amigo que se ve envuelto en una trama de terrorismo internacional.
    La crisis planea en El enredo de la bolsa y la vida
   “Empezaba a escribir otra cosa y me salió esto. La idea me vino cuando pasaba por una callecita de Barcelona. Había un local con dos letreros. El primero decía: Centro de Yoga Jardín de la Perfecta Felicidad; en el segundo: Se traspasa. Eso es lo que está pasando”. Y lo que está pasando es: “Con la crisis hemos recuperado algo que no debimos olvidar, que este es un país pobre y cutre”.
   Esperpento, sátira, parodia, humor. “Yo diría que está entre la picaresca y el esperpento, dos géneros literarios exclusivamente nuestros”. “El humor es una apuesta arriesgada. El humor para distraerse no es sustitutivo de análisis serios ni de acciones radicales. Como ya me he reído, no hace falta que vaya a votar ni que me manifieste. No, no es eso”. “Lo que intento hacer es un retrato de un minuto que el realismo no me permite. La no reflexión es parte del juego”.
   El detective sin nombre es peluquero de señoras pero no tiene clientela. Junto a su local, hay un enorme bazar chino que regenta la familia Siau.
   La aventura se inicia cuando el detective busca a Rómulo el Guapo, compañero de manicomio, que ha desaparecido. Pero algo ha cambiado en la vida del loco. “Es el más marginal de los marginales, pero antes cuando salía del manicomio quería integrarse y ser aceptado, ahora no, lo da por perdido, por eso crea su propia sociedad. Sufre cierto desencanto que también puede ser el mío. Ahora ya no trabaja solo, se colectiviza”

   El detective  contrata a una tropa maravillosa: el Pollo Morgan, un antiguo timador que ahora trabaja de estatua viviente ; el Juli, un africano albino; la Moski, que perteneció a las juventudes estalinistas y que se gana la vida tocando el acordeón en los chiringuitos de la playa; Mahnelik, un repartidor de pizzas subcontratado por Moski; Armengol, el propietario del restaurante Se Vende Perro, donde se reúnen, y Quesito, una niña de 13 años, la única que tiene móvil, que sabe conducir y abrir puertas con una horquilla. Son entrañables y dan buen rollo.
    “El buen rollo es un concepto literario que no suele aparecer en la literatura, pero en El Quijote hay muy buen rollo y también en Dickens, que tiene esos personajes tan malos malísimos y esas mujeres tan perversas. El buen rollo es un valor literario”.
   Que nadie piense que esto puede ir en serio, porque es una patochada. “Si esta novela tuviera moraleja sería: "Y yo qué sé". "No hay ni un muerto en esta historia".“Llegas a una edad en que te das cuenta de que no hay que matar a nadie”.
   A Eduardo Mendoza no le molesta que sus novelas del detective sin nombre sean consideradas menores. “Son más fáciles de escribir y dan más dinero. La última novela que escribí con intención y ambición fue Mauricio o las elecciones primarias y está olvidada y marginada. Entonces pensé que me dedicaría a historias como las del loco”. Pero añadió la muy notable Riña de gatos. Madrid, 1936.
   Más de una vez ha pensado en dejar de escribir y dedicarse a otras cosas, dice Mendoza. “Pero mañana puedo pensar lo contrario. Pasé verdadero terror con El enredo de la bolsa y la vida. Tenía miedo de que saliera mal, de que le vieran las costuras y si esto sucedía con esta lo mismo les pasaría a las otras”.